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domingo, 19 de julio de 2020

JC




Impávidas, imprudentes manos
me atan
Impúdicas, incoherentes líneas
me arrastran

a un cielo
de tiza y tormenta
de borra de café y ventanas abiertas

(mentiras de saxofón:
Charlie sopla ‘veni, vidi, vici’)

No es un lamento esto, no
¡qué le voy a hacer!,
en esta cercanía de años
puedo llamarte
amigo,

en el cielo de tiza
¡como tantas veces!

en tus eternos caminos
que son también míos,

en aquellos oscuros baldíos
oscuros, nos encontramos

juntando hojas
(oh, ¡Toño!)

acariciándolas,
cobijándolas
(terciofiles y marpelos),
caminando
persiguiendo
vaya a saber qué,
persiguiendo
conversando.

En la soledad de la noche,
la antena vieja y polvorienta,
saboreando el perfume
y una bufanda verde
estrellándose
en el cordón de la vereda.

sábado, 14 de julio de 2018

Libre Albedrío, locos. Un poco.



por el Heladero




I.

Ahogados en baldosas,
hojas en blanco…

donde estoy parado
ya no entro
en la piel, perdí
el guión de la obra,
el personaje
extinto
quedó, muerto
pedradas pecadoras
en el acto redentor.

Caminos de viento,
invisibles, al cielo…

donde está el cuerpo
ya no importa
el agua salada,
el frío verano
de ácidas lluvias,
borra
los huesos, y los ojos
rojos duermen
una armoniosa madrugada.






II.

Cuesta levantarse. Aún a esta hora y habiendo dormido todo el día. Cuesta ponerse los abrigos y luego de un interminable etcétera, salir. A la calle, bajo la lluvia de frío Junio que tapiza las paredes de las calles. Claro, con tanto frío, con escarcha formándose de la exhalación. Más vale que cuesta. Pero hay que salir. A veces nos dejan y hay que aprovechar.

Nos empujan sin saber, nos incitan a caminar las calles. A vivir. La helada precipitación moja los pómulos helados, se desliza por la nariz helada y toma el último salto helado, suicida, hacia la campera helada o el suelo… eh, ¡Qué existencia más efímera!

Caminando entre charcos se pegan las gotas al cuerpo, enamoradas, febril, fugaz, eterna, mente. Mientras duren, buscando magnéticamente un Sur. Difícil encontrar un remís, el famoso tacho, en este temporal, cuando todos van. Tan apurados, precipitándose. Y nadie mira a nadie. Simbiótica, inconsciente noción del tiempo. ¿Zeitgeist? Tu vieja en pelotas. Me dormí escuchando una voz que es poesía, hablando del aplastamiento de las gotas.

Una cafetería, bello respiro. Llena. De gente, abarrotadas partículas que se hacinan en otros tipos de charcos. No importa, mejor entrar. Son las seis y media de la tarde. Llueve a catarros (¿a cántaros, dijo? Sí, a cántaros, sorda), perros y gatos, diluvia, etcétera. Etcétera como forma de describir un diluvio. Entrar de repente. Y de repente una mesa libre. Arena en el oasis, qué bien. Algo para beber, sí… un té, puede ser. Muchas gracias.

Esperando relajado, escurriendo los minutos. Viendo las gotas caer. Gotas finas, gotas gruesas, gotas. Que caen. Rápidamente, golpeando la ventana distrayendo de los pensamientos, que como gotas etcétera. Largas historias de imanes y metales. Cae el mozo con el té, se hizo tarde para las cinco. Puta madre. Siete menos diez, conejo de mierda. De todas formas, no me calienta. Me siento atraído por la belleza de las gotas, por su musical sonido en la ventana.

Mientras observo estas amigables compañeras, noto. Pasa algo raro. Caen cada vez más, y más. Lentamente. Hasta que finalmente dejan de caer. Me sorprendo, con la visión. Millones de cristales translúcidos suspendidos en el aire, sostenidos por un invisible cordón. Busco ese fino registro del Divino Marionetero. Y no lo encuentro. Sigo sorprendido, atónito. Me dirijo a la calle. A maravillarme del hermoso paisaje, y parece. Que soy el único que se mueve, el único que ve. La calle está desierta. Es increíble ver el candelabro celestial, místico. Es más increíble que el sol, ausente con aviso todo el día, se haya posado sobre los techos. ¿De Pompeya? De Pompeya, si querés. No se puede ser serio, diómio. Esas gotas, retomando, ese pedacito de cielo, comienza a transmutar. Ante los ojos se convierten las gotas en herramientas, en prismas que devuelven luces de arco iris. Luces de todos los colores iluminando la calle vacía, semejando caleidoscopios. El calor del sol hace que se estremezca hasta la última célula de este cuerpo.

Este espectáculo está hecho para mí, Alguien pensó este espectáculo sólo para mí.

El aire dorado, las perlas multicolores, el Cielo que bajó un ratito está disipándose. Las gotas vuelven a caer lentamente, y de a poco. Va acelerándose el ritmo, el sol. Se esconde, nuevamente, oyendo. El sonido de la lluvia en la ventana con una sonrisa, abro los ojos húmedos, salados. Termino el té pasadas las siete.

¿Alguien?

lunes, 11 de junio de 2018

Conversaciones contra la raya


por Marcos ‘pupila de náufrago’ Gunn







a todos los laterales, 
a los distraídos de siempre;
al Corvino, gracias 

Sócrates. Además de amigo imaginario de Platón, plateada idea de filósofo, 8 fantasma, jugador de fútbol. Sócrates, jugador de fútbol. Mediocampista inteligente, distribuidor adentro y afuera de la cancha.
No quiero hablar de Sócrates, siempre se lleva los focos. En el equipo de los filósofos, los existencialistas juegan en las bandas. Contra la raya. Todo el mundo sabe que después de la línea de cal no existe nada. O existe la Nada. ¿Mejor?
Los laterales existencialistas, funambulistas haciendo equilibrio en esa delgada línea. A veces la pelota sale de la cancha y saltamos hacia la Nada a buscarla, para meterla de nuevo en un... ¿cómo se decía antes? Ah, sí, saque de banda.
Soy lateral derecho, el 4, a la vieja usanza. A los futboleros no nos toquen los números, el 4 es lateral derecho; el 5 mediocampista central, tapón, corte y distribución; el 9 es el egocéntrico goleador, el romperredes, el punta; el 10 es el mejor, el más creativo, el tipo con más imaginación del equipo.
Juego de 4. Mi equipo es una aplanadora, golea todos los partidos. El último lo ganamos 6-1, un trámite. En realidad… todavía no termina. Pero no va a pasar más nada. El futbolero lo entiende, hermano. En partidos como este, un lateral no tiene mucho laburo, como se imaginarán.
Y tiene mucho tiempo libre. Para conversar, con el pasto, con el viento, con la tarde que va cayendo. Aunque ante espectáculos como el atardecer sobran las palabras, eso está claro. Pensar en Dorothy, otra funambulista de puentes amarillos.  Asociación de tres conceptos, hasta parece fútbol. Fútbol abstracto, Dalí jugando de 11.
El gran objetivo es ganar la Copa. Jugamos contra rivales muy jodidos, eso lo sabemos. No subestimamos a nadie. Por eso goleamos los partidos, nunca bajamos la concentración. Fijate, por ejemplo, el último partido: minuto 80 más o menos, hizo gol hasta el aguatero y el 9 no había tocado una sola bocha todavía. Nuestro mejor player, el enganche, el capitán, tampoco había hecho goles, y en una de las jugadas, precisamente esta de que te cuento, cerca del minuto 80, se acercaba al área con pelota dominada, para su pierna buena. En realidad… no tiene pierna buena, tiene una pierna excelente y la otra sobresaliente, pero bueno, con la mejor de las dos. Esto lo estoy viendo desde atrás, a la derecha. No sé qué le pasa al pibe, es el mejor y se resbala. Está meado, no puede hacer goles últimamente. Se resbala en la puerta del área, la jugada se diluye. Pero por algo es el 10, el pibe, el más creativo. Ve al 9 haciendo la diagonal. Esto está pasando en una milésima de segundo. Y desde el suelo se la pone detrás de la zaga central. ¡Desde el suelo ve una diagonal y la toca! Y el 9  rápido, inteligente, eficaz, la primera que toca. Su primer contacto con la bocha. Es derecho pero la agarra de zurda, hambriento. Con el empeine tirando a tres dedos. La clava adentro. Golazo. Ese fue el 6-1. Apagá y vamos.
Pero quedan 10 minutos y hay que seguir jugando. A lo mejor el crack aprovecha y se saca la mufa, quién sabe. El partido se va hundiendo en el sopor de lo que en los catálogos futboleros es un partido liquidado.
Por fin, dirían los paraguas, después de 6 nos bajan la persiana. Pero nosotros respetamos a todos. Los respetamos haciéndoles 6 goles. Bajándoles la caña, porque el fútbol es un estado de ánimo.
Lo peor de ser lateral derecho es la vuelta, mirando el pasto, cortando los yuyitos. Pero está lindo el mundo, so far. Aunque es muy difícil encontrarle explicación. Epa, el mundo se ha vuelto 2.0. Y capaz estoy llegando tarde y ya debe andar por el 5.0.  Maldita sea. El mundo es una irracionalidad, de todas formas. Una pesadilla a la que le ponemos una explicación. Una serie de convencionalidades, de rayas. Como las letras, esos dibujos raros. O la pelota.
El universo es un lugar muy grande, por alguna convergencia hay que intentar explicar algo que no tiene explicación. Que es simplemente la demencia. Una serie de irracionalidades. Una cosa japonesa. O algo oriental. El mundo no tiene sentido. No lo tiene. Es hermoso el universo. Pero pensamos demasiado dependiendo de la vista.
Es lo que a veces fantaseo llamar la occidentalización de la vista. Le damos prioridad a un sentido, a la visión. Eso te lo enseñan en 2° grado. Pero es una serie de impulsos eléctricos, de convencionalidades. De este color es verde para los dos, y este otro rojo, y este celeste y blanco; pero bueno, ganamos 6 a 1.
Un 6 a 1 puede ser la fundación de cualquier sociedad. Podemos convenir seguramente en un punto. Que son una murga. Categóricamente, les rompimos el culo. Los dos equipos pueden estar de acuerdo en eso. A partir de esa seguridad se pueden empezar a construir algunas certezas. El mundo se pliega en cualquier parte para ser.
Seguir hablando porque es como la canción con todos. El lenguaje como archivero. No inscribirse al cinismo con tiza. El mundo es un lugar raro. Nadie sabe cómo se maneja esto, loco. La mente.
Paso uno, agarrar el manubrio.
Paso diez, culpalo a otro del choque.
Vieja, aguanten las plazas.
No hay choque, no existe eso. Hay ganas de ponerse de acuerdo, de conversar.
No hay choque, pero vos te ponés la de Chile y yo la de Argentina.
Qué Chile ni Chile, yo me pongo la de Paraguay, que tiene más huevos que el equipito de tu barrio.
Disculpá, quise ser educado con vos pero parece que no te entra todavía que te estás comiendo seis pepas. Pensar en el Diego porque en 10 minutos no pasa nada. La vida es una tómbola. El tiempo es una tómbola. Es pura irracionalidad. Una serie de convenciones, decíamos. Es muy raro conversar así. La vida es el vacío.
Vedanta Yoga, diría el 3 chino, un verdadero mago. En la obtención del Otro que viene envuelto (tal como aparece) por la pregunta y la explicación. También es una convención. Me mira un arrugado rostro en la tribuna, sonriente y dice, sabiamente, que la locura es el verdadero estado del mundo. El caos, la incomunicación. Que somos viejas almas, frágiles, inmortales, tratando de tocarse, de sentir, de ser. De evitar un horror. Pero el horror existe, es real, y lo artificial, el verdadero paraíso de Baudelaire, no eran las drogas, era el lenguaje.
Che, ¿y todo ese postestructuralismo francés? Por ahí anda la cosa. Esos tipos sabían.
Concrete jungle. Civilización 5.0. ¿Te pusiste a pensar alguna vez en el capítulo 73 de Rayuela? No sé, no existe el ego en ninguna parte, pero fíjate vos que hablando de… En algún punto el péndulo de Foucault… Habría que seguir el camino del ojo y decir algo relacionado con Ben Affleck.
Para qué. Si se sabe. Incluso Freud diría que no es que entra por los ojos si no por el Falo. Falocentrismo existencial. El cinismo chino de siempre. Galletitas de la fortuna de barrios coloridos con letras estéticamente dibujadas. A todo esto, ¿en serio sos paraguayo? Me contesta Yo soy… y así me defino. Hay que ser puntitos suspensivos, eh. No cualquiera no tiene bandera. No es paragua, Barthés. No era par. Agua para bares. Es lo obsceno del amor, dice.
A todo esto, ¿de qué lado te ubican en ese lugar en el que trabajás? En ese… Hospital Psiquiátrico.
Internado en el 2° piso, obvio.
Claro como el agua.
¿No estábamos en la cancha? Bueno, después un par de vueltas para qué molestarse.
¿Demasiada info? Paramos cuando quieras. Índice de masa atómica, otro péndulo de Foucault. La verdad es que hay viejos demonios, viejas almas chinas. Como gatos, bajo hermosos disfraces. Mirando el sol caer por la ventana, viendo el partido.
Pero no hay ventana. Tampoco pared. Ni partido. Hubo un momento complicado, pero ya pasó. Cuidado, cuidado los escombros. Igual seguimos ahí, volviendo, deshaciendo los pasos contra la raya.
Qué lindo. Viendo el atardecer, sobran tres palabras. O unas cuantas. Pero hay música. Estamos, entonces, escuchando lo que un ser hermoso tituló Para los Árboles. Una canción preciosa llamada Néctar que es precisamente eso.
Para los Árboles. Como justificándose, diciendo que no les sacamos una guitarra, nada más. Es muy loco conversar de tú a tú con una canción. Signo de pregunta. Faltaría que esté el Flaco, simplemente para cebarle un mate. Y el Flaco desde atrás, como diciéndote. No hace falta. ¿Es muy loco conversar con Luis Alberto? Es increíble lo que nos regaló.
Ese tipo estaba del marote. Y no sé, me dicen. Melodioso como ninguno. Un poeta. Y llevas el caño a tu sien, apretando bien las muelas. Ah, no. El Flaco diría algo como Pies de Atril. Formas y formas. Se sabe. Bueno, me equivoqué, che. Peor es perder 6 a 1.
De los árboles a las Viejas mascarillas de la isla de Haití. Hermosas letras. Canción hermosa. No entiendo nada de lo que dice pero las imágenes son hermosas. Spinetta nos diría ‘y… es poesía’ con cara de ni yo entiendo. Siempre tan cálido y tierno, el Flaco, pero…, cómplices, en realidad entendemos y hay un puente, silencioso subterfugio. Creo que una certeza tan grande como una goleada es saber. Dos puntos. Que vamos zurciéndonos en canciones de Spinetta; somos funambulistas de cordones de vereda. Alma de lateral.
Y bueno, el partido no termina. Todo es una metáfora circular. Lugares llenos de convergencias. Agujeros negros. Benvenutti al Maëlström. Gracias, cuervito. Literatura son las distintas formas de saltar un hueco, de mirar un abismo. De meter la pelota adentro de la cancha.
Convergencias. Vos fíjate que Jean Paul Sartre vino a hablarme el otro día, disfrazado de titiritero. Y me viene a decir lo de arte comprometido. Es un extraterrestre por donde le mires, pensé. El pensamiento del tipo existe a miles de kilómetros, miles de medianoches después en la forma de un viejo francés en el litoral. ¡A la Pacha, Juan Pablito! 
Todo converge en el aleph de los ojos, de los oídos. De uno. El universo conspira a tu favor. Nos vamos zurciendo con canciones de Spinetta. Si pudieras ver lo hermoso aleph delicioso que es en tantos sentidos. La Pacha que dio tu viola. De pájaro cantor. Había sido que teníamos un vecino poeta, chamigo.
En realidad, estoy tratando de conversar con vos. Llenando los espacios. Porque no contestas, enarbolo. En árbol o. Intuyo. Lo que vas a decir. Feel free to jump in any time. Ah, esto fue una conversación monologo ping pong entre tu sujeto y tu yo, digamos, me dice. Hasta que de a tanto te contesto. No sé con qué se come eso, le digo. O sí, interpretalo como quieras.
Picture yourself in a boat on a river, with tangerine trees and marmelade skies… algo así, la memoria me resulta complicada, como diría Luis Alberto. Perdoná, estoy muy egorrágico. Literaturra, viste. ¿Dos lunas, o un mero reflejo?
Che, disculpá que te ofrecí una forma de conversar y ahora me esté retrotrayendo, dando pasos hacia atrás. Haciendo la raya. Pero es que me dejé pensando. Que te dejé una gotita así que decía Jean Paul Sartre. Y tengo que decir algo de Jean Paul Sartre. Que nada que ver, no me parece bien esto del arte comprometido. No me parece bien esto de las acciones poéticas.
O sea, ¿te das cuenta que lo que estuvimos haciendo nosotros hasta este entonces es intentar conversar, vos y yo? En realidad, estuve tratando de conversar y no me contestás. De cualquier forma esto no tiene nada de… no tiene nada de militante, nada de beligerante, nada de comprometido, ¿me entendés? Solamente las ganas de conversar. Y capaz que es eso el arte… conversar, tirar una sonda al espacio. Simplemente conectar. Bueno, ese es mi problema con Sartre.
¿Vos que decís, loco? ¿Está bueno esto, hasta ahora, o no? Para mí que está bastante bueno, eh.
Está lindo el mundo, vieja, eh. Todavía no se termina de descubrir.
¿Qué onda con toda esa parafernalia pintaparedes?
Nada muy distinto de ninguna tura, supongo. Hay una luna llena ahí, dando vueltas. No para vos, no para mí, no para ella, no para nadie. E infinitamente, amorosamente para vos, para mí, para ella, para… Literatura son distintas formas de describir un pozo. La realidad. Se hunde, se ahonda. Se profundiza. Che, loco, acabo de ver, en la calle, así, en el medio de la calle, una construcción. Todo bien hasta ahí. En la construcción había un toldo. ¿Dónde estaba el toldo? El toldo estaba en medio de la calle. En medio de la calle, el toldo. Tapando todo el cielo, haciendo un túnel de vereda a vereda. Vereda, calle, vereda, toldo, vereda.
¿Sabías que las calles también se construyen? Eso que viste probablemente haya sido la construcción de una calle, y las construcciones de calles también necesitan toldos. Obviamente, ¿Qué pensás que hacíamos, cuando conversábamos? Pintamos un edificio, pintamos una vereda, pintamos una calle, y pintamos un toldo.
Pero de verdad había un toldo en la calle.
Y pintó el toldo. ¿A vos no te pinta el toldo nunca? A mí me pinta el toldo. Convergencias. Techitos para la calle. Están buenas estas conversaciones de bolsillo, anacrónicas, está bueno que no tenga tiempo esto. La tecnología tiene cosas buenas. Obra de Marta Minujin, me dicen, seguro. Obra del demonio, digo, si le preguntan a alguna vecina. Le llenan de agua la vereda. Agua estancada. De Resistencia. ¿Qué opinás de la hiperrealidad? Buscalo.
Igual, no hace falta. Fijate cómo sale conversando, nomás. No sabe la semilla que me impuso. Las calles también se construyen. Tal vez sí sabe, y es un regalo. Como las canciones de Spinetta, viste. Esto no tiene precio. Y no es una sanata como las pavadas que te dice Jean Paul Sastre.
O capaz que no es una sanata y es el simple existencialismo que te pega una patada en el tujes, así, y caés en medio de la vereda al charco de agua. Estancada. De Resistencia. Y Jean Paul Sarstre se te caga de risa. Ja, ja, ja.
Punto y aparte para hablar de la pronunciación de Sartre. Sastre, Sartre, Sastre, Sartre. ¿Es una joda, me traiciona el inconsciente? Jean Paul Sartre es un sastre. Mi inconsciente me lo está diciendo así. Los aparatos digitales van a terminar matando a la literatura. Y eso te lo puede firmar Juan Pablo Sastre.
Como el ingrediente de la coca cola y esos otros elixires y esos raros peinados nuevos…
En acotación a esas tres palabras, simplemente un Dios bendiga a Charly García. dios bendiga a Charly García ¿Charly? ¿dios? ¿Bendiga?
Qué loco el disco de Spinetta, eh. Para los Árboles.
Ahí también sobran tres palabras.
Igual, el Flaco este es medio loco, tiene una fijación con el número tres, si te ponés a pensar. Dulce 3 nocturno, por ejemplo, o tres llaves.
Y bueno, andá a saber qué puta pensaba, qué pasaba por su cabeza. Quiero creer que solemos conversar de vez en cuando, pero bueno.
¿Cómo era el título ese de la canción… de Charly y Spinetta? ¿Rezo…por… vos? ¿Por quién rezan? Cantaban los dos: ¿para quién rezaban? Se rezaban uno al otro, cuenta la leyenda, de altar a altar.
En realidad, creo que nos rezaban a nosotros. ¡Nos rezaban a nosotros, esos tipos! ¡Se le prendió fuego la casa a Charly cuando estaban tocando en vivo para un programa de televisión…! ¿cómo estamos? Hola Don Pepito. Las vicisitudes de crear en la calle. Soy un vecino. Estas partes no tiene la literatura. Los tachones, viste. Pero… como te decía ¿dónde estábamos? Ah, se le quemó la casa a Charly mientras los dos tocaban para un programa que supongo que se llamaba Cable a tierra. Y si no se llamaba… Sí, ¡Cable a tierra se llamaba! Y Fito Páez… ¡Fito Páez le hizo la cortina musical al programa musical en el que tocaban Charly y Spinetta, allá en 1985!  Un año después del fin del mundo.
Si uno se pone a pensar lo que en ese entonces pensaba la gente. Porque la gente sabía que se juntaron los dos tipos a hacer un disco. Se juntaron Charly y Spinetta a hacer un disco, ¿entendés? Todo el mundo sabía que Charly y Spinetta estaban haciendo un disco. Se juntaron un día y dijeron algo así como ‘bueno, vamos a tocar en la tele’ y qué se yo. El tema que tocan: Rezo por vos. Y cuando dicen ‘y quemé las cortinas y me encendí de amor’… Charly, el muy loco… viste…eh, ¿cómo se llama, cómo se dicen esas cosas? Transformadores o… bueno, Charly es un loco de los transformadores, si no me creés escuchá Inconsciente Colectivo, qué se yo.
¿A dónde iba? Ah, sí. El vago conectó un millón de transformadores y enchufes a los tomacorrientes o como se diga, para conectar la videocasetera, tratando de grabar el recital, la canción. Y se le incendió la casa. Le chispearon los cables, saltó la corriente… ¡y se le incendia la casa a Charly! ¡Justo cuando dice ‘y quemé las cortinas y me encendí de amor’!
Dice la historia que el Flaco, obviamente, se asustó. Imaginate todas esas energías, esas cosas que se concentran, que convergen en un solo punto. El Flaco le pedía perdón a Charly por haberle prendido fuego la casa. Spinetta pidiéndole perdón a García por… quemarle la casa. En serio. Porque mientras tocaban un tema llamado Rezo por vos, se incendió la casa. Charly, obviamente, recontra caliente, enojado con Spinetta porque se culpaba y sabía que no era culpa de nadie. Más que nada era culpa del transformador, viste. Enojado, le arroja un cenicero, gritándole al Flaco para que entienda que él no tenía la culpa. Que era el transformador. Decime si no es una discusión filosófica, poética, artística y etcétera, en el centro de un transformador. El arte es un transformador. Y Charly García es una antena. El tipo es una antena. Escuchar Chipi Chipi.
Hizo un disco llamado Say no More, que los terrícolas todavía no podemos entender.
Constant Concept. El tipo es Dalí haciendo música. Y no es ninguna exageración.
Me meto en los entretelones del edificio, en las escaleras (laterales) para hablar un poco de Charly. ¿Por qué? Qué se yo… estábamos hablando de Sartre. Ah, bueno. Qué cagada este Sartre, cómo nos perfumó el pensamiento sin que nos demos cuenta. La culpa de que la gente odie a García, o que no lo comprenda, más bien. Que desde Say no more hayan escuchado pero no oído, y hayan dicho algo como ‘Mmm… sí… no sé…’ es de Sartre, tal vez. Charly es un maldito Sartreano. El tipo hace arte comprometido. Él es su arte. Hace Constant Concept. Alguna vez veremos lo antena parabólica que es el señor García. Es el espejo de toda una sociedad. Y no hablo de generaciones, de los 70, de los 80, de nada. Ponete a pensar que estamos conversando con Charly García. Todo en él es actual. No hay que perdérselo.
Ya llegó la luna llena. El partido terminó hace rato pero seguimos conversando para ver si el 10 hace algún gol. Estamos los dos nada más en la cancha, a esta altura. Por ahora se la pasa tirando las pelotas a la tribuna. Qué hijo de puta. Si de algo uno se da cuenta, es que se siente uno como un gato. Caminando por los tejados, por el cordón de la vereda. Y maravillándose de todo lo que hay. Un gato funambulista. O Kafkiano.
Volviendo al Aleph, no sé si Borges era un genio o estaba loco. En el Aleph cuento hay muchos alephs. Para empezar, el de las escaleras, que es el núcleo de la historia. Pero también está Beatriz Elena Viterbo; el juego de la musa, un aleph por donde lo mires. Después, lo tenés al aleph Borges; Borges personaje, Borges escritor. Tambien está el aleph cuento. Debe haber muchos más. Creo que Jorge Luis era un nene. El tipo tenía unos… no sé a qué edad se murió el viejo. Estaba ciego. Escucha esto. Estaba ciego y trabajaba en la Biblioteca. Era curador de la biblioteca. Imaginate la poética de la situación. Borges se habrá cagado de risa hasta que se murió. Es increíble. Decíamos que el tipo era un nene, un chico. Lo leés a Borges y es una criatura. Se divierte escribiendo, hace juegos de palabras, descubrimientos, asociaciones entre la literatura y la esquina. Para mí algo de eso es el aleph, la convergencia de las cosas en un puntito del universo. Para mí eso es el aleph. Ponete a pensar en rezo por vos, todo se cierra en un puntito así chiquitito que es un transformador. Beatriz Elena Viterbo. Para mí que por esa rezaban, eh.
Borges era un maníaco como Charly. Sospecho que el aleph tiene algo que ver con eso de la hiperrealidad.
Esto es lo que sé hacer. Nietzche es un tipo que hizo algunas películas horrorosas. El tipo vivía en una eternidad circular. Filosofía barata y zapatos de Cronenberg, sacá la tacuen. Lo que quiero decir de Filosofía barata y zapatos de goma no tiene que ver con García. Tiene que ver con esa otra persona que rezaba por vos. Y por vos, y por vos.
Me preguntan con cuántas personas estoy. No sé, ya me empiezo a asustar, contesto. Soy esquizo, medio border, lateral derecho, contra la raya. Acá en el segundo piso estamos todos.
Bueno, retomando. El Flaco, antes de irse a quién sabe dónde, le regaló a Charly antes de tocar Rezo por vos en el recital de las Bandas Eternas —ese precioso regalo a la humanidad, a lo que sea que es esto que pasa mientras nosotros dos conversamos—. Imaginate la situación: está el Flaco tocando desde hace por lo menos unas… dos horas, o por ahí, tocó con su banda más nueva, también con Spinetta Jade, con Cerati, tocó algunos temas de Artaud, tocó temas de Kamikaze, tocó con Fito un par de temas, con Juanse, tocó… tocó con sus hijos Necesito un amor, el tema de Manal. Rapeado. Excelente el tema, excelente el tema. Antes que Charly pase al escenario — en mi mente Charly no sabía esto— Luis Alberto se pone a tocar Filosofía barata y zapatos de goma. Ponete en los zapatos de García un ratito. Tras bambalinas, por salir a tocar Rezo por vos escucha su canción en las manos y en la voz del Flaco. Hay muchos regalos dentro de un regalo, la resignificación de la lírica, un millón de guiños entre dos amigos, un pedido de disculpas, el solo de guitarra que en la versión original es la garganta de Lolita Torres. Es hipnóticamente encantadora la sonrisa del Flaco mientras manotea el atril lleno de sabiduría. ¡Las canciones que tenía ese atril! Y el tipo cagándose de risa cuando dice ‘y enamorado de las sirenas’. La voz del tipo, tan frágil, tan poesía. Pies de atril, pies de atril. El tipo agarra las palabras de Charly ‘quise quedarme pero me fui’, y ahora se pone uno a pensar las cosas que dice. Voló en la pluma, en la música de Charly. Quise quedarme pero me fui. ¿Sabía que se estaba yendo y estaba dando su canto de cisne?
Es ese el tema con Charly, lo podés reemplazar con cualquier otra persona. Charly es un espejo, es todos nosotros. En tanto y en cuanto a Luis Alberto, era… es, lo que sea que es Luis Alberto. 
¿Por qué será que a la gente no le gusta Spinetta Jade? A mí me encanta. Obviamente, la época spinettiana que más me gusta es la de Invisible. En realidad, todas las épocas de él son geniales, pero hay una parte emocional que me ata a Invisible. ¿A qué iba con todo esto? Ah, te hablaba de Spinetta Jade. Por ejemplo, Alma de Diamante es una locura. No entiendo una mierda de Jazz y leí apenas Castañeda, pero es íncreible lo del tipo, cómo devora, mastica, resignifica, pasa por su señal toda una obra a partir de lo que fue para él. A todo esto, no es el disco ni la canción que más me gusta de Spinetta Jade. El que más atrae es ese, el que dice… Nena, te traigo esta canción que descubrí, en el deslinde.
Están apagando las luces de la cancha. Algún día hablaremos de Beatriz Elena Viterbo, hablando de alephs y de Borges y el nene cagándose de risa y etcétera. Cronopiamente.
Buenas salenas, cronopio cronopio. Ponete a pensar lo que pensó un cronopio para comenzar un libro. Por el capítulo 73. Y en realidad lo podés empezar por donde vos quieras. Es increíble ese libro, una piedrita para jugar a la rayuela que a la vez es la rayuela. ¿De qué planeta viniste? Volviendo al tema Tres llaves de Spinetta. Spinetta habló con Foucault, de esas charlas hay un disco llamado Téster de Violencia, donde está Tres llaves. Pero es para otra ocasión.
Dale pibe, vamos, que apagaron todo y se nos va el colectivo. No le hacés un gol ni a Paraguay.
Y bueno… pero ganamos 6 a 1.

viernes, 18 de mayo de 2018

Sustantivos griegos. A los jóvenes de ayer, pinturas y juguetes



A las tres de la mañana, recortada en la penumbra, asoma la silueta del sonámbulo aficionado, mirando por la ventana del departamento. Habitación. Celda. Sala. Alguna vez habría que discutir acerca de los problemas de identidad de las horas que van desde las 1 hasta las 5:59. Puede ser que a la luna le guste mucho la poesía. En otra ocasión será. La ciudad. Inmensa, nido de gente. Parece vacía, y las calles. Sin alma, no devuelven un solo sonido. Dentro de los aposentos, sólo la canilla de la cocina con música de gotas suicidas, rítmicamente intermitentes chocando contra platos sucios de días atrás, todavía descansando sin lavar en el fregadero. La bacha. Sólo eso, nadie ni nada más. El lugar es el completo desorden. No es que importa. Fuma observando las calles desde arriba, sin saber. Que es observado. Por la gata blanca sigilosa, redondamente fría, acompañada de los pocos peces que sobreviven a las luces nocturnas. La ciudad, algunas cosas las tiene un poco más cerca.

También está en alguna esquina, pateando. Y en algún automóvil, por qué no. Ya se sabe, el Partenón no tiene líneas rectas. O al menos eso dicen. Rodeado de gloria, el hijo mayor de los Addams se la jugó entera por la residencia de los jóvenes, entre otras representaciones arquitectónicas de su país en pañales. Quién sabe, niña, este país. Tipo culto, rinde culto. Culto a la Pala. A Palas Atenea. Pero bueno, por el gusto a las estatuas piensa en Julio Florencio, ejemplo de estatua que cada día canta mejor, bruselense zorzal de ‘egues’, guevolucionaguio de la primera hora. En realidad, a deshoras, como este caso. Pensar en los paredros, porque para eso lo trajo al cronopio. ¿Qué son? Espejos, doppelgängers, sombras, prójimos, ayudantes. Pensar. En sus propiedades, sus fluctuaciones. Humo de incienso. Crisálidas y mariposas, marsupiales paredros mariposas. Pensar, en. Sus libertades. Qué deliciosos modelos para armar. Los que viven arriba de escalones falsos siguiendo manuales de instrucciones creen que es una suerte de escritor menor, de iniciación y otras boludeces. La verdad es que nunca le perdonarán a Julio su condición de niño. La intención de jugar. Feuille morte. Paredros existentes como entidades separadas de mente y cuerpo, dualismos estúpidos, resueltos en espejados triángulos, perfectamente perversos y vampíricos. Geometría literaria. O arquitectura griega.

Pensando en griego, había una vez. Un loquito, porque Grecia estaba llena de loquitos. Este tipo, este ágil perro blanco, este… lumpen, paredro delirante de otro delirante, deambulaba por las calles desnudando las monedas falsas, la moral, las costumbres, sin más herramientas que un farol, alumbrando los rostros de la gente. Sí, un farol. Buscando un Hombre, uno solo. Que sea honesto, jatefi vos. Escupiendo en la cara a las normas y a los giles. Tipo desagradable, por demás. O no. Deja impresión, eso sí. Imaginarse caralarga a Platón luego de regodearse de las enseñanzas de su maestro con definiciones de bípedos implumes, obteniendo por respuesta… un pollo sin plumas, risas y un hombre hecho y derecho. Correte, loco, me tapás el sol, le dijo a un pibito de Macedonia que salió a recorrer el mundo. Paredros hay en todos lados, hasta en Babilonia, de todas formas. Un poco más acá, lo que es decir en ningún lado, en un texto londinense se habla de un intérprete griego y de un Club metafísico, un club que se viene reciclando, rehaciendo, un club que hasta deambuló -o deambula todavía- en las nocturnas y ya no tan olvidadas calles del barrio latino parisino. Con un farol en la mano.

¿A dónde íbamos? Se pierde uno en estas curvas. No hay líneas rectas en el Partenón. O sí. Lo que sí sobra en el Partenón son las ilusiones ópticas, los pensamientos de jóvenes fumadores insomnes de tres de la mañana. Está en todos lados esta noche, omnipresente con recuerdos y asociaciones que flotan como hebras de humo. Acrópolis, necrópolis, narcópolis, metrópolis. Bibliópolis, por qué no, también. Las calles son también ilusiones. Entre el pasado y el presente hay un limbo que no tiene nombre. O sí. ¿Cómo se dice puente en griego? ¿Historia? ¿O literatura? Ficciones, ambas dos. El limbo no tiene nombre. O sí.

Conductas propias de un ser humano
¡Charcos!
Rincones poco más que asépticos,
tazas vacías de café,
bocas de tormenta,
algodones, jeringas,
éxtasis de ojos idos,
zapatillas rotas,
huellas húmedas en el cemento.

Bosteza un pensamiento, una vista hacia todo lo que es pasado. Brilló como el sol, tuvo la luna a su merced. Tempus fugit. Como una nube, como una ola, como una sombra. Como un conejo. La puta madre, eso no era griego, era de otro lado. Ya lo dijo, de todas formas. O lo pensó. Esclavo, es clavo de las agujas. Hoy despierta obnubilado ¿Despierta a qué? A nada, a la Nada. Despierta, al fin. Aprende, por lo menos. La voz de la experiencia, quería. Esa voz, que en su cabeza, en la vereda estrellada, en las espiraladas mentiras, faroles de tabaco, gotas del fregadero, le habla y le dice, le dice de nuevo que la experiencia es lo único que hay cuando no hay nada. Siddhartha no era un perro blanco pero meaba en los mismos árboles.

Finalmente, termina el pucho, y corre, se va. Apaga el farolito. Se acuesta en un deshecho colchón relleno de hojas de otoño con estrellas en los ojos. Lágrimas afloran mientras vuelve el tiempo a cachetearle, amoroso. ¿Violencia? Él es bueno conmigo, lo que pasa es que me porto mal, lo justifica, ante su paredro. Preso en la ciudad. Simplemente preso, en realidad. Duerme, al fin. Duerme y se va.

¿Conductas propias…?
¡Gabardinas!
Turbia propiedad del humo de la mente,
la cruel panorámica del whisky barato
carcomiendo los huesos
en amables callejones
llenos de orina y vómito
y humanidad
esparcida en la basura.