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lunes, 26 de abril de 2021

Homenajeando al gran Darío Gettino (194...-2021)

de pédants

diario popular del municipio de Río Seco

Año 301

edición especial. suplemento

« Homenajeando al gran Darío Gettino (194…-2021) »

 

En un nuevo aniversario del paso a la inmortalidad del cineasta y periodista, y gracias al auspicio de agua tónica Ceca-cor, traemos para los lectores la última entrevista realizada en vida al gran Darío Gettino, autor de obras tan disímiles (tanto en forma como en contenido) como « Suspiria », « Amarillo profundo »,  « Tenebrae », « Debo mentir » y « el diario de Darío ». 

La misma fue verbigracia (por acción u omisión) del sr. Jorge José « el Tuco» Ortíz, ex jugador de bochas de Sportivo San Vicente, perionista y gloria viviente de Río Seco. El célebre diálogo entre las dos potencias fue a la postre el último de Gettino antes de su regreso a las estrellas, ocurrido apenas una semana después de la grabación de la hoy mítica entrevista, a propósito de la reedición del libro del Tuco editado por el sello de Darío, en el año 298, « el Negro, terror de las Pampas », en el marco del programa televisivo « Agroz con leche : Fuga y misterio », de Canal 4 …………transcripto por Ñe’é.(pág. 13)

 

de pédants. Edición Especial. Suplemento. « Homenajeando al gran Darío Gettino (194…-2021)». Página 13

 

« Agroz con leche : Fuga y misterio », programa emitido el 29/04/2... en Canal Municipal Río Seco n °4. Transcripto por Ne’é.

 

(estática, inicia grabación, suena un tango que se va apagando lentamente)

 

(Darío Gettino) :- Bueno, Tuco. Ante todo, buenas tardes, compañero. ¿Cómo está usted y como está atravesando estos tiempos tan grises, casi aciagos ?

 

(Jorge José Ortíz) :- Mi estimado Darío, ¡camarada! ¡Buenas tardes ! Mirá, las vivo con cierto estupor, y…(¿por qué no ?) con diversión. Dicen les más viejes que a este íspa hay que refundarlo ; tiene que ver con la carta astral, cosas de horóscopo chino, investigaciones muy serias a cargo del örgano constitucional astrológico argentino (OCAA), fundado por Nicolás Avellaneda y olvidado por tantos compatriotas, pero todavía activo.

 

(D.G.) : - Estás presentando un nuevo libro… de cocina, según entiendo…

 

(J.O.) : - Nuevo, nuevo, no. En realidad, es una reedición del « Terror de las papas », con algún ingrediente nuevo. Por cierto, se editó en 29…

 

(D.G.) : - Tengo entendido que es un libro de cocina. ¿Es éste dato, al menos, cierto ?

 

(J.O.) : - Bueno, sí y no. Recordarás, compañero, que en los años de federalismo caudisushi pop del Carlo, como « agregado cultural » argenchino, tuve la oportunidad de aprehender las costumbres culinarias desarrolladas a lo ancho y a lo largo del largo patio de nuestra patria. Rosa Guarú, mi gran compañera y editora, me sugirió en aquel momento la idea de ir « contando », paso a paso, las recetas, desde la presentación de los ingredientes tanto en cantidad como en calidad de sustancia, hasta el devenir de los mismos en aquel acto mágico de explosión sensoperceptiva, un acto misterioso, familiar y sagrado, a la vez religión, ciencia y arte, combustible, cultura, en fin, comida.

(D.G.) : - En el libro, contemos para los que no saben, el Negro tiene una huerta y un perro negro que también se llama Negro, pero que a diferencia del Negro primero, como jardinero deja mucho que desear.

 

(J.O.) : - El Negro está en contra del monocultivo. En cada plato que serví o hice servir como agasajo a los líderes del mundo en el tiempo en que fui agregado, había un toque regional. Hice conocer la Argenchina a través de platos y bebidas, entradas y entremeses, costillas y chinchulines, empanadas y charqui, mazamorras, mbaipy, vino patero y cerezas patagónicas. Por eso y tantas otras cosas para mi el Carlo es un santo. Mirá, Darío, muchos viejos correligionarios recordarán el encuentro secreto entre el correntino Frondizi y el Che. ¡La importancia de llamarse Ernesto Guevara de la Serna ! Pero te aseguro que mucho más rico fue el encuentro entre Fidel y Carlo. Lo sé, cociné yo. Después de cenar, les tiré las cartas a los dos. Todavía estaba muy fresquita la herida postsovietica de aquella islita, algunos argentinos bien blancos de alma comenzaban a exportar la grasa de las capitales. Sobrevolaba sin nombrarse la idea de facilitar agentes para realizar tareas de inteligencia sobre ciertos exiliados cubanos. Lo cual estaba muy bien, si me preguntás. Eran servicios argenchinos que quedaron…a ver, digamoslo así « cesantes », luego del advenimiento de la democracia. Con ella llegaron el pan, las gasas y los libros, y también el Roquero riojano que había estado en la Tablada, que trajo el indulto, la ficha limpia a sola firma y la nueva oportunidad de trabajo. Mira qué eficiencia, Fidel, le decía su asesor. Fidel es Sagitario, ascendente en Aira, como Carlo y como Juando, el terror de los Papas.

 

(D.G.) : - Buenísimo. Bien amigos, ya lo oyeron. Próximamente en las mejores librerías.

 

(suena Fuga y misterio, de Ástor Piazzolla, se apagan las luces)

 

(voz en off) : - Tienen que seguir, faltan 20 minutos.

 

(D. G) : - Nos queda media hora, José. ¿Y ahora de qué hablamos ?

 

(se encienden las luces)

 

(J.O.) : - Podríamos hablar de la influencia de Dante y Joyce en Marechal, pero ¿para qué hablar de la barba…

 

(J. O. ríe, tose, toma un trago)

 

(J.O.) : - …de los santos, cuando podemos hablar de tantas otras cosas, con este vino sanjuanino. De la batalla de Caseros, por ejemplo, o sí querés hablamos de actualidad, de la futura intervención federal de la Ciudad.

 

(D.G.) : - ¿ Intervención federal ?

 

(D.G. finge sorpresa)

 

(J.O.) : - Según mi información…

 

(D.G y J.O.) : - Probablemente mala…

 

(J.O.) : - En estos días que pasaron hubo una reunión en Olivos entre el presidente y algunos gobernadores…

 

(D.G.) : - ¿Perionistas, filoperionistas ?

(J.O.) : - Te horrorizarías si te digo los nombres. Fue más bien transversal, si se entiende lo que digo. Un evento equiparable a una unción papal. Algo digno de Tolstói, según me cuentan.

 

(D. G.) : - Ah, ¿sí ?

 

(D. G. muestra, esta vez, un gesto de curiosidad genuina, un brillo infantil recorre sus ojos)

 

(D. G.) : - ¿Y cómo manejan el tema del Secreto en el sagrado acto del Voto ? ¿Con fumatas ?

 

(J.O.) : - No estás muy lejos, Darío. Hay programas de computación para todo… Comentan incluso que hubo fumata blanca y expresión complacida de todo el arco dirigente, radicales incluidos, pero que el oriundo del Yvymarae’ÿ perionista del norte argentino rechazó el honor, nominando a su hermano de los esteros correntinos, que es, como se sabe, de distinto color político. Una jugada inteligente, si me preguntás, incluso con profundidad histórica, con alguna raigambre, si se quiere.

 

(D.G.) : - Una verdadera bomba la que está tirando el Tuco Ortíz sobre el final del programa. Tuco, tenemos que vender. Hacemos una pausa y ya volvemos.

 

(las luces se atenúan, D. G. enciende un sahumo que inunda el estudio, suena Fuga y misterio, de Ástor Piazzolla, J.O. desaparece)

 


 

jueves, 11 de marzo de 2021

Protesta en Piazza Piazzolla






(fragmento de "MOՅIQUE", colaboración de Marcos Gunn para el proyecto rizómico de agenciamento colectivo "El Paraíso de las Delicias. Suiciudades")


I


Luego de volver, trayendo el futuro a bordo, salió a las calles.


Ocultó la nave en un barrio del suburbano de Buenos Aires, junto a un baldío y una iglesia pentecostal, disimulándola, haciendo correr el programa Función Mimesis dentro de Monique.


En pocos segundos se produjo una transmutación. La nave aparentaba ser un caserón antiguo, solapada entre dos naranjos.Sonrió satisfecho: nada tenía que envidiar a vecinos más añejos.


Pocas cosas habían cambiado. Nada en realidad, sólo él con el futuro a cuestas.


Encontró las mismas calles ásperas. Gente caminando (alguna incluso muerta), llena de raspones y magulladuras, ladrándose entre sí. Observó al tráfico abotonarse en un ombligo de país, que casualmente era también ombligo de ciudad.


El tráfico automotriz, el económico, el energético, el humano, siempre había pasado por el ombligo de la ciudad, nutriendo a los dos o tres parásitos de siempre. Ahora, reflexionó, simplemente se permitía una aceleración casi... proverbial, bíblica, que hacía recrudecer una miseria sobre la que flotaban los espejitos de colores de siempre; en el ambiente se respiraba la felicidad al sacar la esperanza de su cajita de cristal, para pasearla por las calles de La Ciudad, transmitiendo en directo para todo el país, por canales del Estado, pero también por emisión privada, así la gente sabría que la Esperanza estaba de vuelta y no tardarían en verla con sus propios ojos.


La Primavera Oficinista. Así habían llamado los analistas, mucho después, a lo que había pasado en aquellos años: muchas casas marcadas por el sol vueltas a pintar, calles llenas de maletines llenos de papeles llenos de nada, formularios.


Con la burocracia se cura, se come y se educa, decía un señor por esos días. Aparecían brotes verdes en el país arruinado, como tantos otros lugares donde se debatía la Permaguerra contra la Hegemonía, el Posmodernismo y el monstruo Leviatán. Él, venido del futuro, heraldo de la libertad, sabía bien cómo se venía barajando la cosa. Claro, con el diario de Marte.


Los brotes facilitarían la proliferación de un monte lleno de aceitunas verdes, pintadas de negro, listas para echar todo el aceite necesario al fuego de siempre.


Al pisar la vereda, lo primero que vio fue una marcha. Suspiró: todo parecía seguir hirviéndose a la temperatura de siempre. El guiso argenchino cociéndose con carpa.


El cocinero que no sirve, siempre revolviendo el estofado. Cada tanto mete la cuchara y avizoramos el abismo, la cocina ubicada en la última cabaña del fin del mundo, los comensales esperando, el incendio del poniente por fuera. Ritos nucleares de posguerra, mates revueltos por el miedo. La paranoia, la insulsez de saberse mordiendo el borde del cuadro. Destino de poriahú, cada vez quedaba menos guiso y los comensales seguían hambrientos, tanto como cuando se dejaron fotografiar en el infierno por LM.


Se disimuló entre la gente, siguiéndola para ver a dónde se dirigían. En una radio oyó desgajarse un violín.


La marcha iba hacia Piazza Piazzolla.


De los gloriosos años del Presidente, reconquistando Buenos Aires, había pasado un buen lustro. No se sabe quién ganó la batalla final, no han quedado registros en los anales de la historia. Enel Gran Incendio de la Biblioteca Nacional se habían perdido numerosas entradas témporo-espaciales, incluidas las de aquellos años tan extraños, aunque algunos sospechaban que los vencedores fueron los Metafísicos.




De cualquier manera, la idea de renombrar las calles de la ciudad había seguido un sendero cómodo entre la ortodoxia y la vanguardia. Así fue que, por ejemplo, se instauraría el día del Místico cada ocho de febrero, o se nombrarían recodos de La Ciudad bajo los apellidos de ilustres artistas que habían contribuido a enaltecer la bandera nacional, como la Piazza Piazzolla donde se escucha el Quinteto Electrónico todo el día, desde megáfonos escondidos dentro del bandoneón de la estatua de Ástor. ¡Eh! pero no se oye nada, por ejemplo, del Quinteto Nuevo Tango, lo cual es un verdadero garrón para cualquier piazzolliano, la obra de Ástor es una sola pero se ha cortado escuetamente con un comunicado. Es algo que según el Gobierno no nos representa. No se pueden sentir en la Piazzolla las cuatro estaciones porteñas, fíjate vos lo que te digo hermano, es algo jodido, el hilo sin aguja de lo argenchino, el pan al que no tiene dientes, pero esto no lo aguantamos más, no se puede vivir con esta depresión en el pecho, nosotros hemos crecido bajo la más estúpida tiranía, hemos nacido sin voz, hemos luchado por la libertad, más nunca hemos sabido lo que Libertad era; hemos vivido alrededor de tanta carne rancia, hemos puesto nuestra carne en el mantel, hemos crecido con muertos, zombis que a la noche buscaban comerse nuestro cerebro, ¿Usted sabe cómo es eso? Ahora pasamos las horas destrozando plazas corrompidas por el poder, como protesta, aunque algunos, es cierto, sólo vienen para levantarse minas; la mayoría sabe lo que es pegar carteles en las esquinas, meter aerosol a las corridas, mover la música, cambiar los paradigmas, hemos sido educados con odio, pero un día hemos salido a caminar y acá estamos.


Con esas palabras se entrometió el Otro.






( texto extraído de "El Paraíso de las Delicias. Suiciudades"; continúa en pág. 22)

jueves, 27 de febrero de 2020

Cuarteles de invierno, algunos apuntes




Caminando por las calles de Londres, escuchando a Clash. Así te imagino, aunque no creo que eso haya sido precisamente lo que has hecho. No veo a Londres como London Calling; pienso en Bowie, el Jesús de los suburbios. Hay historias de patos mordiendo a perros, largas historias detectivescas de las que no puedo desactivar un gen enrarecido que atribuyo a la sensación de inminente apocalipsis que carga toda mi generación. Me cuentan que la reina verdadera está en un barrio del suburbano, en silla de ruedas, con un cuervo en el hombro. Bastante loco.

Empezar a ver cierta “lógica” –entre comillas, por favor- en el entretejido de las cosas es esclarecedor pero excluyente; hay peligros de torres de marfil, castillos de ego que hay que evitar construir, o en todo caso que debe superar; en el camino del héroe está previsto todo esto; estudiar la caracterización de los textos, qué es lo que hace a un discurso un discurso profético -¿existen todavía o esa categoría fue engullida por discursos paranoides atomizados? , cuales son las marcas en el hilvanado de palabras que hacen que un discurso tenga determinadas características y no otras. ¿Para qué? Intentamos evitar el fascismo interior, la megalomanía, la locura. Aunque sabemos que esto no es lo más peligroso, de todas formas.

Casualmente, la locura colectiva parece ser siempre la más razonable. Después del desarrollo humano de fábricas de muertos, estilo Auschwitz o la ESMA, esto está fuera de discusión. Algo que pinta muy bien Soriano es el trazo tragicómico del ser argentino. Quedarse con la idea de puertas que se traspasan, de distintos escenarios esparcidos a lo largo de un teatro. No hablo sólo del tablado, del escenario propiamente dicho. El viaje del héroe es una suerte de movimiento, en cierto punto.

¿Por qué somos argentinos? Porque en nuestra infancia nos enseñaron a ser argentinos; aunque sea de forma tangencial vuelven determinados símbolos, a determinada hora; todos hemos sentido alguna vez el pulso de la Historia. Qué tentador este discurso unificador, qué perfecto hasta en los baches hechos por la memoria, fíjese, los que permiten enlazar, como una bruma, la utopía argentina. Sombra terrible de Facundo, etcétera.

Tengo planes musicales, para los cuarteles infernales, parafraseando a Calamaro leyendo a Soriano; me voy echando de menos, canta, a los amigos buenos, las pequeñas grandes cosas. Cuarteles de inverno tiene cierta forma de ir adentrándose en lo onírico, pienso en la escena del hospital, la salida del cadáver; el culto a la amistad especificando la cantidad de círculos que posee el infierno y el corolario de unos Dante y Virgilio muy particulares.

Virgilio como el amigo imaginario de Dante; ¿Rocha como el amigo imaginario de Galván?, vos sí que sos un pícaro, Georgie boy.

La sublimación a nivel simbólico a través de la pintura de determinados arquetipos es remarcable.

El gordo Soriano como legitimación de un discurso nuevo; la gente busca y lee el diario donde escribe Soriano, un escritor de literatura popular, menospreciada por el stablishment literario pero no por los ciudadanos de a pie. El escritor de ficciones como desarticulador de la ficción del poder estatal (y en su momento, quizás también del poder a secas). Soriano es un detective alucinando una Argentina delante de una máquina de escribir, Soriano dibujando la Argentina delante de su máquina de escribir.

Ciertamente algo de Soriano que se nota a primer vuelo es una relación íntima con la lengua popular y una intuición que podría asociarse a determinadas formas de valorar el talento. Creo que los hábitos en los escritores tienden a dejar ciertas marcas, porque tenemos cuerpos, en definitiva, porque esto que estamos haciendo y se llama escritura se transmite a lo largo de un cuerpo en primer lugar antes de siquiera tomar contacto con la pared blanda -es verdad: hay un paso previo y es la concepción del acto en la mente; ¿dónde ubicamos a la mente?-. En algunos escritores esta marca del cuerpo en la literatura es la miopía, en otros las huellas de la vida bohemia, el uso de diversos venenos, en otros el cigarrillo, o la música, la vida nocturna. Según la leyenda, Soriano escuchaba historias que le traían las lechuzas.

Pareciera conveniente siempre llevar la historia (una historia cualquiera, una protohistoria incluso) a escenarios definidos y maquetados, como pueblos o instituciones; se rescata muy bien la paranoia que circula por estas maquetas republicanas, al igual que la presencia del terrorismo de Estado.
El pensamiento del ejército invadiendo la cultura popular; la injerción en el terreno del boxeo es magistral; el sentido del humor a lo largo de la historia es muy fino y a la vez accesible en distintos niveles.

Pienso en Soriano y creo que me gustaría intentar asomarme un poco más a ese mundo; parece piola el muchacho. Amo la porción de Salgari que veo en sus ojos.

Creo en el amor a través del tiempo y la materia, creo que hay hilos inexplicables a lo largo de la historia que solo pueden sostenerse con un vínculo del tipo astral o algo por el estilo. Pasa que está mal desde todo punto de vista admitir ciertas cosas; un amor a destiempo tiene esas cosas, ¿pero no es el amor, acaso, eso que sucede fuera del tiempo?

¿Dónde está la idea de lo que es Argentina?, ¿En qué cajón de la mente se guarda?

Una especie de potencia remanente, una desmesura; es un hueco existencial, un significante (para) siempre vacío; la locura, el emerger de la conciencia, transformar el dolor en militancia. La inadaptación social, el cielo como bandera; pienso que a los argentinos nos han imbuido (quizás sin saberlo, pero con cierta intuición poética que es de lo mejor que tiene el espíritu humano) con un circuito peligroso para el sistema de opresión mundial, y que no es otro es el que tienen todos los pueblos (hablo de los pueblos, como colectivos históricos) de significarse a sí mismos, el de soñar, con la libertad, la justicia y la soberanía de todos los habitantes del planeta.

Hay un nuevo movimiento, un nuevo viejo movimiento que rescata la empatía, y que dice Yo es Otro. A los argentinos nos tocó la parte de la bandera, en la repartición de señas populares de un movimiento de liberación que abarcará a toda la raza humana, y que un día terminará con la percepción de etiquetas, fronteras y otras yerbas, reencauzando a la raza entera sobre la conciencia de estar habitando un planeta vivo, mayor que las hormigas que lo surcan.

Las ganas de compartir una locura, la periodicidad del movimiento, la interminable eternidad que supone un gesto diminuto. Lo estoy haciendo panfleto; estoy desecho, lleno de lágrimas. Entregué lo único sagrado que tenía en este altar a la Belleza; maldita suerte.

Cuando tenga la tierra suena hasta en Netflix, y eso que parece tan superfluo es algo importante; estamos parasitando el lenguaje. No sé si es así la historia, sé que hay dos historias que se cuentan, una por arriba, otra en lo profundo. Hay un nombre solitario que permanerá inabordable durante la eternidad; el precio de la poesía es el silencio. Es así, más que eso no podremos aprehender jamás.