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jueves, 2 de agosto de 2018

Caso Artaud: Nuevas perspectivas


por Juan Milton



I.

Es absurdamente triste vivir en esta época, donde nada queda ya por inventar y los silencios tienen más valor que las palabras, que parecen zurcidas a la lengua, en un burdo intento de no estropear momentos coreografiados para la maqueta en la cual vivimos.
Hace bien tanto como hace mal.
Entonces descubrís dos lados de la palabra: tan chata, tan plana, bidimensional, para contar algo que abarca todo un cosmos, y a la vez, tan necesaria para hacerlo, para pensar el mundo, para relacionarnos con él y en él.
Surgirá la pregunta en los labios —más bien ya lo hizo y estos labios y estos dedos y esta tinta intentan recrearla, reflotarla porque vale la pena plantearse una vez más y anotarse en la lista de espera para golpearse la cabeza ininterrumpidamente contra una invisible pared, a ver si en algún momento de la historia logramos terminar con ella, con la pared (y con la historia también, ya que estamos), reducirla a polvo, molerla hasta que el viento o como se llame (touché) sin palabras, la sople sobre una tierra virgen de significado—. Mejor dicho, surgirá la arcaica pregunta en algunos labios sensibles: ¿Qué hacer, cómo tomar contacto con la verdadera realidad, a la que no llegan las palabras, si no es por la palabra misma? ¿Qué caminos hay por andar?
Antoja pensar en el viaje, irremediablemente solitario (y sin retorno), y en la condena a la soledad, a la incomprensión. Es imposible volver tras los pasos como un moderno Prometeo y regalar el fuego a los hermanos. Es imposible volver curado de pasado, de presente y de futuro desde ese otro lado. Imposible, im-po-si-ble.
En todo caso, si no fuese imposible, se vuelve todavía imposible la transmisión: modular, en forma de palabras, gestos, o cualquier herramienta de comunicación, aquella vieja visión de paraíso.
Es por este pensamiento articulado por el que sé que es un viaje de ida del que estoy muy lejos.
Es por este pensamiento articulado por el que sé que me encuentro en franca anhedonia, por que los verdaderos sentimientos, lo que es real, está allá, del otro lado, tapado por la pared, y esto que está acá, este corazón, es sólo ilusión, un pequeño esbozo de lo que espera.
Sé que estoy acá porque no he llegado, porque no he partido o quizás he partido pero estoy ahí nomás de la salida, porque no sé buscar. Quizás no hay que buscar, porque no es un viaje y es algo que se encuentra solo, un interruptor que hace clic en algún momento del camino, de la vida, de los pensamientos. La mente quedará en blanco, el sol dejará de llamarse sol y el cielo, cielo. Pero el sol será infinitamente más Sol que antes, y el cielo, infinitamente más Cielo que antes.
Surge el impulso de buscar indicios, pistas, trazos de esa otra realidad. Movido por el fuego — ¿heredado de Prometeo? —, tan propio de mi raza, de mi humanidad, voy caminando sin rumbo, trazando la misma hipérbole por la que han caminado ya otros fulanos, dibujando sobre el aire un garabato que siento original, pero que está tan gastado, tan remendado en su intangibilidad (y a la vez es tan mío que lo hice con pedazos de mi alma, que duele la tinta mientras se forma en el aire).
Este garabato es camino, es viaje, es indicio y pista, pero nunca llegada, nunca solución de La pena existencial. Pienso en la locura, en la incapacidad de comunicar, en esa libertad tan dolorosa. Surge el miedo del error de cálculo, y qué tal si…
Pero no, mejor no pensar consecuencias funestas e imaginarnos regresando con toda pompa como profetas en propia tierra.



II.

Entre cuatro paredes blancas estoy, pensando, vestido todo de blanco, pensando. Con dos manos (parecen las mías…) tan limpias y blancas, pensando. No sé por qué estoy descalzo, pero adoro la arena húmeda entre los dedos, el sonido a mar detrás de los granitos mojados de arena salada, el sol tan cerca de los ojos (parecen los míos…), el cielo tan cerca del suelo. Todo parece una tela, un pañuelo que puedo quitar de un manotazo y lo que está detrás está tan al alcance de la mano, pero… después de un parpadeo, ya no hay arena: estoy preso tras los ojos (¿éstos son mis ojos?), entre cuatro paredes blancas mi yo pensando, todo blanco, tan blanco.
Trato de gritar: no sale la voz; parece amputada, cortada de raíz. No sé dónde estoy, cómo llegué aquí. Entonces sonrío de miedo, horrorizado viendo a la gente pasar a mi lado, tan blanca. Me muevo, o me mueven.
El enfermero (porque sé que es un enfermero), devuelve condescendiente la sonrisa que le arrojo, mientras balbucea noséquérreferenciaaunprocedimiento y me lleva, porque ahora estoy seguro que me lleva, a una habitación ya no tan blanca, ya no apacible. Definitivamente sin mar, sin arena, sin cielo. Sin sol.
Me mueven otra vez, me recuestan; parece una cama, pero es tan incómoda… No sé por qué me atan, no sé por qué los cables en mi cabeza. No sé por qué.



III.

Los relojes de Dalí:
fiel representación del tiempo,
la eternidad circular de Nietzche
en el minutero
de relojes de bolsillo

vuela un pato
escapando
de tu pulóver

¿Cómo despegarse,
cómo salir del circuito?
¿Cómo detener
algo que no existe
pero corre en la muñeca?

Novela interminable,
la vida.

Y un pato
volando
escapando
de tu pulóver.


domingo, 17 de junio de 2018

Llorando en el espejo: Clics del exilio, el país de las maravillas.



por Nayla Zárate






I.

Te siento, 
y aún sin verte, veo
tus ojos, tras esta pared,
ahí, a mi alcance
y sé que estás, 
mirando otra pared,
otros ojos quizás,
viéndome, presintiéndome,
con seguridad, garabateando 
la espera

te siento, 
en el desorden de algún cuarto
poniendo letra al desconcierto
de ropas 
y demás cachivaches
y te busco, sin buscarte,
y sé 

que estás ahí,
esperando sin esperarme,
haciendo lo que sea que hacen
los que esperan
en ese limbo sin tierra,
torciendo y zurciendo,
papeles y palabras.





II.

Caminando, ¿cómo más?, por calles pedregosas y anticuadas. ¿Cuántos años tendrá, la calle, la ciudad? Y para mí, para un Yo, todo tan nuevo, tan recién bajada del avión, tan fresca, como el fresco aroma a lluvia, que es igual en todas partes. El viejo continente, ¿cómo habremos llegado hasta acá? Digo habremos, porque a pesar de físicamente estar tan sola, traigo a cuestas el recuerdo vívido tan vivido, tan… pesado, que puedo reemplazar todo lo que me rodea. Estos edificios viejos, por otros edificios viejos. Gente que no conozco que cruzo por las calles, por gente que no conozco que crucé por las calles. El café hacia el que voy por otro café. Casi, casi hasta puedo reemplazar la silla vacía que seguramente esperará frente a mí, por una imagen conocida, fraternal, casi. Casi puedo perpetrar una mágica ilusión que tiña una fresca saudade, que devuelva una vieja sonrisa plateada. Mientras caminamos, las similitudes. Las calles son frías en todos lados, y la garúa, tan fina que da gusto, también está acá y del otro lado del charco.

Caminando, con paso lento calles nuevas, verde grisáceas, agolpadas de suizos o vaya a saber qué nacionalidad tengan los fulanos, me siento cómoda. El espacio entre las nubes grises y el suelo está cubierto de agua y de íntimos acordes de guitarra, Joni Mitchell suena en todas partes, entre los espacios vacíos. Bah, no vacíos, todo el mundo sabe de las propiedades del sonido. Bla,bla. Qué hermosa imagen, rebosando vida. La música, las calles, la gente, el Yo, todo se conjuga en este desconocido lugar, haciendo los primeros pasos en el nuevo mundo, nuevo para mí, este viejo continente. Qué hago acá. No sé.

Del otro lado del charco quedaron muchas cosas. Recuerdos, más que nada. Otro terroncito de afecto en el café, yes, thanks. Así las cosas, mejor que queden atrás los recuerdos. Otro tanto, de todas formas, vino conmigo, subió las escalinatas del avión conmigo, impregnado en la ropa, en el cabello, en los ojos. Va a ser difícil borrar todo, dejarlo todo. Se impone intentar. Supongo que también algo te dejé, un par de libros, la puerta abierta hacia nosédónde. Hoy sos un borrón, una sonrisa flotando en la oscuridad, un potencial, gatito de Chesire. Te perdiste, o nos perdimos. Andá a saber cómo fue. Me tengo que ir, las últimas palabras que escuché salir de tus labios. Por supuesto, no fueron las últimas, porque nos vimos después un par de veces más. Pero fueron las últimas palabras en mi corazón, luego ya estabas ido. Me tengo que ir todavía sigue rebotando en las paredes vacías en las que solía estar un recuerdo completo. Ahí nomás, dejé mi manifiesto, casi como testamento, regalé un recuerdo, un hasta siempre, un “esto es lo que quería para nosotros”, y eso fue todo. Se terminó. Seguimos en contacto, por supuesto, porque éramos más que lo que éramos, aunque no lo supiésemos, aunque nunca lo valorásemos. No lo valoro en su totalidad ni aún ahora, imagínate. Creo que éramos más que lo que éramos porque habíamos sido antes, porque ya nos pensaron antes, porque somos desde siempre y tal vez seremos hasta el infinito. En ese potencial nos quedamos, en ese pudo ser, porque fuimos cortando de raíz lo que sabíamos que no tenía ni pies ni cabeza, lo dejamos ahí porque yo ya lo había visto, porque vos lo habías intuido, pero siempre quedó el fuego, incluso hoy, que ya casi ni nombre tenés, sólo la sonrisa. Y algún que otro recuerdo, un dibujo. Todavía sigue el fuego, porque ese fuego estaba antes que yo, antes que vos. Quizás todavía lo sientas por ahí, cuando me ves entre tus cosas, en un par de palabras, en esa boina, en la loca música, un vicio más. Influencias, lo que sea. Sobre todo, me ves en la calle, quiero pensar, entre los chicos que juegan a las escondidas, al ladrón y al policía, a la rayuela. Y vos queriendo meterte a jugar, sin poder, porque nunca supiste ni vas a aprender nada, por más esmero que pongas. Nunca aprendiste a desprenderte, de los velos, de prejuicios que prometimos no tener entre dos pares de pupilas, y que. Sin embargo. No pudiste aprender. Ninguno de los dos en realidad. No sé por qué asalta el recuerdo del no recuerdo, del vacío, justo acá. Un hueco de dos palabras que dice lo que quieras, justo acá. Quizás por eso viene una al presente, para acrecentar la memoria, para pintar ese plateado y darle un poco más. De presente. Tiempo, regalo, lembrança, imagen. Quizás, fingir venir a olvidar lo que resta olvidar para venir. A recordar lo poco que se puede recordar. E inventar lo demás, llenando el espacio entre islas, un poco de arena, un par de acordes, una palabra. Hay que pagar este café. Todo está tan caro.





III.

Después de siglos de rigor,
por calles duras, de piedra, 
de frías ciudades,
con la nariz enterrada 
en la bufanda azul,
bajo luces naranjas, 
la oscuridad en ciernes, yace 
sobre escaleras solemnes
esperando, la llegada del Sol.

Entre tanta ausencia,
tanto rostro sin color,
tanto corazón sin calor,
perdiendo el instinto,
vacilando en sinsentidos,
algunos buscan 
otra vereda,
otro atajo para salir,
pernoctando junto al estuario,
soportando entre frágiles dedos
los cabellos de una viuda negra.



IV.

Bajo la negra oscuridad de un plato de café servido para un perro, en eterna espera de una flor, de un corazón, no vale la pena, una revolución sin bailes. Es un escozor que llega desde dentro del cerebro, que no permite perdón. Viviendo en Ginebra en ginebra, la locura es portátil, un rico caldo. Aunque genere odio las verduras de goma que tiene. Vegetales deshidratados, dice la etiqueta. Entonces devoramos musicales rojos y negros, banderas de un octubre en naftalina, agotado ya, prostituido tantas veces. Una pobre princesa de arrabal casada de palabra –de palabrita nomás- con el amable lumpen de la otra cuadra, ese que ahora andará muerto de frío bajo sus decenas de grasientos abrigos. En estos turísticos días por la turbulenta reciprocidad de las tocayas, leo tanto, y tan rápido, que parece que tropiezan las letras de una palabra con el final de otra, esas perlas negras entre blancas finas telas de marfil, tan suaves, tan maleables a las manos, es como palpar el agujero del fondo de la bolsa del gato, mirá lo que te digo. Del fondo del agujero, hermano. Palpar. Absolutamente estúpido. Y voy metamorfoseándome en personajes de libro. Parece que estoy mirándome desde arriba, viendo como caen las gotas de vida sobre el pálido papel formándome, miles de puntos uno sobre otro, uno al lado de otro formando una línea, cada línea formando una letra, cada letra una palabra, tan rápido, tan intenso, que entonces una. Un Yo, en este caso, comprende de repente que tiene que existir un destino. ¿Será posible, será real, la presencia de esta sensación?, el puente formado entre una realidad y su paralelo, el pasado y el presente, se hace casi perceptible, y este aire de epifanía, de intento de debate mental aparenta tener sentido. Y así soy, pertenezco y vivo, observo y soy observada, estudio y soy estudiada, en caóticas páginas. Entre las hojas vírgenes de mi historia, hay otras que tienen unas pocas letras, algunas casi hasta forman palabras. Todavía la relación, el balance de lo escrito/por escribir está desarrollándose, y todo está tan retoño, que da gusto la disociación, el mirar, el auténtico backstage del universo .Siendo precisos de un universo. Siempre quise un árbol. Hoy por fin tengo un árbol, pero lo voy a esconder durante un tiempo para que no sospechen. Los censores del tiempo, que no sospechen. Hay días como hoy en que simplemente la tarea más correcta quizás sea atornillar una canilla al cerebro aunque más no sea para cerrarla. Está perdiendo, che.

lunes, 11 de junio de 2018

Conversaciones contra la raya


por Marcos ‘pupila de náufrago’ Gunn







a todos los laterales, 
a los distraídos de siempre;
al Corvino, gracias 

Sócrates. Además de amigo imaginario de Platón, plateada idea de filósofo, 8 fantasma, jugador de fútbol. Sócrates, jugador de fútbol. Mediocampista inteligente, distribuidor adentro y afuera de la cancha.
No quiero hablar de Sócrates, siempre se lleva los focos. En el equipo de los filósofos, los existencialistas juegan en las bandas. Contra la raya. Todo el mundo sabe que después de la línea de cal no existe nada. O existe la Nada. ¿Mejor?
Los laterales existencialistas, funambulistas haciendo equilibrio en esa delgada línea. A veces la pelota sale de la cancha y saltamos hacia la Nada a buscarla, para meterla de nuevo en un... ¿cómo se decía antes? Ah, sí, saque de banda.
Soy lateral derecho, el 4, a la vieja usanza. A los futboleros no nos toquen los números, el 4 es lateral derecho; el 5 mediocampista central, tapón, corte y distribución; el 9 es el egocéntrico goleador, el romperredes, el punta; el 10 es el mejor, el más creativo, el tipo con más imaginación del equipo.
Juego de 4. Mi equipo es una aplanadora, golea todos los partidos. El último lo ganamos 6-1, un trámite. En realidad… todavía no termina. Pero no va a pasar más nada. El futbolero lo entiende, hermano. En partidos como este, un lateral no tiene mucho laburo, como se imaginarán.
Y tiene mucho tiempo libre. Para conversar, con el pasto, con el viento, con la tarde que va cayendo. Aunque ante espectáculos como el atardecer sobran las palabras, eso está claro. Pensar en Dorothy, otra funambulista de puentes amarillos.  Asociación de tres conceptos, hasta parece fútbol. Fútbol abstracto, Dalí jugando de 11.
El gran objetivo es ganar la Copa. Jugamos contra rivales muy jodidos, eso lo sabemos. No subestimamos a nadie. Por eso goleamos los partidos, nunca bajamos la concentración. Fijate, por ejemplo, el último partido: minuto 80 más o menos, hizo gol hasta el aguatero y el 9 no había tocado una sola bocha todavía. Nuestro mejor player, el enganche, el capitán, tampoco había hecho goles, y en una de las jugadas, precisamente esta de que te cuento, cerca del minuto 80, se acercaba al área con pelota dominada, para su pierna buena. En realidad… no tiene pierna buena, tiene una pierna excelente y la otra sobresaliente, pero bueno, con la mejor de las dos. Esto lo estoy viendo desde atrás, a la derecha. No sé qué le pasa al pibe, es el mejor y se resbala. Está meado, no puede hacer goles últimamente. Se resbala en la puerta del área, la jugada se diluye. Pero por algo es el 10, el pibe, el más creativo. Ve al 9 haciendo la diagonal. Esto está pasando en una milésima de segundo. Y desde el suelo se la pone detrás de la zaga central. ¡Desde el suelo ve una diagonal y la toca! Y el 9  rápido, inteligente, eficaz, la primera que toca. Su primer contacto con la bocha. Es derecho pero la agarra de zurda, hambriento. Con el empeine tirando a tres dedos. La clava adentro. Golazo. Ese fue el 6-1. Apagá y vamos.
Pero quedan 10 minutos y hay que seguir jugando. A lo mejor el crack aprovecha y se saca la mufa, quién sabe. El partido se va hundiendo en el sopor de lo que en los catálogos futboleros es un partido liquidado.
Por fin, dirían los paraguas, después de 6 nos bajan la persiana. Pero nosotros respetamos a todos. Los respetamos haciéndoles 6 goles. Bajándoles la caña, porque el fútbol es un estado de ánimo.
Lo peor de ser lateral derecho es la vuelta, mirando el pasto, cortando los yuyitos. Pero está lindo el mundo, so far. Aunque es muy difícil encontrarle explicación. Epa, el mundo se ha vuelto 2.0. Y capaz estoy llegando tarde y ya debe andar por el 5.0.  Maldita sea. El mundo es una irracionalidad, de todas formas. Una pesadilla a la que le ponemos una explicación. Una serie de convencionalidades, de rayas. Como las letras, esos dibujos raros. O la pelota.
El universo es un lugar muy grande, por alguna convergencia hay que intentar explicar algo que no tiene explicación. Que es simplemente la demencia. Una serie de irracionalidades. Una cosa japonesa. O algo oriental. El mundo no tiene sentido. No lo tiene. Es hermoso el universo. Pero pensamos demasiado dependiendo de la vista.
Es lo que a veces fantaseo llamar la occidentalización de la vista. Le damos prioridad a un sentido, a la visión. Eso te lo enseñan en 2° grado. Pero es una serie de impulsos eléctricos, de convencionalidades. De este color es verde para los dos, y este otro rojo, y este celeste y blanco; pero bueno, ganamos 6 a 1.
Un 6 a 1 puede ser la fundación de cualquier sociedad. Podemos convenir seguramente en un punto. Que son una murga. Categóricamente, les rompimos el culo. Los dos equipos pueden estar de acuerdo en eso. A partir de esa seguridad se pueden empezar a construir algunas certezas. El mundo se pliega en cualquier parte para ser.
Seguir hablando porque es como la canción con todos. El lenguaje como archivero. No inscribirse al cinismo con tiza. El mundo es un lugar raro. Nadie sabe cómo se maneja esto, loco. La mente.
Paso uno, agarrar el manubrio.
Paso diez, culpalo a otro del choque.
Vieja, aguanten las plazas.
No hay choque, no existe eso. Hay ganas de ponerse de acuerdo, de conversar.
No hay choque, pero vos te ponés la de Chile y yo la de Argentina.
Qué Chile ni Chile, yo me pongo la de Paraguay, que tiene más huevos que el equipito de tu barrio.
Disculpá, quise ser educado con vos pero parece que no te entra todavía que te estás comiendo seis pepas. Pensar en el Diego porque en 10 minutos no pasa nada. La vida es una tómbola. El tiempo es una tómbola. Es pura irracionalidad. Una serie de convenciones, decíamos. Es muy raro conversar así. La vida es el vacío.
Vedanta Yoga, diría el 3 chino, un verdadero mago. En la obtención del Otro que viene envuelto (tal como aparece) por la pregunta y la explicación. También es una convención. Me mira un arrugado rostro en la tribuna, sonriente y dice, sabiamente, que la locura es el verdadero estado del mundo. El caos, la incomunicación. Que somos viejas almas, frágiles, inmortales, tratando de tocarse, de sentir, de ser. De evitar un horror. Pero el horror existe, es real, y lo artificial, el verdadero paraíso de Baudelaire, no eran las drogas, era el lenguaje.
Che, ¿y todo ese postestructuralismo francés? Por ahí anda la cosa. Esos tipos sabían.
Concrete jungle. Civilización 5.0. ¿Te pusiste a pensar alguna vez en el capítulo 73 de Rayuela? No sé, no existe el ego en ninguna parte, pero fíjate vos que hablando de… En algún punto el péndulo de Foucault… Habría que seguir el camino del ojo y decir algo relacionado con Ben Affleck.
Para qué. Si se sabe. Incluso Freud diría que no es que entra por los ojos si no por el Falo. Falocentrismo existencial. El cinismo chino de siempre. Galletitas de la fortuna de barrios coloridos con letras estéticamente dibujadas. A todo esto, ¿en serio sos paraguayo? Me contesta Yo soy… y así me defino. Hay que ser puntitos suspensivos, eh. No cualquiera no tiene bandera. No es paragua, Barthés. No era par. Agua para bares. Es lo obsceno del amor, dice.
A todo esto, ¿de qué lado te ubican en ese lugar en el que trabajás? En ese… Hospital Psiquiátrico.
Internado en el 2° piso, obvio.
Claro como el agua.
¿No estábamos en la cancha? Bueno, después un par de vueltas para qué molestarse.
¿Demasiada info? Paramos cuando quieras. Índice de masa atómica, otro péndulo de Foucault. La verdad es que hay viejos demonios, viejas almas chinas. Como gatos, bajo hermosos disfraces. Mirando el sol caer por la ventana, viendo el partido.
Pero no hay ventana. Tampoco pared. Ni partido. Hubo un momento complicado, pero ya pasó. Cuidado, cuidado los escombros. Igual seguimos ahí, volviendo, deshaciendo los pasos contra la raya.
Qué lindo. Viendo el atardecer, sobran tres palabras. O unas cuantas. Pero hay música. Estamos, entonces, escuchando lo que un ser hermoso tituló Para los Árboles. Una canción preciosa llamada Néctar que es precisamente eso.
Para los Árboles. Como justificándose, diciendo que no les sacamos una guitarra, nada más. Es muy loco conversar de tú a tú con una canción. Signo de pregunta. Faltaría que esté el Flaco, simplemente para cebarle un mate. Y el Flaco desde atrás, como diciéndote. No hace falta. ¿Es muy loco conversar con Luis Alberto? Es increíble lo que nos regaló.
Ese tipo estaba del marote. Y no sé, me dicen. Melodioso como ninguno. Un poeta. Y llevas el caño a tu sien, apretando bien las muelas. Ah, no. El Flaco diría algo como Pies de Atril. Formas y formas. Se sabe. Bueno, me equivoqué, che. Peor es perder 6 a 1.
De los árboles a las Viejas mascarillas de la isla de Haití. Hermosas letras. Canción hermosa. No entiendo nada de lo que dice pero las imágenes son hermosas. Spinetta nos diría ‘y… es poesía’ con cara de ni yo entiendo. Siempre tan cálido y tierno, el Flaco, pero…, cómplices, en realidad entendemos y hay un puente, silencioso subterfugio. Creo que una certeza tan grande como una goleada es saber. Dos puntos. Que vamos zurciéndonos en canciones de Spinetta; somos funambulistas de cordones de vereda. Alma de lateral.
Y bueno, el partido no termina. Todo es una metáfora circular. Lugares llenos de convergencias. Agujeros negros. Benvenutti al Maëlström. Gracias, cuervito. Literatura son las distintas formas de saltar un hueco, de mirar un abismo. De meter la pelota adentro de la cancha.
Convergencias. Vos fíjate que Jean Paul Sartre vino a hablarme el otro día, disfrazado de titiritero. Y me viene a decir lo de arte comprometido. Es un extraterrestre por donde le mires, pensé. El pensamiento del tipo existe a miles de kilómetros, miles de medianoches después en la forma de un viejo francés en el litoral. ¡A la Pacha, Juan Pablito! 
Todo converge en el aleph de los ojos, de los oídos. De uno. El universo conspira a tu favor. Nos vamos zurciendo con canciones de Spinetta. Si pudieras ver lo hermoso aleph delicioso que es en tantos sentidos. La Pacha que dio tu viola. De pájaro cantor. Había sido que teníamos un vecino poeta, chamigo.
En realidad, estoy tratando de conversar con vos. Llenando los espacios. Porque no contestas, enarbolo. En árbol o. Intuyo. Lo que vas a decir. Feel free to jump in any time. Ah, esto fue una conversación monologo ping pong entre tu sujeto y tu yo, digamos, me dice. Hasta que de a tanto te contesto. No sé con qué se come eso, le digo. O sí, interpretalo como quieras.
Picture yourself in a boat on a river, with tangerine trees and marmelade skies… algo así, la memoria me resulta complicada, como diría Luis Alberto. Perdoná, estoy muy egorrágico. Literaturra, viste. ¿Dos lunas, o un mero reflejo?
Che, disculpá que te ofrecí una forma de conversar y ahora me esté retrotrayendo, dando pasos hacia atrás. Haciendo la raya. Pero es que me dejé pensando. Que te dejé una gotita así que decía Jean Paul Sartre. Y tengo que decir algo de Jean Paul Sartre. Que nada que ver, no me parece bien esto del arte comprometido. No me parece bien esto de las acciones poéticas.
O sea, ¿te das cuenta que lo que estuvimos haciendo nosotros hasta este entonces es intentar conversar, vos y yo? En realidad, estuve tratando de conversar y no me contestás. De cualquier forma esto no tiene nada de… no tiene nada de militante, nada de beligerante, nada de comprometido, ¿me entendés? Solamente las ganas de conversar. Y capaz que es eso el arte… conversar, tirar una sonda al espacio. Simplemente conectar. Bueno, ese es mi problema con Sartre.
¿Vos que decís, loco? ¿Está bueno esto, hasta ahora, o no? Para mí que está bastante bueno, eh.
Está lindo el mundo, vieja, eh. Todavía no se termina de descubrir.
¿Qué onda con toda esa parafernalia pintaparedes?
Nada muy distinto de ninguna tura, supongo. Hay una luna llena ahí, dando vueltas. No para vos, no para mí, no para ella, no para nadie. E infinitamente, amorosamente para vos, para mí, para ella, para… Literatura son distintas formas de describir un pozo. La realidad. Se hunde, se ahonda. Se profundiza. Che, loco, acabo de ver, en la calle, así, en el medio de la calle, una construcción. Todo bien hasta ahí. En la construcción había un toldo. ¿Dónde estaba el toldo? El toldo estaba en medio de la calle. En medio de la calle, el toldo. Tapando todo el cielo, haciendo un túnel de vereda a vereda. Vereda, calle, vereda, toldo, vereda.
¿Sabías que las calles también se construyen? Eso que viste probablemente haya sido la construcción de una calle, y las construcciones de calles también necesitan toldos. Obviamente, ¿Qué pensás que hacíamos, cuando conversábamos? Pintamos un edificio, pintamos una vereda, pintamos una calle, y pintamos un toldo.
Pero de verdad había un toldo en la calle.
Y pintó el toldo. ¿A vos no te pinta el toldo nunca? A mí me pinta el toldo. Convergencias. Techitos para la calle. Están buenas estas conversaciones de bolsillo, anacrónicas, está bueno que no tenga tiempo esto. La tecnología tiene cosas buenas. Obra de Marta Minujin, me dicen, seguro. Obra del demonio, digo, si le preguntan a alguna vecina. Le llenan de agua la vereda. Agua estancada. De Resistencia. ¿Qué opinás de la hiperrealidad? Buscalo.
Igual, no hace falta. Fijate cómo sale conversando, nomás. No sabe la semilla que me impuso. Las calles también se construyen. Tal vez sí sabe, y es un regalo. Como las canciones de Spinetta, viste. Esto no tiene precio. Y no es una sanata como las pavadas que te dice Jean Paul Sastre.
O capaz que no es una sanata y es el simple existencialismo que te pega una patada en el tujes, así, y caés en medio de la vereda al charco de agua. Estancada. De Resistencia. Y Jean Paul Sarstre se te caga de risa. Ja, ja, ja.
Punto y aparte para hablar de la pronunciación de Sartre. Sastre, Sartre, Sastre, Sartre. ¿Es una joda, me traiciona el inconsciente? Jean Paul Sartre es un sastre. Mi inconsciente me lo está diciendo así. Los aparatos digitales van a terminar matando a la literatura. Y eso te lo puede firmar Juan Pablo Sastre.
Como el ingrediente de la coca cola y esos otros elixires y esos raros peinados nuevos…
En acotación a esas tres palabras, simplemente un Dios bendiga a Charly García. dios bendiga a Charly García ¿Charly? ¿dios? ¿Bendiga?
Qué loco el disco de Spinetta, eh. Para los Árboles.
Ahí también sobran tres palabras.
Igual, el Flaco este es medio loco, tiene una fijación con el número tres, si te ponés a pensar. Dulce 3 nocturno, por ejemplo, o tres llaves.
Y bueno, andá a saber qué puta pensaba, qué pasaba por su cabeza. Quiero creer que solemos conversar de vez en cuando, pero bueno.
¿Cómo era el título ese de la canción… de Charly y Spinetta? ¿Rezo…por… vos? ¿Por quién rezan? Cantaban los dos: ¿para quién rezaban? Se rezaban uno al otro, cuenta la leyenda, de altar a altar.
En realidad, creo que nos rezaban a nosotros. ¡Nos rezaban a nosotros, esos tipos! ¡Se le prendió fuego la casa a Charly cuando estaban tocando en vivo para un programa de televisión…! ¿cómo estamos? Hola Don Pepito. Las vicisitudes de crear en la calle. Soy un vecino. Estas partes no tiene la literatura. Los tachones, viste. Pero… como te decía ¿dónde estábamos? Ah, se le quemó la casa a Charly mientras los dos tocaban para un programa que supongo que se llamaba Cable a tierra. Y si no se llamaba… Sí, ¡Cable a tierra se llamaba! Y Fito Páez… ¡Fito Páez le hizo la cortina musical al programa musical en el que tocaban Charly y Spinetta, allá en 1985!  Un año después del fin del mundo.
Si uno se pone a pensar lo que en ese entonces pensaba la gente. Porque la gente sabía que se juntaron los dos tipos a hacer un disco. Se juntaron Charly y Spinetta a hacer un disco, ¿entendés? Todo el mundo sabía que Charly y Spinetta estaban haciendo un disco. Se juntaron un día y dijeron algo así como ‘bueno, vamos a tocar en la tele’ y qué se yo. El tema que tocan: Rezo por vos. Y cuando dicen ‘y quemé las cortinas y me encendí de amor’… Charly, el muy loco… viste…eh, ¿cómo se llama, cómo se dicen esas cosas? Transformadores o… bueno, Charly es un loco de los transformadores, si no me creés escuchá Inconsciente Colectivo, qué se yo.
¿A dónde iba? Ah, sí. El vago conectó un millón de transformadores y enchufes a los tomacorrientes o como se diga, para conectar la videocasetera, tratando de grabar el recital, la canción. Y se le incendió la casa. Le chispearon los cables, saltó la corriente… ¡y se le incendia la casa a Charly! ¡Justo cuando dice ‘y quemé las cortinas y me encendí de amor’!
Dice la historia que el Flaco, obviamente, se asustó. Imaginate todas esas energías, esas cosas que se concentran, que convergen en un solo punto. El Flaco le pedía perdón a Charly por haberle prendido fuego la casa. Spinetta pidiéndole perdón a García por… quemarle la casa. En serio. Porque mientras tocaban un tema llamado Rezo por vos, se incendió la casa. Charly, obviamente, recontra caliente, enojado con Spinetta porque se culpaba y sabía que no era culpa de nadie. Más que nada era culpa del transformador, viste. Enojado, le arroja un cenicero, gritándole al Flaco para que entienda que él no tenía la culpa. Que era el transformador. Decime si no es una discusión filosófica, poética, artística y etcétera, en el centro de un transformador. El arte es un transformador. Y Charly García es una antena. El tipo es una antena. Escuchar Chipi Chipi.
Hizo un disco llamado Say no More, que los terrícolas todavía no podemos entender.
Constant Concept. El tipo es Dalí haciendo música. Y no es ninguna exageración.
Me meto en los entretelones del edificio, en las escaleras (laterales) para hablar un poco de Charly. ¿Por qué? Qué se yo… estábamos hablando de Sartre. Ah, bueno. Qué cagada este Sartre, cómo nos perfumó el pensamiento sin que nos demos cuenta. La culpa de que la gente odie a García, o que no lo comprenda, más bien. Que desde Say no more hayan escuchado pero no oído, y hayan dicho algo como ‘Mmm… sí… no sé…’ es de Sartre, tal vez. Charly es un maldito Sartreano. El tipo hace arte comprometido. Él es su arte. Hace Constant Concept. Alguna vez veremos lo antena parabólica que es el señor García. Es el espejo de toda una sociedad. Y no hablo de generaciones, de los 70, de los 80, de nada. Ponete a pensar que estamos conversando con Charly García. Todo en él es actual. No hay que perdérselo.
Ya llegó la luna llena. El partido terminó hace rato pero seguimos conversando para ver si el 10 hace algún gol. Estamos los dos nada más en la cancha, a esta altura. Por ahora se la pasa tirando las pelotas a la tribuna. Qué hijo de puta. Si de algo uno se da cuenta, es que se siente uno como un gato. Caminando por los tejados, por el cordón de la vereda. Y maravillándose de todo lo que hay. Un gato funambulista. O Kafkiano.
Volviendo al Aleph, no sé si Borges era un genio o estaba loco. En el Aleph cuento hay muchos alephs. Para empezar, el de las escaleras, que es el núcleo de la historia. Pero también está Beatriz Elena Viterbo; el juego de la musa, un aleph por donde lo mires. Después, lo tenés al aleph Borges; Borges personaje, Borges escritor. Tambien está el aleph cuento. Debe haber muchos más. Creo que Jorge Luis era un nene. El tipo tenía unos… no sé a qué edad se murió el viejo. Estaba ciego. Escucha esto. Estaba ciego y trabajaba en la Biblioteca. Era curador de la biblioteca. Imaginate la poética de la situación. Borges se habrá cagado de risa hasta que se murió. Es increíble. Decíamos que el tipo era un nene, un chico. Lo leés a Borges y es una criatura. Se divierte escribiendo, hace juegos de palabras, descubrimientos, asociaciones entre la literatura y la esquina. Para mí algo de eso es el aleph, la convergencia de las cosas en un puntito del universo. Para mí eso es el aleph. Ponete a pensar en rezo por vos, todo se cierra en un puntito así chiquitito que es un transformador. Beatriz Elena Viterbo. Para mí que por esa rezaban, eh.
Borges era un maníaco como Charly. Sospecho que el aleph tiene algo que ver con eso de la hiperrealidad.
Esto es lo que sé hacer. Nietzche es un tipo que hizo algunas películas horrorosas. El tipo vivía en una eternidad circular. Filosofía barata y zapatos de Cronenberg, sacá la tacuen. Lo que quiero decir de Filosofía barata y zapatos de goma no tiene que ver con García. Tiene que ver con esa otra persona que rezaba por vos. Y por vos, y por vos.
Me preguntan con cuántas personas estoy. No sé, ya me empiezo a asustar, contesto. Soy esquizo, medio border, lateral derecho, contra la raya. Acá en el segundo piso estamos todos.
Bueno, retomando. El Flaco, antes de irse a quién sabe dónde, le regaló a Charly antes de tocar Rezo por vos en el recital de las Bandas Eternas —ese precioso regalo a la humanidad, a lo que sea que es esto que pasa mientras nosotros dos conversamos—. Imaginate la situación: está el Flaco tocando desde hace por lo menos unas… dos horas, o por ahí, tocó con su banda más nueva, también con Spinetta Jade, con Cerati, tocó algunos temas de Artaud, tocó temas de Kamikaze, tocó con Fito un par de temas, con Juanse, tocó… tocó con sus hijos Necesito un amor, el tema de Manal. Rapeado. Excelente el tema, excelente el tema. Antes que Charly pase al escenario — en mi mente Charly no sabía esto— Luis Alberto se pone a tocar Filosofía barata y zapatos de goma. Ponete en los zapatos de García un ratito. Tras bambalinas, por salir a tocar Rezo por vos escucha su canción en las manos y en la voz del Flaco. Hay muchos regalos dentro de un regalo, la resignificación de la lírica, un millón de guiños entre dos amigos, un pedido de disculpas, el solo de guitarra que en la versión original es la garganta de Lolita Torres. Es hipnóticamente encantadora la sonrisa del Flaco mientras manotea el atril lleno de sabiduría. ¡Las canciones que tenía ese atril! Y el tipo cagándose de risa cuando dice ‘y enamorado de las sirenas’. La voz del tipo, tan frágil, tan poesía. Pies de atril, pies de atril. El tipo agarra las palabras de Charly ‘quise quedarme pero me fui’, y ahora se pone uno a pensar las cosas que dice. Voló en la pluma, en la música de Charly. Quise quedarme pero me fui. ¿Sabía que se estaba yendo y estaba dando su canto de cisne?
Es ese el tema con Charly, lo podés reemplazar con cualquier otra persona. Charly es un espejo, es todos nosotros. En tanto y en cuanto a Luis Alberto, era… es, lo que sea que es Luis Alberto. 
¿Por qué será que a la gente no le gusta Spinetta Jade? A mí me encanta. Obviamente, la época spinettiana que más me gusta es la de Invisible. En realidad, todas las épocas de él son geniales, pero hay una parte emocional que me ata a Invisible. ¿A qué iba con todo esto? Ah, te hablaba de Spinetta Jade. Por ejemplo, Alma de Diamante es una locura. No entiendo una mierda de Jazz y leí apenas Castañeda, pero es íncreible lo del tipo, cómo devora, mastica, resignifica, pasa por su señal toda una obra a partir de lo que fue para él. A todo esto, no es el disco ni la canción que más me gusta de Spinetta Jade. El que más atrae es ese, el que dice… Nena, te traigo esta canción que descubrí, en el deslinde.
Están apagando las luces de la cancha. Algún día hablaremos de Beatriz Elena Viterbo, hablando de alephs y de Borges y el nene cagándose de risa y etcétera. Cronopiamente.
Buenas salenas, cronopio cronopio. Ponete a pensar lo que pensó un cronopio para comenzar un libro. Por el capítulo 73. Y en realidad lo podés empezar por donde vos quieras. Es increíble ese libro, una piedrita para jugar a la rayuela que a la vez es la rayuela. ¿De qué planeta viniste? Volviendo al tema Tres llaves de Spinetta. Spinetta habló con Foucault, de esas charlas hay un disco llamado Téster de Violencia, donde está Tres llaves. Pero es para otra ocasión.
Dale pibe, vamos, que apagaron todo y se nos va el colectivo. No le hacés un gol ni a Paraguay.
Y bueno… pero ganamos 6 a 1.

viernes, 18 de mayo de 2018

Sustantivos griegos. A los jóvenes de ayer, pinturas y juguetes



A las tres de la mañana, recortada en la penumbra, asoma la silueta del sonámbulo aficionado, mirando por la ventana del departamento. Habitación. Celda. Sala. Alguna vez habría que discutir acerca de los problemas de identidad de las horas que van desde las 1 hasta las 5:59. Puede ser que a la luna le guste mucho la poesía. En otra ocasión será. La ciudad. Inmensa, nido de gente. Parece vacía, y las calles. Sin alma, no devuelven un solo sonido. Dentro de los aposentos, sólo la canilla de la cocina con música de gotas suicidas, rítmicamente intermitentes chocando contra platos sucios de días atrás, todavía descansando sin lavar en el fregadero. La bacha. Sólo eso, nadie ni nada más. El lugar es el completo desorden. No es que importa. Fuma observando las calles desde arriba, sin saber. Que es observado. Por la gata blanca sigilosa, redondamente fría, acompañada de los pocos peces que sobreviven a las luces nocturnas. La ciudad, algunas cosas las tiene un poco más cerca.

También está en alguna esquina, pateando. Y en algún automóvil, por qué no. Ya se sabe, el Partenón no tiene líneas rectas. O al menos eso dicen. Rodeado de gloria, el hijo mayor de los Addams se la jugó entera por la residencia de los jóvenes, entre otras representaciones arquitectónicas de su país en pañales. Quién sabe, niña, este país. Tipo culto, rinde culto. Culto a la Pala. A Palas Atenea. Pero bueno, por el gusto a las estatuas piensa en Julio Florencio, ejemplo de estatua que cada día canta mejor, bruselense zorzal de ‘egues’, guevolucionaguio de la primera hora. En realidad, a deshoras, como este caso. Pensar en los paredros, porque para eso lo trajo al cronopio. ¿Qué son? Espejos, doppelgängers, sombras, prójimos, ayudantes. Pensar. En sus propiedades, sus fluctuaciones. Humo de incienso. Crisálidas y mariposas, marsupiales paredros mariposas. Pensar, en. Sus libertades. Qué deliciosos modelos para armar. Los que viven arriba de escalones falsos siguiendo manuales de instrucciones creen que es una suerte de escritor menor, de iniciación y otras boludeces. La verdad es que nunca le perdonarán a Julio su condición de niño. La intención de jugar. Feuille morte. Paredros existentes como entidades separadas de mente y cuerpo, dualismos estúpidos, resueltos en espejados triángulos, perfectamente perversos y vampíricos. Geometría literaria. O arquitectura griega.

Pensando en griego, había una vez. Un loquito, porque Grecia estaba llena de loquitos. Este tipo, este ágil perro blanco, este… lumpen, paredro delirante de otro delirante, deambulaba por las calles desnudando las monedas falsas, la moral, las costumbres, sin más herramientas que un farol, alumbrando los rostros de la gente. Sí, un farol. Buscando un Hombre, uno solo. Que sea honesto, jatefi vos. Escupiendo en la cara a las normas y a los giles. Tipo desagradable, por demás. O no. Deja impresión, eso sí. Imaginarse caralarga a Platón luego de regodearse de las enseñanzas de su maestro con definiciones de bípedos implumes, obteniendo por respuesta… un pollo sin plumas, risas y un hombre hecho y derecho. Correte, loco, me tapás el sol, le dijo a un pibito de Macedonia que salió a recorrer el mundo. Paredros hay en todos lados, hasta en Babilonia, de todas formas. Un poco más acá, lo que es decir en ningún lado, en un texto londinense se habla de un intérprete griego y de un Club metafísico, un club que se viene reciclando, rehaciendo, un club que hasta deambuló -o deambula todavía- en las nocturnas y ya no tan olvidadas calles del barrio latino parisino. Con un farol en la mano.

¿A dónde íbamos? Se pierde uno en estas curvas. No hay líneas rectas en el Partenón. O sí. Lo que sí sobra en el Partenón son las ilusiones ópticas, los pensamientos de jóvenes fumadores insomnes de tres de la mañana. Está en todos lados esta noche, omnipresente con recuerdos y asociaciones que flotan como hebras de humo. Acrópolis, necrópolis, narcópolis, metrópolis. Bibliópolis, por qué no, también. Las calles son también ilusiones. Entre el pasado y el presente hay un limbo que no tiene nombre. O sí. ¿Cómo se dice puente en griego? ¿Historia? ¿O literatura? Ficciones, ambas dos. El limbo no tiene nombre. O sí.

Conductas propias de un ser humano
¡Charcos!
Rincones poco más que asépticos,
tazas vacías de café,
bocas de tormenta,
algodones, jeringas,
éxtasis de ojos idos,
zapatillas rotas,
huellas húmedas en el cemento.

Bosteza un pensamiento, una vista hacia todo lo que es pasado. Brilló como el sol, tuvo la luna a su merced. Tempus fugit. Como una nube, como una ola, como una sombra. Como un conejo. La puta madre, eso no era griego, era de otro lado. Ya lo dijo, de todas formas. O lo pensó. Esclavo, es clavo de las agujas. Hoy despierta obnubilado ¿Despierta a qué? A nada, a la Nada. Despierta, al fin. Aprende, por lo menos. La voz de la experiencia, quería. Esa voz, que en su cabeza, en la vereda estrellada, en las espiraladas mentiras, faroles de tabaco, gotas del fregadero, le habla y le dice, le dice de nuevo que la experiencia es lo único que hay cuando no hay nada. Siddhartha no era un perro blanco pero meaba en los mismos árboles.

Finalmente, termina el pucho, y corre, se va. Apaga el farolito. Se acuesta en un deshecho colchón relleno de hojas de otoño con estrellas en los ojos. Lágrimas afloran mientras vuelve el tiempo a cachetearle, amoroso. ¿Violencia? Él es bueno conmigo, lo que pasa es que me porto mal, lo justifica, ante su paredro. Preso en la ciudad. Simplemente preso, en realidad. Duerme, al fin. Duerme y se va.

¿Conductas propias…?
¡Gabardinas!
Turbia propiedad del humo de la mente,
la cruel panorámica del whisky barato
carcomiendo los huesos
en amables callejones
llenos de orina y vómito
y humanidad
esparcida en la basura.


jueves, 3 de mayo de 2018

Vos también estabas verde

I.






No sabe uno qué elegir, qué hacer. Es que Poesía es tan distinta a la realidad, tan luz ambulante, tan personal, y Yo soy tan demente, tan insano, tan surrealista, que no quiero dejar ese dulce pensamiento personalmente adictivo, ese pensarla pensándome pensarle pensarla pensarme –y se enrolla…- no puedo evitar esas ganas de mirarla mirándome mirarla y reírnos (reírnos reírnos reírnos) como un par de locos caminando por la calle para llegar a ningún lugar y sentarnos en un viejo recuerdo de alguna vida pasada mientras nos estudiamos como si fuéramos algo más nuevo que el amanecer del primer día, como si no hubiera ayer (que no lo hubo), como si en el puente que se forma entre sus ojos y los míos estuviera el secreto de algo eterno. Me da miedo el pensarlo, me aterra mirarla, porque desnudo el alma, desentierro deseos, al ver esos ojos curiosos, y muero de pavor porque lo sepa al leerme, como el libro abierto que soy, a través de mis pupilas, al final no tan lejanas como aparentaban. Y aún así, necesito ese camino, ese puente, esa brecha que se abre a la verdadera realidad, necesito observar ese lago negro, desprender esa figurita del álbum y pegarla en la ropa, en el pecho, en la mente, escuchar esa música alegre de sus labios… Es que Libertad es tan loca y yo tan tonto, que no puedo evitar querer perderme en ese dulce momento que fue conocerla, en sonreír al caminar.






No sabe uno qué elegir, viajó hasta la costa para ver el mar, pero sabe que el agua está fría…
si vas hacia el mar al amanecer, quizás extrañes a la pared…












Aunque, quizás, sólo hasta el chapuzón…no sabe uno si tirarse o volverse al auto, pero la brisa le acerca el aroma deseado, el aire salado y fresco de ese mar que soñó. Corro al encuentro, me tiro, me dejo llevar, sabiendo que puedo ahogarme, pero no importa, el agua ahora está tibia, y la corriente, fuerte, trae recuerdos de juventud. Las olas enormes vienen y van, tranquilo, me dejo llevar, alguna a la costa se va a acercar… ¿No ves que soñamos este encuentro? No seas cruel, si no me llevas a la arena de vuelta me voy a ahogar, estoy demasiado hondo, ya no hago pie en tu mar.






II.

Pero mi corazón no es ciego, dijiste. También recuerdo algún que otro par de frases, una casi como freno de mano cuando te dije que quería ser libre como un pájaro, tu “no todos los pájaros son libres” como un piedrazo entre las alas, un golpe del que nunca me repondré del todo. Aprendizaje, la absurda justificación para los dolores. Cosas tan tristes que uno escucha como de refilón, sin querer, y que te rompen el alma, el corazón, que no es ciego, ciertamente no es ciego, pero vaya uno a saber con qué ojos mira ese estúpido músculo, que nunca descansa, bombeando y bombeando sangre, por las calles, por los ríos de cemento, mientras los verdaderos ojos, no estos dibujados en la cara, se muestran grises, e incapaces tratan de penetrar en la niebla del futuro, en la bruma de otros ojos que no están, que no están porque no existen. No sé, viste como van las cosas del delirio a la acción, ahora hay que parar un poco de volar por ahí, porque hay que cruzar la calle y los autos si uno no está atento serán como esa piedrita mental que me arrojaste aquella vez. Rodeado de cadenas, todo lo que veo con el alma son cadenas, y es tan triste, tan azul. Aunque no quieran, aunque no sea esa su finalidad primordial, todo lo que nos rodea nos ata y nos une, y hay que sentarse a pensar realmente el significado, el valor, positivo-negativo, blanco-negro, bueno-malo, de algo que te ate y te una a otro algo, las fibras del hilo, el trabajo, los estudios, los amigos, la familia, el amor, el propio cuerpo, estas manos, los ojos, el cerebro detrás de los ojos. Sacando de foco todo lo bueno entre comillas que, desde luego, posee como propiedad inherente todo lo que nos envuelve, el ambiente sobre el que nos desempeñamos, quitando hipotéticamente de la luz aquello, trayendo a plano el lado B, también cada factor que nos influencia (usando el término influencia por no encontrar otro que abarque a pleno lo que intentamos decir, ya sabemos de las limitaciones del lenguaje, etcétera) tiene algunos tintes de opresión, de eslabones invisibles que no se pueden romper. No se pueden, cómo podrías desprenderte de tus pensamientos, ya el primer anillito de duro metal, cómo negar la propia realidad, pañuelo pintado frente a tu nariz, y la propia interpretación del pañuelo, los dedos penetrando el velo. Cómo podrías. Preso, esclavo de la carne y de los intangibles, del entorno. Otra vez deseando la libertad del loco, unos cigarrillos por favor, si, marlboro box, ¿diez? Acá tenés, gracias.








III.

¿Ves esos cables en el cielo?
Provocan la sensación de contraste
entre la risa y la tormenta,
ese estar perdidos y completos
llenos en esa perdición, en ese caos,
en la gran inmensidad
de la particula de polvo en el saco del marino
que pasa caminando,
de la pluma
que se posa entre ladrillos.

¡Vaya paradoja!,
navegando por cielos
soñando entre estrellas
olvidando cada vez más, el ego
y al tiempo cada vez más yo...
más plástico, maleable,
sensible a las fluctuaciones de lo etéreo
sin lugar dónde asirse,
dejándose caer
amando ese momento
donde no hay momento
ni espejo donde buscar
esa imagen que se parezca
o defina por contraste
en ese lugar donde se es algo
sin nombre ni palabra, siquiera sin letras,
se es completo Ω.










IV.

El fuego en las manos, la inspiración, el humo en los pulmones, rellenando, saliendo, perdiéndose en el aire, ese ritual. Un cable a tierra, entrevisiones. El miedo, el no instinto, ya ves cómo no me lancé a los automóviles, ya ves cómo me zurzo al tabaco y la nicotina penetrándome. Qué jodido, eh. No sé distinguir siquiera la piedra golpeando las plumas. Ah, aire, en todas partes, sin ataduras. Mientras tanto acá yo, acá nosotros, cada uno en su pecera, incapaces de conectar, porque desde el momento en que una palabra brota de los labios ya está sujeta a modificaciones del ambiente, inclusive el hecho de salir de la caverna donde se esconde mi lengua ya la deforma y la corrompe, eso no es lo que quiero decir, créeme que no lo es. A veces pienso que nadie se comunica del todo con nadie, nunca se puede transmitir el verdadero pensamiento y esto que estoy pensando en este momento no es lo que estoy pensando realmente pero es lo mejor que puedo expresarlo, ¿se entiende? Si no se entiende no importa. Estamos como envueltos en pequeñas cárceles, enquistados dentro de masas de carne, de harina podrida. Vamos viejo, en qué te diferenciás con el loco, estás en el borde del precipicio ya. Alguien que me empuje por favor, que me dé la ñata de bruces contra el suelo, que me saque de este laberinto, de este puto laberinto construido por un retorcido remedo de Dédalo. A veces me asalta un deseo de trágico final estilo minotauro, de rodillas pidiendo por favor Teseo sácame de esta miseria. O un poco como Ícaro, viajando hacia el sol. ¿No ves, querido Dédalo? Todo lo que tocás se quema, ¿Por qué razón entonces me encerrás en mi propia mente? Déjame ir, déjame volar o al menos, déjame vendar al tirano núcleo de mi cuerpo para no mirar, para liberarme de mí mismo. Quiero dormir.




































































Ω - completamente 
una ligera cadena
que no ata
que une vacío, nada
donde todos los eslabones 
se conectan entre sí,
escapando a la lógica,
maravillosos rizomas
de algo 
sin fin.