Otra puerta que se cierra,
otro fin de la Historia,
así comenzaba el gran poema que Gregorio Marman escribió en la pared del manicomio. Lo sé, estuve ahí: fui el encargado de echar llave al otro lado. Entró por voluntad propia, esto quiero decirlo. Para que quede asentado. En la Cooperativa Macedoniana nos tomamos muy en serio estas cosas.
Los primeros días de Gregorio transcurrieron tranquilos; dos paredes y un vitral estilo colonial con vista al patio lo tranquilizaban. Lo que se dice un cable a Tierra, ayudaron a bajarlo. A todos nos hace falta de vez en cuando un poco de contacto, para no perdernos. Lo mejor para dejar de mirar un ombligo es dejar de mirar un ombligo, digamos.
Practicamos la terapia homeópatica, sencilla. Como el padre de la patria. Líneas ancestrales de la medicina, para oxigenar. Las paredes de este cuarto, que atestiguan el paso de Gregorio, hoy son un hecho artístico en sí mismo y parte de la terapia, como usted puede apreciar, ¿sr...?
Recuerdo que al sexto día, hablando con Miguel, preguntó si podía salir. Era de tarde y se acostó bajo aquel paraíso de allá, a conversar con los pájaros. Al rato estaba silbando. Hizo traerse un mbaraká para enriquecer su charla y así esa tarde se convirtió en muchas. La idea del lugar es un poco mostrar la luz, la Luz como una variante de la energía, ¿entiende?
Tardes y noches conversaron con Gregorio calandrias y zorzales, un jilguero solitario, algún mirlo. Venían a verlo desde muy lejos trayendo las historias que recogían de los árboles más lejanos del monte.
Se armó una casita en un parquecito entre sauzales, cerca del fondo de la Institución. Es un artesano, arregla instrumentos. Un luthier, con la sapiencia que traen el amor y el camino a lo largo de los años.
Entendió que acá trabajamos entre todos y se puso a enseñar a los que vinieron detrás de él. El lugar es grande, como puede ver, y hay lugar para todos.
No nos gusta pensar en el modelo del arca, si entiende de lo que hablo. La idea de este lugar es la sanación por medio del conocimiento. Todo aquí es a voluntad. Nos alimentamos de lo que nos da la Tierra, a la que respetamos y honramos con horas de trabajo bajo el sol, los que quieren, los que pueden, los que tienen voluntad. La cultura es una rueda, ¿sabe?
No intento venderle nada, usted es periodista, lo entiendo, hace su trabajo. Nosotros trabajamos con manifestaciones de energía. De todos los géneros tenemos telas: tenemos poetas, magos, músiques, bailarines, pintores, escultores, telarines, artesanes, urbanistas, madres, abuelas, historiadoras e historiadores de lo cíclico. El sol sale, el sol se esconde. Nosotros no percibimos que el Sol se mueva. Esto responde a los tiempos del Sol. El Sol se mueve más lento de lo que nosotros nos movemos alrededor de él, porque el Sol nos mueve con él. Gracias al Sol somos y tenemos conciencia. Son investigaciones serias. Sí, sr..., también tenemos investigadores.
Cuando dos líneas se cruzan, escribió Marman, forman una estructura. En un círculo está la noción de contenido; en el punto, la de concentración. Nótese que en un semicírculo se esconde la idea de receptividad, pero también la de la sensibilidad; aquí entran los sentidos. La línea impulsa, la flecha direcciona; en la línea hay movimiento. Escribía en un lenguaje muy viejo, Gregorio, con olor a estrellas, si me permite.
Disculpe, ¿me repite a qué se debe su visita?
La Literatura es básicamente un oficio peligroso, dijo Bolaño. Aquí estamos, sin timón y en el delirio.
Mostrando las entradas con la etiqueta despintando las paredes del ego. Mostrar todas las entradas
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martes, 27 de julio de 2021
Gregorio
jueves, 11 de abril de 2019
Hacia una realidad poética. Manifiesto Esquizofrénico
(El mundo habitado por títeres del Lenguaje)
— Where
do we could come together, with this shitful, poor language, as the most
trustful embarcation, a phantom boat with more holes than wood?
— A
man is not an island, but almost. Isn’t it right, Robinson?
— If you say so, Ben.
— Extranjerismos.
— Está lejísimo, nomás, la
Realidad, un horizonte zurcido a golpes y parpadeos.
— La Realidad no
existe.
— En realidad,
existe como convención.
— Toda convención
es política.
— Política es la
disputa por la Realidad.
1.0 ¿En qué barrio se perdió la humanidad?
Hay una forma de contar el mundo que lo
delimita y lo restringe. Una forma que existe desde el poder y hacia el poder,
lo incrementa y lo refuerza. Nos hace sentir, creer, pensar, que sólo existe
una realidad, un mundo. Le da sentido, estructura ese mundo en una narración, lo cuenta. La historia es un instrumento y delinea lo que uno percibe como
Realidad.
Vivimos en un planeta y en una era de
apariencia de sentido y de conexión. Un sentido único (la visión de los
Conquistadores), una conexión cada vez más inmediata, más real. Es aparente
porque esa conexión se encuentra domesticada por eslabones, algoritmos,
discursos, informaciones falseadas que diseñan y delimitan el verdadero
contacto con la Otredad, lo absorben, lo hacen más “Real”.
Vivimos en una era de plástico, en la cual, a
una humanidad/mónada sin ventanas, se han añadido dispositivos de entrada —pero
no de salida—, artefactos que funcionan como cadenas, reforzando mecanismos de
dominio y de control, dando una sensación ilusoria de libertad, de posibilidad
de realización, de plenitud.
Nos obligan a comer platos premasticados, sin
posibilidad de rechazo y sin posibilidad de depuración, de filtrado propio, de
expresión.
Caminamos con la sola posibilidad de
compartir una noche fría, otoñal, sin posibilidad de
verdaderamente ingresar hacia el Otro lado.
1.1
Antiguamente, la religión y el arte se
disputaban la realidad. Hoy la religión ha cambiado su disfraz o ha
adoptado nuevos amos. Es el fascismo new age de la posesión,
de los Conquistadores. El arte, por otro lado, fue adoptando,
aceptando una correa, una forma asfixiante y asesina de horizontes plausibles,
diferentes.
Los voyants navegan hacia el
acopio de oro y el tráfico de esclavos para que el silencio haga brotar
—si somos buenos— de la disonancia de dos polos el resplandor del Lenguaje,
durmiendo la mona dentro de una verde botella, flotando en la nada hacia la Nada.
1.2.1
Hay otras formas de fabricar la realidad, de
“contar”—de vivir, más bien— la historia. Porque la realidad se fabrica. Una de ellas es la de la magia, la de la poesía.
La magia sirve para demostrarnos que se puede
vivir de otra manera, que existen otras realidades, más profundas, verdaderas.
Para ofrecernos ese camino se muestra, se enseña.
Hay que matar la historia, matar la
literatura, matar la religión, matar el arte. Hay que matar las formas que ha tomado la
historia para contarse. Se trata de restablecer la importancia de la forma como
elemento desestabilizador, desestructurante, de una realidad petrificada,
normalizada. Sustituir la poesía de álbum por la vida poética, porque la historia no
sólo se narra, también se impregna.
1.2.2
Pero el acto de aniquilar la
historia/literatura, el acto de empujar la piedra hacia una cima donde un ave
carnívora se morfa el hígado de un compañero, es un acto gastado, un acto que
se remonta prácticamente hasta el inicio de tan pútrido arte. Sin embargo, hay que hacerlo
una y otra vez.
Y otra vez.
Y otra vez, cayendo tenue la hojarasca,
las distintas capas de Realidad, como las medidas de un amor, un amor que
necesariamente debe contener la semilla del encuentro, un encuentro fugaz pero
sacrificial, cíclico, ritual. Somos árboles que van perdiendo sus hojas,
regalando nervaduras nutridas desde la raíz.
2.0
No se trata de realizar un trabajo excluyente
o elitista. Se trata de la revolución, siempre se trata de la Revolución. No de
una revolución estética o material, sino de una verdadera revolución que haga
saltar la rueda del mundo.
Nuestra lucha es la disputa por la
Conciencia, por la Realidad.
Percibir la construcción de Realidad, fluir,
formar parte de ella, empoderados, con una cierta nostalgia en los ojos. Con un
Lenguaje nuevo —lo más nuevo posible—, con aires de final de
odisea.
La vuelta a casa, el paraíso perdido.
La revolución consiste en perforar las
paredes y los espejos de esa cárcel que es el ego, y nada más. El paso afuera
es íntimo, la reunión es colectiva.
2.1
El ego aflora por resquicios peligrosos.
Luchar contra el fascista que todos llevamos dentro, luchar para no convertirse
en un fascista, incluso —y sobre todo— cuando se cree ser militante
revolucionario. El fascismo existe en todos nosotros, habita nuestro espíritu, está presente en la vida cotidiana. Nos hace amar el poder, desear
la misma cosa que nos domina y nos explota.
No pretender, no intentar ser —no querer ser—
el conductor de una revolución que será solitaria, en tanto y en cuanto
humanidad existimos como mónadas sin ventanas, porque no necesariamente tendrá conductor la revolución, aunque sí tendrá militantes, las hormigas picaparedes de siempre,
los vampiros que no encuentran reflejo en ninguna parte.
2.2
Fuera del lenguaje no hay nada, dijo un
vecino que pasaba. El lenguaje es otra pared.
El Lenguaje no es inocente, el lenguaje es
la pared en su forma más fina, construida por los
conquistadores.
Nuestra lucha es la disputa por la
Conciencia, por la Realidad. Por su construcción. Por el Lenguaje. Somos militantes de la paz y del Ser. La
escritura, una de nuestras herramientas. Militando (respirando), aprendimos que toda
escritura es ejercicio de escritura, un borrador de un texto fantasma que
verdaderamente vendrá a engullirse al mundo para arrojarlo hacia una realidad
multiplanar. La fantasía con la que se masturbaba Mallarmé como un horizonte
hacia el que camina el pueblo; el arquetipo, el ideal platónico, no como una
forma existente de la que todo proviene, sino como prisma hacia un devenir, una
corriente, un fluir constante.
3.0
Actualmente, el arte, la religión, sólo
narran —incluso las artes plásticas han seguido el camino hacia la Historia. Todo —sobre todo, la realidad hegemónica—
sigue una construcción narrativa. Hay en esto una exclusión consciente de la
forma que va más allá de lo formal, del modo de acomodar las palabras. Lo que
hace a la forma —un estilo— queda recluido casi a la pulcritud o al exceso, una
dicotomía aberrante.
No hay más intentos de aproximarse a la
disputa por la realidad mediante otro ramaje. La forma pierde su poder
corrosivo, no se ven obras que ejemplifiquen con el diseño del texto su propio
contenido.
3.1
En realidad, existen intentos —escasos,
verdes vidrios flotando en el océano.
Intentos de socavar una forma rígida y
rancia.
Intentos que sólo parecen quedar en intentos, pero algo nos empuja a intentar, algo —un
acercamiento político a la Realidad— que tiene relación con (el intento de) su
transformación. Para subvertir un lenguaje, el dominante,
normalizante, que impera como discurso hegemónico, pueden existir millares de
variaciones, arietes, flechas. El trabajo sobre la forma es una.
Son manotazos de ahogado —uno que antes
fue náufrago— esperanzado, que lanzó sus últimas palabras al océano, cuando
mecánico y fatigado dejó solo al cuerpo decidir autómata entre
la última brazada o descolgarse la botella vacía, esa que lo había acompañado a
lo largo del naufragio solitario, botella triste arrojada lejos, lejos de un
cuerpo pronto mordisqueado por los peces, a ver si alguien alcanza su contenido
sólido, hojas de palmera a las que un muerto garabateó con sangre una perra y
pérfida historia que agotó su voluntad, su cuerpo y su cordura.
La disputa por la realidad es un laberinto,
la salida no se ve. Aunque algo nos empuja a intentar desandar un camino
selvático. Somos lobos solitarios en la espesura, sin señales para
guiarnos. Salvajes deambulamos por ahí, sin máscaras ni disfraces, sin más
maestros que las sombras que han surcado el camino, huellas gastadas de
otros fulanos sobre pasillos de la jungla de plástico, entre ramas y
raíces gruesas de góndolas del Supermercado.
3.2
Pensar en la historia, en la literatura, en
la escritura, en la novela (como género y como herramienta de búsqueda).
No hay género dentro de la historia —perdón,
digo… de la literatura— que necesite más consideración y renovación sostenida
que la novela, escribe hace unos cuantos años Susan Sontag. La pasión por la
documentación de la experiencia, dice, convierte a la novela en la más abierta
de las formas artísticas, pudiendo acomodarse a cualquier nivel de lenguaje,
trama, idea o información. "Es la llave de su propia destrucción y la
posibilidad hacia algo nuevo." Aquí también hay que trabajar, empezar a
dar pequeñas batallas. Mucho barro, mucha piedra, mucha maleza que
reconocer, mucho territorio que disputar. Por ejemplo, las nociones de
psicología y de realismo.
3.2.1
La realidad no es lo inequívoco, en tanto y
en cuanto no existe realidad objetiva —“el mundo es mi representación, no
existe experiencia posible fuera del Yo”. No existen hechos, sólo interpretaciones. La
realidad como la conocemos es una imposición construida desde sectores
conservadores, los vencedores de la historia, los que siempre ostentan el
Poder, que sólo amplifican los canales y riegan las plantas de discursos,
ciencias o artes que lo sostengan, rindiendo pleitesía. Lo sabemos todos.
Sin embargo, hablar sobre realismo continúa siendo moneda corriente, y el
realismo (que es una de las máscaras de la ficción), se fue disfrazando —bajo
la forma de descripción pulcra y objetiva— de historia, de método científico.
3.2.2
En cuanto a la psicología, como herramienta
en algún momento fue más que valida, hizo su laburo. Hoy es obsoleta. Desde el
surgimiento de la psicología como ciencia, la novela, como género de la
historia, ha bebido de ella, en mayor o menor medida. Con el correr de los
años, la corriente realista/narrativa del discurso hegemónico fue obliterando
caminos abiertos que se intuían mediante la experimentación por esa vía, y la psicología, que se quiso revolucionaria, terminó reforzando el status quo, delimitando un cierto territorio
definido de acciones humanas posibles y sus causas y efectos, mediante fórmulas
mágicas y enunciaciones totalizadoras.
Habría que sustituir, como sugieren Deleuze y
Guattari, el lenguaje -psicoanalítico y anquilosante- del poder, por el de la
poética del esquizoanálisis, dar un paso al frente hacia la forma sin
contenido, facilitar, hacer de la Poesía un verdadero túnel hacia afuera. Es la
tarea de un militante revolucionario.
3.2.3
Hay que acabar tanto con el realismo como con
la psicología. Nuestra disputa es por la política de Realidad.
La literatura ha bebido de muchos cántaros.
Ha tomado, incluso, de los medios de masas ciertas formas (en las que impera el
contenido y no precisamente la forma, excluyendo la posibilidad firme de
disputa por la Realidad). Este paso, como el dado hacia la psicología, fue un acierto en su momento, pero ahora,
por el peso del tiempo y el camino recorrido, podemos decir
que es un camino cerrado, agotado. Por esta vía, la escritura se va alejando del
arte concebido como herramienta transformadora, al haber otras formas
artísticas más eficientes (e inmediatas) de utilizar el lenguaje del que ella
misma intenta apropiarse, como camaleón. La literatura toda, en realidad,
camina hacia la regresión, hacia la oralidad. Dylan ha ganado el premio Nobel.
Para muestra, un botón.
3.3
Nos acercamos al apocalíptico fin del libro
tal como lo conocemos. Qué alegría.
Todo arte es peligroso. Una obra de arte es
una aventura de la mente, una emancipación del espíritu. Hay que rechazar los
medios de la psicología narrativa clásica y proceder a utilizar otras armas
para perforar la pared, retazos fragmentados, “un respeto ilimitado a la
complejidad”.
Nuestra revolución es la Consciencia. Las
distintas formas de arte, a su modo, herramientas.
La herramienta novela se encuentra en su
adolescencia. Una larga adolescencia. Tiene un déficit hormonal que le impide
crecer, fantasmas varios tiran de sus pies. Para que alcance su mayoría de edad, para que
sobreviva, dice Sontag, habría que enfrentarse a todo tipo de cuestiones, entre
ellas la idea de progreso y la metáfora de la vanguardia, asumiendo que se
reducirá el público de la novela, al exigir el ancla de la clandestinidad,
mimeógrafos escondidos en el fondo del armario. La aceptación de extracción
de nuevos placeres y verdades en la ficción en prosa, el aprender a hacerlo.
4.0
Habrá que buscarle nuevas utilidades a la
escritura, si es que tiene que tener alguna —y si es que quedase alguna en
Objetos Perdidos—, o retomar caminos bellos y hoy ya casi olvidados, vencidos
por la dialéctica histórica, engullidos por la necesidad de narrar, caminos llenos de maleza hacia los que se aventuraron tantos héroes
solitarios y del que no regresó ninguno. Traducir una expresión seria, una producción
de realidad formal, a un texto absurdo. No pretender la originalidad, no confundir la
producción con la distribución. Sólo traficar ideas, señalar salidas del
laberinto, ir desde el Yo hacia el Otro.
4.1
El artista debería ser la tragedia del
espectador, el escritor la del lector. Una lectura esquizofrénica, multipolar,
rizómica, para abrazarlos a todos. Llevar los borradores de Ionesco hacia el
ventilador, hablar sin decir nada, para trascender perforar la pared,
reconociendo la banalidad, la ausencia de vida interior, como
una forma de aprehenderla, Vida, encorsetada por el ego domesticado del hombre.
Para trascender el ego y Ser, mostrar el
rostro del ego, la artificialidad del paraíso, del poder que disfraza nuestra
cárcel de reino. Nos veremos obligados a leer varias veces
para comprender, para sentirnos capaces de juzgar. Algo hace tiempo aceptado en
pintura, música, escultura.
Todo revolucionario moderno es un artista y
un esteta, y un autor que no enseñe como aproximarse a su obra, no enseña a
nadie. Un autor –en este caso un escritor- debe instruir a otros en la
producción, en primer término, y en segundo, poner a su disposición un aparato
mejorado.
4.2
¿Cómo? Haciendo del lector un camarada, un
compañero, un colaborador. Así se logra perforar la Realidad, sangrarla por el Tajo, siendo transgresor, yendo donde los demás no van, sabiendo lo que los demás no saben, para regresar, y compartir el Fuego. La revolución es una
disputa por el Lenguaje y por la Conciencia.
jueves, 11 de octubre de 2018
Conversación cualquiera en el colectivo. Pajaritos, alegres muchachitos.
por la Oruga González
— Veo venir la última parada del bondi. Por lo
menos, la última para mí —dijo.
— ¿Qué
decís? —replicó.
— Y
vos ahí, unos cuantos asientos atrás, subiste tarde. Como siempre, tarde a
todos lados —continuó su perorata.
— No
entiendo, te ponés a delirar de nada. Estábamos tan bien, dentro de todo —se
quejó, impaciente y nervioso.
— Dejame
un rato. No sé cómo explicarlo, como ponerle palabras. Por eso colectivos.
Siento que estuve en la calle, esperando. Desde siempre, hasta que llegó. Pero
llegó porque esperaba. Cuando estuve arriba, ahí arriba. Lo primero que hice
fue esperar, mirar. Por la ventanilla, mirando la calle. A ustedes, mirando con
ojos, con ansias de compañía, mientras el colectivito de cuarta se movía por
las calles. Hasta que se te cruzaron los cables a vos también y decidiste
subir.
— No
sé por qué tanta alharaca por nada, realmente —se queja, todavía más, el Otro— Por seguirte un poco el juego, te
contesto… ¿quién sabe por qué no sube uno antes? Yo no lo sé, es así. Cada uno
ve el bondi que vos nombrás (con tu manía de bautizar de alguna forma todo)
cuando lo tiene que ver, cada uno se sube cuando tiene que subir, si no sube antes es porque no es momento. En cierto modo, me sacaste una venda. En algún punto de
tu recorrido, entre comillas. Tu ansia de interlocutores tuvo que esperar,
entonces. Esperar que vos aparecieras —le contestó.
Se sonrieron los dos.
— Pero
yo nunca quise el traje que me ponen, que hasta vos me ponés, sin darte cuenta. Soy
libertad. Soy libre. Querría compartir alegría, una cosmovisión, una grieta por
la que se ingresa al otro terreno. Veo que todo dura un instante, lo siento
adentro. Siento venir el final del mío.
— Fijate
encima que hablamos de esto, de cosas, de nada. No se puede materializar lo que
nos pasa, lo que estamos viviendo, cómo lo estamos viviendo ¿Es una adivinanza,
el viaje, el pelotudo colectivo? Mirá
que agarro vuelo con estupideces patafísicas de esta estirpe. El viaje comienza
antes y termina antes para el que sube antes, si es que creemos que cada uno se
baja donde se tiene que bajar. Al final, parece el mismo lugar para todos. Algo
hay que devolver gastado, supongo. Te tocará la cruz de haber subido. Veo el
alma y veo el cambio. Lo veo en los ojos, en las formas. No puedo parar el
tiempo y por eso este tímido pedido de disculpas. Cada uno cargará con la cruz
que lleve su justa medida.
— Qué
mundo de mierda. El humor un poco frío que recorre las venas de la ciudad,
exactamente como un pedido de disculpas, como manto de piedad. Al lumpanaje con
casualidades… ¡Nada que ver, no habrá flores en la tumba del pasado! —se rió,
porque no existe la literatura seria— ¿Disculpas por qué, a quién? La
naturaleza (y la del hombre, minúsculo granito en un todo amorfo) siempre
cumple, cierra y abre su infinito círculo. Nace, crece, se reproduce, muere.
Todo está dicho... ¿disculpas para qué?, si todo existe dentro del ciclo. La naturaleza del
hombre es el cultivo, la cultura. Hay cosas sabias con ese tipo… dios, que imprime
la marca, el inconsciente colectivo. El gregarismo es por excelencia el
espíritu humano. El ciclo de la vida se repite en menor o en mayor escala, desde la química inorgánica para adelante, todo busca aglomerarse. Hasta la
ciudad es un ser viviente, todas tuvieron nacimiento, todas crecen, de forma
exponencial, conforme pasan los años, los jugadores, las décadas, los siglos, los
milenios. Iba a decir pero, pero me retracto y digo y porque es una
consecuencia del surco que vengo haciendo. Y por debajo, por detrás, otra rama
va tomando forma. Se va constituyendo una olla a presión. Tantas fuerzas
cohabitando la misma geografía, tanta pasión y sangre y calor, todo eso combustiona,
permite que un pueblo crezca, pero mientras sigue creciendo, la presión aumenta. En las
calles, en cada rincón, en cada baldío, camina en barrios suburbanos, en departamentos
junto al río, en viviendas del Estado. En todos lados, la presión aumenta.
Naturalmente, estalla. Es un grano, una pústula que sale a la luz, dejando ver el
podrido contenido, la fermentada Revolución, algo que va creciendo en sentido
contrario, antimateria, fuerza contraria. Es inevitable que surja porque tiene
que tomar su lugar en el ciclo. Victoria, guerra, hambre. Y muerte.
Revolución. El mundo es mi representación —siguió.
— La
revolución también. El inconsciente colectivo es interesante algunas veces.
Pensar en las imágenes.
— En
toda escala, el ciclo es muy interesante. Con lupa, microscopio o a simple
vista. En la mente si hay introspección. Fuera de uno, analizando la economía,
la política. Con cosas de todos los días, nada más hay que pasear por los barrios.
Las revoluciones avanzan conforme crecen los pueblos, incluso el que habita esta ciudad. Va
fistulizándose, abriéndose paso, la fetidez. Sin barreras, porque no existe ni
existirá jamás algo que vaya contra la naturaleza. Detrás o delante del círculo
no hay nada. El hombre debe aprender a vivir con su rancia conciencia, manteniéndola a raya, hasta finalmente caer, también él, en el ciclo simbólico, y mansamente bajo las redes apagarse, para siempre. ¿Disculpas? Al hombre y la
naturaleza, por no aceptarnos, y al no aceptarnos, no permitir cambiarnos. El
secreto es la pelea arreglada. Hay que ceder. El hombre debe marchar hacia
adelante, debemos dejarnos transfigurar. No quiero tus disculpas —terminó por
fin.
— Cada
loco con su tema. Qué frío, qué fresca bruma cruza las calles y la plaza. Y
entre las calles y la plaza, la gente ausente o con máscaras en vez de rostros.
Cada vez son menos los de las máscaras. Pero tal vez sean más los ausentes.
Espero hayan ido en la búsqueda de la flor azul tan nombrada.
— Permiso, tengo que bajar. Es mi parada.
Permiso, permiso.
jueves, 2 de agosto de 2018
Caso Artaud: Nuevas perspectivas
por Juan Milton
I.
Es absurdamente triste
vivir en esta época, donde nada queda ya por inventar y los silencios tienen
más valor que las palabras, que parecen zurcidas a la lengua, en un burdo
intento de no estropear momentos coreografiados para la maqueta en la cual
vivimos.
Hace bien tanto como
hace mal.
Entonces descubrís dos
lados de la palabra: tan chata, tan plana, bidimensional, para contar algo que
abarca todo un cosmos, y a la vez, tan necesaria para hacerlo, para pensar el
mundo, para relacionarnos con él y en él.
Surgirá la pregunta en
los labios —más bien ya lo hizo y estos labios y estos dedos y esta tinta
intentan recrearla, reflotarla porque vale la pena plantearse una vez más y anotarse
en la lista de espera para golpearse la cabeza ininterrumpidamente contra una
invisible pared, a ver si en algún momento de la historia logramos terminar con
ella, con la pared (y con la historia también, ya que estamos), reducirla a
polvo, molerla hasta que el viento o como se llame (touché) sin palabras, la sople sobre una tierra virgen de
significado—. Mejor dicho, surgirá la arcaica pregunta en algunos labios
sensibles: ¿Qué hacer, cómo tomar contacto con la verdadera realidad, a la que
no llegan las palabras, si no es por la palabra misma? ¿Qué caminos hay por
andar?
Antoja pensar en el
viaje, irremediablemente solitario (y sin retorno), y en la condena a la
soledad, a la incomprensión. Es imposible volver tras los pasos como un moderno
Prometeo y regalar el fuego a los hermanos. Es imposible volver curado de
pasado, de presente y de futuro desde ese otro lado. Imposible, im-po-si-ble.
En todo caso, si no fuese
imposible, se vuelve todavía imposible la transmisión: modular, en forma de
palabras, gestos, o cualquier herramienta de comunicación, aquella vieja visión
de paraíso.
Es por este pensamiento
articulado por el que sé que es un viaje de ida del que estoy muy lejos.
Es por este pensamiento
articulado por el que sé que me encuentro en franca anhedonia, por que los
verdaderos sentimientos, lo que es real, está allá, del otro lado, tapado por
la pared, y esto que está acá, este corazón, es sólo ilusión, un pequeño esbozo
de lo que espera.
Sé que estoy acá porque
no he llegado, porque no he partido o quizás he partido pero estoy ahí nomás de
la salida, porque no sé buscar. Quizás no hay que buscar, porque no es un viaje
y es algo que se encuentra solo, un interruptor que hace clic en algún momento
del camino, de la vida, de los pensamientos. La mente quedará en blanco, el sol
dejará de llamarse sol y el cielo, cielo. Pero el sol será infinitamente más
Sol que antes, y el cielo, infinitamente más Cielo que antes.
Surge el impulso de
buscar indicios, pistas, trazos de esa otra realidad. Movido por el fuego — ¿heredado
de Prometeo? —, tan propio de mi raza, de mi humanidad, voy caminando sin
rumbo, trazando la misma hipérbole por la que han caminado ya otros fulanos, dibujando
sobre el aire un garabato que siento original, pero que está tan gastado, tan
remendado en su intangibilidad (y a la vez es tan mío que lo hice con pedazos
de mi alma, que duele la tinta mientras se forma en el aire).
Este garabato es
camino, es viaje, es indicio y pista, pero nunca llegada, nunca solución de La pena existencial. Pienso en la locura,
en la incapacidad de comunicar, en esa libertad tan dolorosa. Surge el miedo
del error de cálculo, y qué tal si…
Pero no, mejor no
pensar consecuencias funestas e imaginarnos regresando con toda pompa como
profetas en propia tierra.
II.
Entre cuatro paredes
blancas estoy, pensando, vestido todo de blanco, pensando. Con dos manos (parecen las mías…) tan limpias y
blancas, pensando. No sé por qué estoy descalzo, pero adoro la arena húmeda
entre los dedos, el sonido a mar detrás de los granitos mojados de arena
salada, el sol tan cerca de los ojos (parecen
los míos…), el cielo tan cerca del suelo. Todo parece una tela, un pañuelo que puedo
quitar de un manotazo y lo que está detrás está tan al alcance de la mano, pero…
después de un parpadeo, ya no hay arena: estoy preso tras los ojos (¿éstos son mis ojos?), entre cuatro paredes blancas mi yo pensando, todo
blanco, tan blanco.
Trato de gritar: no
sale la voz; parece amputada, cortada de raíz. No sé dónde estoy, cómo llegué
aquí. Entonces sonrío de miedo, horrorizado viendo a la gente pasar a mi lado,
tan blanca. Me muevo, o me mueven.
El enfermero (porque sé que es un enfermero), devuelve
condescendiente la sonrisa que le arrojo, mientras balbucea noséquérreferenciaaunprocedimiento y me
lleva, porque ahora estoy seguro que me lleva, a una habitación ya no tan
blanca, ya no apacible. Definitivamente sin mar, sin arena, sin cielo. Sin sol.
Me mueven otra vez, me
recuestan; parece una cama, pero es tan
incómoda… No sé por qué me atan, no sé por qué los cables en mi cabeza. No sé
por qué.
III.
Los relojes de Dalí:
fiel representación del tiempo,
la eternidad circular de Nietzche
en el minutero
de relojes de bolsillo
vuela un pato
escapando
de tu pulóver
¿Cómo despegarse,
cómo salir del circuito?
¿Cómo detener
algo que no existe
pero corre en la muñeca?
Novela interminable,
la vida.
Y un pato
volando
escapando
de tu pulóver.miércoles, 25 de julio de 2018
A través del espejo
por Gregorio Marman
A veces lo único que espero –si es que espero-, lo único que albergo –si es que albergo-, y espero que vos también (y esto es una doble esperanza entonces), es la hipócrita verde esperanza de un comienzo nuevo y fresco. Dicen mil rocanroles por los satélites que es hipócrita porque no hay ni habrá ni hubo nuevo ni fresco ni comienzo y lo que en realidad espero es retomar el hilo del laberinto donde lo dejamos (y espero que vos también, espero que vos también). Pero son vanas esperanzas, invisibles, ya no verdes, sin color, que se esfuman en el instante en que se termina la duermevela y torpe camino rutina lavabo saluda cara de mentira. Bautizar con agua el día, se sabe.
Y sé que es una esperanza banal, chiquitita, mi paréntesis, porque de mí no dejé nada en sus ojos, un paréntesis, una mosca, un pelo en la sopa, una sensación extraña que quedó ahí.
¡Ah! Cómo envidio su libertad libertina libertad, cómo quisiera dejar este bello ancla lejos, lejos, lejos del fondo del mar, poder escindir, o al menos izar, apagar las luces que iluminan un camino y un piolín que todavía (y aún cortado) está esperando, ¡todavía está esperando!, sin esclavitud, sin deberle nada al Tiempo espera lejos y sordo, cebándole mates a Cronos al costado de todo ¡Todavía está esperando! Aunque no quiera, aunque estos ojos no vigilen, aunque nada exista ya en este mundo, secretamente espera, hipócrita, la doble verde esperanza.
Así vivo en el instante de la duermevela y me he vuelto guardián -¿Quién me nombró Guardián De Lo Que No Existe?-, críptico, decrépito y lagañoso guardia de los borradores en el cesto de basura, estudioso de la pictografía, geógrafo, cartógrafo aficionado de las sombras de la plaza a altas horas (¿ha haltas oras?), delirio de fósforos pelados y muertos, de pasto sin cabello, de picaduras de insectos varios.
Te cura o te mata... ¡Banzai! Seppuku fotografiado en la pupila ausente y midriática de un ojo negro ¿Y el otro? ¿Y el Otro? Hurgar febril en el borrador, esto no se termina hasta que me lave la cara, hasta que me lave la cara, este tartamudeo azul sobre blanco sobre verde sobre amarillo sobre verde. Todas las hojas son del viento menos las que se tiran a la basura.
¡Banzai! Alguna vez eme be ese eme y doble eme delinearon un país que pintamos mal, como pibes pendejos que somos nos pasamos de la raya (y mientras digo raya la gata nos muerde los tobillos y los dedos y los bordes de un cuaderno cuadriculado y ríe despreocupada, hija de puta). Tengo un pelo en la lengua y no puedo hacer sonar ningún silbato –de todas formas yo no colaboro con la perrera-.
Estoy hablando de nada otra vez a la orilla de las tierras de Morfeo ¡Cómo quisiera ya ese verde fuego fatuo hipócrita que ya ni siquiera quema, que es la paloma en la mano del loco, que es la Argentina de Belgrano, San Martín y Moreno (plateada, cinematográficamente plateada y de infancia y escuela primaria). Hablo de Argentina con saudade brasilera pero en realidad quiero decir otra cosa, que no puede aflorar por completo (y es tan plateada, cinematográficamente plateada y perfecta y de infancia y escuela primaria y es una pupila ausente y midriática de un ojo negro perdido).
Tachá todo lo anterior, si te animás. Obvio que no, sos Pérez que anda y Gil que camina. Un Guardián nombrado a altas horas (¡Ha haltas oras!) por la elegancia mentirosa de Safo, perdida en esa isla de mierda a donde todos llegan menos los rezagados espectadores del final. Se vienen los créditos y realmente esto se cae, se cae para siempre. Pero un tonto tiene que contar la historia, la historia.
Una última conversación ¿tal vez? El mar que ya casi ni agua tiene, lleno de botellas con mensajes en blanco como éste, mensajes en Plaza España, banderas rotas, bancos rotos, infancia rota. Mi vieja crió un idiota de corazón lunático, las lágrimas ya me lavan la cara... ¡Gracias!
martes, 1 de mayo de 2018
“Conductas, psicopostales del Ego, ese kamikaze spinettiano-japonés, en las Revoluciones” por P.W. Pansmith a.k.a. 'Shadowless Pete'
I.
La estasis bulle el cerebro, se forma una gelatina espesa. Uno empieza a maquinar, a enloquecer, enhebrando pensamientos, formando un lienzo, una camisa de fuerza que no deja mover y cierra el círculo, hace el rulo.
La laguna espiritual es todo lo que hay, se estancan las acciones, los sentimientos, la vida. Se pasa a un estado contemplativo, que es algo como mirar a través de un vidrio o sentarse en la tribuna; no reconocerse en la realidad.
Los músculos se endurecen, va quedando tieso, rigor mortis, en algún lugar, en cualquier lugar.
Y cualquier lugar se convierte en el centro de cualquier cosa, pongamos una plaza. De repente, ya no es un ego: el ángel Yotuel se fue y esto que fue un yo o un él pasó a ser algo sin rótulo, un resabio del pasado poroso donde anidan palomas y los chicos se juntan a dibujar nombres, mientras se oxidan ideas, justo ahí, entre el pelo de estaño y cobre, pero… pero las palabras… ¿cómo era?
Ah sí, las palabras.
Las palabras falsean intuiciones. Y lamentablemente, el Yo es un saco de palabras. Entonces, no puede explicarse lo que hay del otro lado —del lado de adentro— de una ilusa estatua, hecha de versos, maleada con acordes de algún viejo rock.
Buscando la salida, escapa del cuerpo estático y vuela al infinito. Mirando por el ojo de la cerradura deja de mirar, convirtiéndose en la misma luz papel maché que mojaba las pupilas. Triste, la forma quedó atrás, y el Yo prueba el sabor del aire, de la Nada, del caramelo que en algún lugar del suelo contiene miles de figuras y realidades.
El cuerpo quedó hecho estatua.
Por la estación Eduardo VI… ¿O era vi?
Vi.
Ve.
La muerte.
Es otro dibujito, otra representación.
La ve como llave, brecha, pasaporte. Marca indeleble que permite acceder detrás de la cortina, anteojos para la letra chica, sala de edición por fin al alcance del ser humano, ticket para los juegos (todos los juegos todos) de la creación.
Quizá permita dios mirar al basurero y hurgar, buscando borradores de lo que nunca fue y nunca será, de lo que no tiene tiempo.
¿La revolución?, preguntan las voces. Miedo, replican otras.
¿Miedo a qué? Oye risas desde el fondo del inconsciente. El pequeño homúnculo se retuerce de risa mientras espera nacer. Alguien habló de luz al final del camino. Bien, se dice, quisiera… además ver el foco, el rayo on the making, la fuente productora y su razón de ser. ¿Tendrá alguna?, se pregunta.
Sueña la mirra como red que pesca del mar de la incertidumbre.
No temas, querido, dicen las voces. Siempre aflora la humanidad, la Revolución.
Ya está aquí.
Somos acumuladores de palabras, dicen las voces, y estamos cerca, muy cerca de la Revolución.
Las canciones de amor también pueden ser mensajes de Revolución. Todo depende del lado del telescopio que quiera Uno mirar. La Revolución está aquí, ¿no ves?
Hemos aceptado todo: el pasado es alterable.
El pasado nunca había sido alterado, Libertad. El doblepiensa funciona de las dos formas. Esclaviza…o libera.
Un día de estos no habrá más ambición de poder; habrá risa, habrá arte, literatura y ciencia, cada día de una forma más sutil.
II.
Quizás no brille en las mañanas, la negra flor,
blanca piel languideciendo al aire,
larga cabellera tiñendo oscuridad,
haciendo soñar a la distancia, urgiendo
detrás del frío lienzo azul
mientras millares de pequeños grillos
se suicidan, sin que sepan esos ojos,
prófugos de tanto sol.
III.
…a lo mejor un loco no es más que una minoría de uno solo. En este momento, simplemente soy-estoy en este oasis, a treinta metros del suelo, un pequeño cuadro donde sombras y luces ingresan desde fuera y pintan, bailando un tango. No tengo palabras para explicar el surrealismo sci-fi de naves espaciales, robots y podadoras que toman las calles.
Soy la locura del futuro, mientras amo la única estrella del cielo en su inútil indiferencia. A pesar de sí misma la amaré igual, aun cuando la odie, porque… aunque venga a acariciar con su azul bufanda el cuello, aunque bese con largos dedos mis brazos y este pecho donde late su bandera no está aquí, conmigo.
La odio. Por estar siempre distante, ausente. Siento su gigantesca sombra sobre la mente. Estúpida estrella, si supiera llegar a donde estoy, si tan sólo pudiera mojarse en mí, empaparse de sueños, sabría… que trato de asirla, atraparla con todas mis fuerzas, pero no llego. Entendería la impotencia, comprendería mi profunda tristeza y melancolía, vería la inutilidad de mi lucha, la futilidad de mi misión, el sueño de humo de alcanzarnos.
Entonces, sólo entonces, cuando también haya caído al barro de la soledad existencial, de saberse en otro plano, en otro cristal, entonces (y sólo entonces) podríamos, entre los dos, romperlo, quebrarlo hasta las cenizas, y la arena entre los dedos y el intenso aroma a mar y libertad vendría a despertarnos a la cama, hallándonos inserviblemente agotados, con los cabellos revueltos entre las sábanas.
Habrá que sonreír de infeliz, nomás, infeliz panza llena de pizza con calabresa, por la estupidez zen de dar en el clavo siempre, siempre la justa. Peridomiciliario el arresto. Mi domicilio es el universo, y es un patio que a veces queda chico, pero… como siempre, alguien pasa y te tira un cascote por la cabeza y te rompe la guitarra.
Vivís en un mundo imaginario, dicen. Y al final, parece que tienen razón y que está bien estar encerrado dentro de un cráneo.
Y sí, vivo en un mundo imaginario. Cómo describir, si no, las casas, las calles, los baches, los pozos, el cordón de la vereda inundada por parches de un verde tan hermoso que da calambre. Cómo explicar vivir en este mundo: un mundo donde existe un ser llamado Manuel Pies cantando a la esperanza con una criolla (y lo llaman calle), donde todavía existen superhéroes con bigotes de dos colores (los dos tipos más lúcidos de la tierra, Carlos y García), donde una tierra verdeamarelha da tanto embrujo de bossanovas y cielos de ojos verdes, donde cuarentones amargentinos nihilistas juegan a la rayuela en calles y nosocomios, donde jóvenes parisinos se han bebido todos los venenos, donde poetas beatniks denunciaron las mentiras de Moloch, donde prosas densas inglesas y cubanas y rusas y francesas y etcéteras ya lo han dicho todo (bichos, bichos dichos todos) y han debido volarse los sesos para bendecir la tierra.
Vivo en un mundo imaginario, donde lo cierto es que los días se deshojan como margaritas de vidrio esmerilado, hojas que los suicidas usan para escarbarse la piel, para recordar a Safo, la gran egoísta.
Un gran mundo imaginario, donde existe un relojito, redondito, amarillito, ciego y caliente, que han llamado sol, y que sale todos los días y se pone todas las noches, mientras hormiguitas caminan y deambulan y trabajan y trabajan y trabajan (y trabajan).
Un gran mundo imaginario, en el que la señora luna juega, egoísta, lejos de les pibes que patean las calles, embriagados en la mierda que circule, para intentar escamotearle una escalera al vacío, una que aparece solo para dejarnos subir un par de escalones y resbalar, resbalar hasta abrirnos la frente y bebernos la sangre que chorrea gota a gota.
La sangre del Hijo del Hombre.
De las seis putas letras.
Sin dudarlo, un mundo así no puede existir. No puede haber cuatro paredes en cada rincón, hasta cuatro paredes con ruedas, cajas, ¡cajas que se mueven, que transportan gente (¿gente?)!
No puede existir un mundo así, un mundo de antiácidos y antibióticos y dinero y plástico y calendarios y tiempo.
Tiempo.
No puede existir un mundo donde exista el tiempo, un proverbio de una mariposa china, de un río que pasa y pasa y pasa y el agua. Otro capítulo importante, hablar del tiempo. Pero poner una letradelantedelaotra ya es decir tiempo, así que simplemente lo dejamos ahí (lo odiamos demasiado).
Perseguimos revoluciones rolingas, somos yihadistas espirituales, Siddharthas de auriculares, divididos por la felicidad del jardín que se fue con el tornado.
Perseguimos revoluciones que se hacen hacia atrás, el tiempo, el redondo reloj de Nietzche pasado por la licuadora de Oktubre!
Creo que necesito una farmacia. Secas, austeras, soviéticas.
IV.
Qué lejos se ve ya todo desde acá, ese dolor
en un sutil contraste de luces y vientos huracanados
flotando después de estrellar la trompa contra el suelo,
tan lejos…
Ya no más el descaro
de una mentira adornando rostros
de personas que yo amaba, imagino
llantos hipócritas en un sepulcro
donde no estaré, tratando
de comprender lo incomprensible
mientras en alguna parte,
en todas partes,
seré gotas de agua, quizás un rumor,
una palabra de aliento
o absolutamente nada.
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