(El mundo habitado por títeres del Lenguaje)
— Where
do we could come together, with this shitful, poor language, as the most
trustful embarcation, a phantom boat with more holes than wood?
— A
man is not an island, but almost. Isn’t it right, Robinson?
— If you say so, Ben.
— Extranjerismos.
— Está lejísimo, nomás, la
Realidad, un horizonte zurcido a golpes y parpadeos.
— La Realidad no
existe.
— En realidad,
existe como convención.
— Toda convención
es política.
— Política es la
disputa por la Realidad.
1.0 ¿En qué barrio se perdió la humanidad?
Hay una forma de contar el mundo que lo
delimita y lo restringe. Una forma que existe desde el poder y hacia el poder,
lo incrementa y lo refuerza. Nos hace sentir, creer, pensar, que sólo existe
una realidad, un mundo. Le da sentido, estructura ese mundo en una narración, lo cuenta. La historia es un instrumento y delinea lo que uno percibe como
Realidad.
Vivimos en un planeta y en una era de
apariencia de sentido y de conexión. Un sentido único (la visión de los
Conquistadores), una conexión cada vez más inmediata, más real. Es aparente
porque esa conexión se encuentra domesticada por eslabones, algoritmos,
discursos, informaciones falseadas que diseñan y delimitan el verdadero
contacto con la Otredad, lo absorben, lo hacen más “Real”.
Vivimos en una era de plástico, en la cual, a
una humanidad/mónada sin ventanas, se han añadido dispositivos de entrada —pero
no de salida—, artefactos que funcionan como cadenas, reforzando mecanismos de
dominio y de control, dando una sensación ilusoria de libertad, de posibilidad
de realización, de plenitud.
Nos obligan a comer platos premasticados, sin
posibilidad de rechazo y sin posibilidad de depuración, de filtrado propio, de
expresión.
Caminamos con la sola posibilidad de
compartir una noche fría, otoñal, sin posibilidad de
verdaderamente ingresar hacia el Otro lado.
1.1
Antiguamente, la religión y el arte se
disputaban la realidad. Hoy la religión ha cambiado su disfraz o ha
adoptado nuevos amos. Es el fascismo new age de la posesión,
de los Conquistadores. El arte, por otro lado, fue adoptando,
aceptando una correa, una forma asfixiante y asesina de horizontes plausibles,
diferentes.
Los voyants navegan hacia el
acopio de oro y el tráfico de esclavos para que el silencio haga brotar
—si somos buenos— de la disonancia de dos polos el resplandor del Lenguaje,
durmiendo la mona dentro de una verde botella, flotando en la nada hacia la Nada.
1.2.1
Hay otras formas de fabricar la realidad, de
“contar”—de vivir, más bien— la historia. Porque la realidad se fabrica. Una de ellas es la de la magia, la de la poesía.
La magia sirve para demostrarnos que se puede
vivir de otra manera, que existen otras realidades, más profundas, verdaderas.
Para ofrecernos ese camino se muestra, se enseña.
Hay que matar la historia, matar la
literatura, matar la religión, matar el arte. Hay que matar las formas que ha tomado la
historia para contarse. Se trata de restablecer la importancia de la forma como
elemento desestabilizador, desestructurante, de una realidad petrificada,
normalizada. Sustituir la poesía de álbum por la vida poética, porque la historia no
sólo se narra, también se impregna.
1.2.2
Pero el acto de aniquilar la
historia/literatura, el acto de empujar la piedra hacia una cima donde un ave
carnívora se morfa el hígado de un compañero, es un acto gastado, un acto que
se remonta prácticamente hasta el inicio de tan pútrido arte. Sin embargo, hay que hacerlo
una y otra vez.
Y otra vez.
Y otra vez, cayendo tenue la hojarasca,
las distintas capas de Realidad, como las medidas de un amor, un amor que
necesariamente debe contener la semilla del encuentro, un encuentro fugaz pero
sacrificial, cíclico, ritual. Somos árboles que van perdiendo sus hojas,
regalando nervaduras nutridas desde la raíz.
2.0
No se trata de realizar un trabajo excluyente
o elitista. Se trata de la revolución, siempre se trata de la Revolución. No de
una revolución estética o material, sino de una verdadera revolución que haga
saltar la rueda del mundo.
Nuestra lucha es la disputa por la
Conciencia, por la Realidad.
Percibir la construcción de Realidad, fluir,
formar parte de ella, empoderados, con una cierta nostalgia en los ojos. Con un
Lenguaje nuevo —lo más nuevo posible—, con aires de final de
odisea.
La vuelta a casa, el paraíso perdido.
La revolución consiste en perforar las
paredes y los espejos de esa cárcel que es el ego, y nada más. El paso afuera
es íntimo, la reunión es colectiva.
2.1
El ego aflora por resquicios peligrosos.
Luchar contra el fascista que todos llevamos dentro, luchar para no convertirse
en un fascista, incluso —y sobre todo— cuando se cree ser militante
revolucionario. El fascismo existe en todos nosotros, habita nuestro espíritu, está presente en la vida cotidiana. Nos hace amar el poder, desear
la misma cosa que nos domina y nos explota.
No pretender, no intentar ser —no querer ser—
el conductor de una revolución que será solitaria, en tanto y en cuanto
humanidad existimos como mónadas sin ventanas, porque no necesariamente tendrá conductor la revolución, aunque sí tendrá militantes, las hormigas picaparedes de siempre,
los vampiros que no encuentran reflejo en ninguna parte.
2.2
Fuera del lenguaje no hay nada, dijo un
vecino que pasaba. El lenguaje es otra pared.
El Lenguaje no es inocente, el lenguaje es
la pared en su forma más fina, construida por los
conquistadores.
Nuestra lucha es la disputa por la
Conciencia, por la Realidad. Por su construcción. Por el Lenguaje. Somos militantes de la paz y del Ser. La
escritura, una de nuestras herramientas. Militando (respirando), aprendimos que toda
escritura es ejercicio de escritura, un borrador de un texto fantasma que
verdaderamente vendrá a engullirse al mundo para arrojarlo hacia una realidad
multiplanar. La fantasía con la que se masturbaba Mallarmé como un horizonte
hacia el que camina el pueblo; el arquetipo, el ideal platónico, no como una
forma existente de la que todo proviene, sino como prisma hacia un devenir, una
corriente, un fluir constante.
3.0
Actualmente, el arte, la religión, sólo
narran —incluso las artes plásticas han seguido el camino hacia la Historia. Todo —sobre todo, la realidad hegemónica—
sigue una construcción narrativa. Hay en esto una exclusión consciente de la
forma que va más allá de lo formal, del modo de acomodar las palabras. Lo que
hace a la forma —un estilo— queda recluido casi a la pulcritud o al exceso, una
dicotomía aberrante.
No hay más intentos de aproximarse a la
disputa por la realidad mediante otro ramaje. La forma pierde su poder
corrosivo, no se ven obras que ejemplifiquen con el diseño del texto su propio
contenido.
3.1
En realidad, existen intentos —escasos,
verdes vidrios flotando en el océano.
Intentos de socavar una forma rígida y
rancia.
Intentos que sólo parecen quedar en intentos, pero algo nos empuja a intentar, algo —un
acercamiento político a la Realidad— que tiene relación con (el intento de) su
transformación. Para subvertir un lenguaje, el dominante,
normalizante, que impera como discurso hegemónico, pueden existir millares de
variaciones, arietes, flechas. El trabajo sobre la forma es una.
Son manotazos de ahogado —uno que antes
fue náufrago— esperanzado, que lanzó sus últimas palabras al océano, cuando
mecánico y fatigado dejó solo al cuerpo decidir autómata entre
la última brazada o descolgarse la botella vacía, esa que lo había acompañado a
lo largo del naufragio solitario, botella triste arrojada lejos, lejos de un
cuerpo pronto mordisqueado por los peces, a ver si alguien alcanza su contenido
sólido, hojas de palmera a las que un muerto garabateó con sangre una perra y
pérfida historia que agotó su voluntad, su cuerpo y su cordura.
La disputa por la realidad es un laberinto,
la salida no se ve. Aunque algo nos empuja a intentar desandar un camino
selvático. Somos lobos solitarios en la espesura, sin señales para
guiarnos. Salvajes deambulamos por ahí, sin máscaras ni disfraces, sin más
maestros que las sombras que han surcado el camino, huellas gastadas de
otros fulanos sobre pasillos de la jungla de plástico, entre ramas y
raíces gruesas de góndolas del Supermercado.
3.2
Pensar en la historia, en la literatura, en
la escritura, en la novela (como género y como herramienta de búsqueda).
No hay género dentro de la historia —perdón,
digo… de la literatura— que necesite más consideración y renovación sostenida
que la novela, escribe hace unos cuantos años Susan Sontag. La pasión por la
documentación de la experiencia, dice, convierte a la novela en la más abierta
de las formas artísticas, pudiendo acomodarse a cualquier nivel de lenguaje,
trama, idea o información. "Es la llave de su propia destrucción y la
posibilidad hacia algo nuevo." Aquí también hay que trabajar, empezar a
dar pequeñas batallas. Mucho barro, mucha piedra, mucha maleza que
reconocer, mucho territorio que disputar. Por ejemplo, las nociones de
psicología y de realismo.
3.2.1
La realidad no es lo inequívoco, en tanto y
en cuanto no existe realidad objetiva —“el mundo es mi representación, no
existe experiencia posible fuera del Yo”. No existen hechos, sólo interpretaciones. La
realidad como la conocemos es una imposición construida desde sectores
conservadores, los vencedores de la historia, los que siempre ostentan el
Poder, que sólo amplifican los canales y riegan las plantas de discursos,
ciencias o artes que lo sostengan, rindiendo pleitesía. Lo sabemos todos.
Sin embargo, hablar sobre realismo continúa siendo moneda corriente, y el
realismo (que es una de las máscaras de la ficción), se fue disfrazando —bajo
la forma de descripción pulcra y objetiva— de historia, de método científico.
3.2.2
En cuanto a la psicología, como herramienta
en algún momento fue más que valida, hizo su laburo. Hoy es obsoleta. Desde el
surgimiento de la psicología como ciencia, la novela, como género de la
historia, ha bebido de ella, en mayor o menor medida. Con el correr de los
años, la corriente realista/narrativa del discurso hegemónico fue obliterando
caminos abiertos que se intuían mediante la experimentación por esa vía, y la psicología, que se quiso revolucionaria, terminó reforzando el status quo, delimitando un cierto territorio
definido de acciones humanas posibles y sus causas y efectos, mediante fórmulas
mágicas y enunciaciones totalizadoras.
Habría que sustituir, como sugieren Deleuze y
Guattari, el lenguaje -psicoanalítico y anquilosante- del poder, por el de la
poética del esquizoanálisis, dar un paso al frente hacia la forma sin
contenido, facilitar, hacer de la Poesía un verdadero túnel hacia afuera. Es la
tarea de un militante revolucionario.
3.2.3
Hay que acabar tanto con el realismo como con
la psicología. Nuestra disputa es por la política de Realidad.
La literatura ha bebido de muchos cántaros.
Ha tomado, incluso, de los medios de masas ciertas formas (en las que impera el
contenido y no precisamente la forma, excluyendo la posibilidad firme de
disputa por la Realidad). Este paso, como el dado hacia la psicología, fue un acierto en su momento, pero ahora,
por el peso del tiempo y el camino recorrido, podemos decir
que es un camino cerrado, agotado. Por esta vía, la escritura se va alejando del
arte concebido como herramienta transformadora, al haber otras formas
artísticas más eficientes (e inmediatas) de utilizar el lenguaje del que ella
misma intenta apropiarse, como camaleón. La literatura toda, en realidad,
camina hacia la regresión, hacia la oralidad. Dylan ha ganado el premio Nobel.
Para muestra, un botón.
3.3
Nos acercamos al apocalíptico fin del libro
tal como lo conocemos. Qué alegría.
Todo arte es peligroso. Una obra de arte es
una aventura de la mente, una emancipación del espíritu. Hay que rechazar los
medios de la psicología narrativa clásica y proceder a utilizar otras armas
para perforar la pared, retazos fragmentados, “un respeto ilimitado a la
complejidad”.
Nuestra revolución es la Consciencia. Las
distintas formas de arte, a su modo, herramientas.
La herramienta novela se encuentra en su
adolescencia. Una larga adolescencia. Tiene un déficit hormonal que le impide
crecer, fantasmas varios tiran de sus pies. Para que alcance su mayoría de edad, para que
sobreviva, dice Sontag, habría que enfrentarse a todo tipo de cuestiones, entre
ellas la idea de progreso y la metáfora de la vanguardia, asumiendo que se
reducirá el público de la novela, al exigir el ancla de la clandestinidad,
mimeógrafos escondidos en el fondo del armario. La aceptación de extracción
de nuevos placeres y verdades en la ficción en prosa, el aprender a hacerlo.
4.0
Habrá que buscarle nuevas utilidades a la
escritura, si es que tiene que tener alguna —y si es que quedase alguna en
Objetos Perdidos—, o retomar caminos bellos y hoy ya casi olvidados, vencidos
por la dialéctica histórica, engullidos por la necesidad de narrar, caminos llenos de maleza hacia los que se aventuraron tantos héroes
solitarios y del que no regresó ninguno. Traducir una expresión seria, una producción
de realidad formal, a un texto absurdo. No pretender la originalidad, no confundir la
producción con la distribución. Sólo traficar ideas, señalar salidas del
laberinto, ir desde el Yo hacia el Otro.
4.1
El artista debería ser la tragedia del
espectador, el escritor la del lector. Una lectura esquizofrénica, multipolar,
rizómica, para abrazarlos a todos. Llevar los borradores de Ionesco hacia el
ventilador, hablar sin decir nada, para trascender perforar la pared,
reconociendo la banalidad, la ausencia de vida interior, como
una forma de aprehenderla, Vida, encorsetada por el ego domesticado del hombre.
Para trascender el ego y Ser, mostrar el
rostro del ego, la artificialidad del paraíso, del poder que disfraza nuestra
cárcel de reino. Nos veremos obligados a leer varias veces
para comprender, para sentirnos capaces de juzgar. Algo hace tiempo aceptado en
pintura, música, escultura.
Todo revolucionario moderno es un artista y
un esteta, y un autor que no enseñe como aproximarse a su obra, no enseña a
nadie. Un autor –en este caso un escritor- debe instruir a otros en la
producción, en primer término, y en segundo, poner a su disposición un aparato
mejorado.
4.2
¿Cómo? Haciendo del lector un camarada, un
compañero, un colaborador. Así se logra perforar la Realidad, sangrarla por el Tajo, siendo transgresor, yendo donde los demás no van, sabiendo lo que los demás no saben, para regresar, y compartir el Fuego. La revolución es una
disputa por el Lenguaje y por la Conciencia.
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