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miércoles, 29 de mayo de 2019

Apuntes sobre el Estado




En estos días se habla poco de lo que es el deber de un Estado, incluso de lo que un Estado es, lo cual, a mi criterio personal, es un error que nos hace caer en comentarios y confusiones casi terraplanistas. 

Vivimos en un Estado del yo, la dictadura del ego. El yo es el estado "natural". El Otro siempre se encuentra, en el reparto de fuerzas, en minusvalía. La elección entre la piedad y la violencia es una simple variación de grado, de forma y de disfraz. Restituir la equidad, la mirada inocente, enjuagar las palabras de la tribu (y con ello la percepción de realidad) es la tarea del chamán.

Lo del Estado es algo, un conocimiento, que hay que reforzar de vez en cuando, como tantas otras cosas. La instrucción cívica queda recluida en las escuelas, cuando debería ser algo permanente. Los pueblos nunca se equivocan, pero a veces, tienen la memoria de un pez. 

La disputa por la realidad es la definición de la política. Al menos, una de sus aristas. En esa disputa también entran la definición de Estado y sus obligaciones.


Un Estado es una superestructura social que, según Weber, como administración, sostiene el uso monopólico de la fuerza. Es decir, el monopolio de la violencia. Según el marciano Marx, el Estado no es el reino de la razón, sino de la fuerza; no es el reino del bien común, sino del interés parcial; no tiene como fin el bienestar de todos, sino de los que detentan el poder; no es la salida del estado de naturaleza, sino su continuación bajo otra forma. Idea a la que sin duda suscribiría Hobbes. Otros, como Hegel, sostienen que el Estado es la conciencia de los pueblos, la realidad de una idea ética, el espíritu ético en cuanto voluntad patente, clara por sí misma, sustancial, que se piensa y se conoce, y que se cumple lo que sabe. 


Por supuesto, alrededor de todo ello revolotea la disputa por la realidad. Conceptos de Estado que rondan sobre el orden como principio organizador de la vida en comunidad. Un orden que, como reflexiona Marx, es la continuación de la naturaleza. Darwinismo social: todavía sobrevive el más apto. El orden, regulado por la violencia como herramienta última. 

Hoy en día, esto no es tan así. Al menos, no es tan claro quien detenta el poder de ejercer violencia, de forma real o simbólica. Pero no nos adelantemos.


El humano, como animal, es un depredador omnívoro. Un conquistador que ha “civilizado” su sed de dominación, disfrazándola de autoridad. El Estado surge inmediatamente de ello, en una población determinada, con un territorio definido. Sobre la palabra Estado generalmente confluyen estas otras tres: autoridad, población, territorio. Más adelante, se le incorpora el concepto de soberanía.


La autoridad depende de la legitimidad. Antiguamente, la autoridad bajaba del cielo: existían los emisarios de dios en la tierra, los sabios, los santos, los elegidos, los dueños de la palabra -de su producción y distribución-, los reyes, los príncipes. Hoy se recibe legitimación de otras formas, un poco más transparentes que aquellas provenientes de linajes “puros”, “de sangre azul” o de mensajes esotéricos interpretados por unos pocos.  O eso parece, al menos.


La soberanía es el carácter supremo del que aplica la ley, del que tiene la capacidad para hacerlo. Así como antes soberanos eran los reyes, ahora es la colectividad o pueblo, y ésta da origen al poder enajenando sus derechos a favor de la autoridad, dijo un autor, justificando el contrato social. Cuántos pueblos se han refundado en base a esa idea, a esa “democratización” de la soberanía. 


Democratización en papeles, podría decir alguien (el enano pelado y liberal que todos llevamos dentro), puesto que se “delega” el poder del pueblo a un cuerpo de “gobernantes”. Los gobernantes adoptan una máscara y desempeñan (representan) un papel en el tablado, "un cargo". Es un teatro un poco más grande, nada más. Pero siguen actuando, como todos. Todos hablan de pueblo. No todos dimensionan de la misma forma el tamaño de la palabra. 


La democracia podrá ser un sistema pútrido, decadente, burgués, pero es lo mejor que tenemos, podría replicar otro. Hemos vivido todos los totalitarismos. El último está en la casa, según el capitalismo y el psicoanálisis. La pequeña novela familiar. Porque hay novela, hay Estado.

Vivimos en un Estado del yo, la dictadura del ego. El yo es el estado "natural". El Otro siempre se encuentra, en el reparto de fuerzas, en minusvalía. La elección entre la piedad y la violencia es una simple variación de grado, de forma y de disfraz.

Hasta ahora. Toda disputa por la realidad es política. La realidad se construye con imágenes perceptibles, penetrantes -y penetrables-. El día que el animal humano salga del estado de naturaleza coincidirá con el fin del Estado, profetizaba el fantasma de nuestro padre. Restituir la equidad, la mirada inocente, enjuagar las palabras de la tribu (y con ello la percepción de realidad) es la tarea del chamán. 






La construcción de realidad es un consenso, una relación de fuerzas entre quien sostiene la soberanía y la legitimidad -de lo que se puede percibir, lo que se puede mostrar, lo que se puede decir- y los que se someten a la misma, voluntaria o involuntariamente (el último paso es la violencia). En ponernos de acuerdo en que esto es rojo, aquello un caballo, esto otro una calesita, aquello el amor, esto otro la pobreza y allá lejos, la libertad. Con reglas definidas puestas por un “árbitro, un código, un elemento superador”. En cierta forma, todo formato impuesto de orden puede ser considerado como una dictadura. Habría que calificar como relevante sólo el problema de quién gobierna (quién nombra) y no solo el cómo. Falta algo, un salto, que nos haga morder nuevamente la manzana. 


"La comunicación es la transmisión y propagación de información, nunca una idea nueva". Estoy citando a Deleuze. "Una información es un conjunto de palabras de orden", dice el jovie. "Cuando se informa, se dice aquello que se debe creer: Informar es hacer circular una orden. Las declaraciones de la policía, continúa Deleuze, son dichas muy exactamente, son comunicadas; se nos comunica la información, quiero decir, se nos dice aquello que es conveniente que creamos. O si no, que no creamos, pero que hagamos que lo creemos, no se nos pide que creamos, se nos pide que nos comportemos como si creyéramos. Esto es la información, la comunicación, e independientemente de estas palabras de orden y de la transmisión de las palabras de orden no hay comunicación, no hay información. Lo que no lleva a decir que la información es exactamente el sistema de control". 


El uso monopólico de la fuerza ya no lo detenta el Estado, porque el Estado es otra ficción, una construcción. La violencia se escurre por los poros de lo social, el poder está en otro lugar. La fuerza física, puede ser, si me apurás, que siga en manos de lo que comúnmente llamamos Estado. La policía, los ejércitos, las cárceles. Pero la fuerza simbólica es de otros. 

Los mercados, los medios de comunicación. Pueden señalar, empujar, influenciar, abiertamente o bajo la mesa, hacia una dirección. Siguiendo un tipo, un protocolo. Pueden manosear y manipular al Estado –y al pueblo- sin que siquiera se perciba el acto. Son actores invisibles, sin máscara, que disfrazan su discurso de "natural", de "fatalidad inevitable". Esto, sumado a la decadencia de un sistema de representación que tiene su par de siglos plantea nuevos lugares de disputa, nuevos problemas, nuevos espacios donde se juega su carta el balance de poder entre dos o más fuerzas.

¿A dónde quiero llegar con esto, mis amigos?, me interpela un Salmón. Su voz se hace mía. Demasiada pelusa para muy pocos ombligos. No hablemos del arte, dice Deleuze, hablemos de contra-información. Una contra-información que no se vuelve efectiva sino solamente cuando es un acto de resistencia. 

La disputa por la realidad es la definición de la política. Al menos, una de sus aristas. Disputa que se da cita en el ámbito del estado de barbarie, de los nombres sin dueño, de la magia, de la poesía, del amor, de la empatía. Y de la libertad.

 




Digamos que una posible pregunta para arrancar a pensar sería, ¿cuál es el deber (la tarea) de un Estado, en este contexto?

sábado, 14 de julio de 2018

Libre Albedrío, locos. Un poco.



por el Heladero




I.

Ahogados en baldosas,
hojas en blanco…

donde estoy parado
ya no entro
en la piel, perdí
el guión de la obra,
el personaje
extinto
quedó, muerto
pedradas pecadoras
en el acto redentor.

Caminos de viento,
invisibles, al cielo…

donde está el cuerpo
ya no importa
el agua salada,
el frío verano
de ácidas lluvias,
borra
los huesos, y los ojos
rojos duermen
una armoniosa madrugada.






II.

Cuesta levantarse. Aún a esta hora y habiendo dormido todo el día. Cuesta ponerse los abrigos y luego de un interminable etcétera, salir. A la calle, bajo la lluvia de frío Junio que tapiza las paredes de las calles. Claro, con tanto frío, con escarcha formándose de la exhalación. Más vale que cuesta. Pero hay que salir. A veces nos dejan y hay que aprovechar.

Nos empujan sin saber, nos incitan a caminar las calles. A vivir. La helada precipitación moja los pómulos helados, se desliza por la nariz helada y toma el último salto helado, suicida, hacia la campera helada o el suelo… eh, ¡Qué existencia más efímera!

Caminando entre charcos se pegan las gotas al cuerpo, enamoradas, febril, fugaz, eterna, mente. Mientras duren, buscando magnéticamente un Sur. Difícil encontrar un remís, el famoso tacho, en este temporal, cuando todos van. Tan apurados, precipitándose. Y nadie mira a nadie. Simbiótica, inconsciente noción del tiempo. ¿Zeitgeist? Tu vieja en pelotas. Me dormí escuchando una voz que es poesía, hablando del aplastamiento de las gotas.

Una cafetería, bello respiro. Llena. De gente, abarrotadas partículas que se hacinan en otros tipos de charcos. No importa, mejor entrar. Son las seis y media de la tarde. Llueve a catarros (¿a cántaros, dijo? Sí, a cántaros, sorda), perros y gatos, diluvia, etcétera. Etcétera como forma de describir un diluvio. Entrar de repente. Y de repente una mesa libre. Arena en el oasis, qué bien. Algo para beber, sí… un té, puede ser. Muchas gracias.

Esperando relajado, escurriendo los minutos. Viendo las gotas caer. Gotas finas, gotas gruesas, gotas. Que caen. Rápidamente, golpeando la ventana distrayendo de los pensamientos, que como gotas etcétera. Largas historias de imanes y metales. Cae el mozo con el té, se hizo tarde para las cinco. Puta madre. Siete menos diez, conejo de mierda. De todas formas, no me calienta. Me siento atraído por la belleza de las gotas, por su musical sonido en la ventana.

Mientras observo estas amigables compañeras, noto. Pasa algo raro. Caen cada vez más, y más. Lentamente. Hasta que finalmente dejan de caer. Me sorprendo, con la visión. Millones de cristales translúcidos suspendidos en el aire, sostenidos por un invisible cordón. Busco ese fino registro del Divino Marionetero. Y no lo encuentro. Sigo sorprendido, atónito. Me dirijo a la calle. A maravillarme del hermoso paisaje, y parece. Que soy el único que se mueve, el único que ve. La calle está desierta. Es increíble ver el candelabro celestial, místico. Es más increíble que el sol, ausente con aviso todo el día, se haya posado sobre los techos. ¿De Pompeya? De Pompeya, si querés. No se puede ser serio, diómio. Esas gotas, retomando, ese pedacito de cielo, comienza a transmutar. Ante los ojos se convierten las gotas en herramientas, en prismas que devuelven luces de arco iris. Luces de todos los colores iluminando la calle vacía, semejando caleidoscopios. El calor del sol hace que se estremezca hasta la última célula de este cuerpo.

Este espectáculo está hecho para mí, Alguien pensó este espectáculo sólo para mí.

El aire dorado, las perlas multicolores, el Cielo que bajó un ratito está disipándose. Las gotas vuelven a caer lentamente, y de a poco. Va acelerándose el ritmo, el sol. Se esconde, nuevamente, oyendo. El sonido de la lluvia en la ventana con una sonrisa, abro los ojos húmedos, salados. Termino el té pasadas las siete.

¿Alguien?

lunes, 11 de junio de 2018

Conversaciones contra la raya


por Marcos ‘pupila de náufrago’ Gunn







a todos los laterales, 
a los distraídos de siempre;
al Corvino, gracias 

Sócrates. Además de amigo imaginario de Platón, plateada idea de filósofo, 8 fantasma, jugador de fútbol. Sócrates, jugador de fútbol. Mediocampista inteligente, distribuidor adentro y afuera de la cancha.
No quiero hablar de Sócrates, siempre se lleva los focos. En el equipo de los filósofos, los existencialistas juegan en las bandas. Contra la raya. Todo el mundo sabe que después de la línea de cal no existe nada. O existe la Nada. ¿Mejor?
Los laterales existencialistas, funambulistas haciendo equilibrio en esa delgada línea. A veces la pelota sale de la cancha y saltamos hacia la Nada a buscarla, para meterla de nuevo en un... ¿cómo se decía antes? Ah, sí, saque de banda.
Soy lateral derecho, el 4, a la vieja usanza. A los futboleros no nos toquen los números, el 4 es lateral derecho; el 5 mediocampista central, tapón, corte y distribución; el 9 es el egocéntrico goleador, el romperredes, el punta; el 10 es el mejor, el más creativo, el tipo con más imaginación del equipo.
Juego de 4. Mi equipo es una aplanadora, golea todos los partidos. El último lo ganamos 6-1, un trámite. En realidad… todavía no termina. Pero no va a pasar más nada. El futbolero lo entiende, hermano. En partidos como este, un lateral no tiene mucho laburo, como se imaginarán.
Y tiene mucho tiempo libre. Para conversar, con el pasto, con el viento, con la tarde que va cayendo. Aunque ante espectáculos como el atardecer sobran las palabras, eso está claro. Pensar en Dorothy, otra funambulista de puentes amarillos.  Asociación de tres conceptos, hasta parece fútbol. Fútbol abstracto, Dalí jugando de 11.
El gran objetivo es ganar la Copa. Jugamos contra rivales muy jodidos, eso lo sabemos. No subestimamos a nadie. Por eso goleamos los partidos, nunca bajamos la concentración. Fijate, por ejemplo, el último partido: minuto 80 más o menos, hizo gol hasta el aguatero y el 9 no había tocado una sola bocha todavía. Nuestro mejor player, el enganche, el capitán, tampoco había hecho goles, y en una de las jugadas, precisamente esta de que te cuento, cerca del minuto 80, se acercaba al área con pelota dominada, para su pierna buena. En realidad… no tiene pierna buena, tiene una pierna excelente y la otra sobresaliente, pero bueno, con la mejor de las dos. Esto lo estoy viendo desde atrás, a la derecha. No sé qué le pasa al pibe, es el mejor y se resbala. Está meado, no puede hacer goles últimamente. Se resbala en la puerta del área, la jugada se diluye. Pero por algo es el 10, el pibe, el más creativo. Ve al 9 haciendo la diagonal. Esto está pasando en una milésima de segundo. Y desde el suelo se la pone detrás de la zaga central. ¡Desde el suelo ve una diagonal y la toca! Y el 9  rápido, inteligente, eficaz, la primera que toca. Su primer contacto con la bocha. Es derecho pero la agarra de zurda, hambriento. Con el empeine tirando a tres dedos. La clava adentro. Golazo. Ese fue el 6-1. Apagá y vamos.
Pero quedan 10 minutos y hay que seguir jugando. A lo mejor el crack aprovecha y se saca la mufa, quién sabe. El partido se va hundiendo en el sopor de lo que en los catálogos futboleros es un partido liquidado.
Por fin, dirían los paraguas, después de 6 nos bajan la persiana. Pero nosotros respetamos a todos. Los respetamos haciéndoles 6 goles. Bajándoles la caña, porque el fútbol es un estado de ánimo.
Lo peor de ser lateral derecho es la vuelta, mirando el pasto, cortando los yuyitos. Pero está lindo el mundo, so far. Aunque es muy difícil encontrarle explicación. Epa, el mundo se ha vuelto 2.0. Y capaz estoy llegando tarde y ya debe andar por el 5.0.  Maldita sea. El mundo es una irracionalidad, de todas formas. Una pesadilla a la que le ponemos una explicación. Una serie de convencionalidades, de rayas. Como las letras, esos dibujos raros. O la pelota.
El universo es un lugar muy grande, por alguna convergencia hay que intentar explicar algo que no tiene explicación. Que es simplemente la demencia. Una serie de irracionalidades. Una cosa japonesa. O algo oriental. El mundo no tiene sentido. No lo tiene. Es hermoso el universo. Pero pensamos demasiado dependiendo de la vista.
Es lo que a veces fantaseo llamar la occidentalización de la vista. Le damos prioridad a un sentido, a la visión. Eso te lo enseñan en 2° grado. Pero es una serie de impulsos eléctricos, de convencionalidades. De este color es verde para los dos, y este otro rojo, y este celeste y blanco; pero bueno, ganamos 6 a 1.
Un 6 a 1 puede ser la fundación de cualquier sociedad. Podemos convenir seguramente en un punto. Que son una murga. Categóricamente, les rompimos el culo. Los dos equipos pueden estar de acuerdo en eso. A partir de esa seguridad se pueden empezar a construir algunas certezas. El mundo se pliega en cualquier parte para ser.
Seguir hablando porque es como la canción con todos. El lenguaje como archivero. No inscribirse al cinismo con tiza. El mundo es un lugar raro. Nadie sabe cómo se maneja esto, loco. La mente.
Paso uno, agarrar el manubrio.
Paso diez, culpalo a otro del choque.
Vieja, aguanten las plazas.
No hay choque, no existe eso. Hay ganas de ponerse de acuerdo, de conversar.
No hay choque, pero vos te ponés la de Chile y yo la de Argentina.
Qué Chile ni Chile, yo me pongo la de Paraguay, que tiene más huevos que el equipito de tu barrio.
Disculpá, quise ser educado con vos pero parece que no te entra todavía que te estás comiendo seis pepas. Pensar en el Diego porque en 10 minutos no pasa nada. La vida es una tómbola. El tiempo es una tómbola. Es pura irracionalidad. Una serie de convenciones, decíamos. Es muy raro conversar así. La vida es el vacío.
Vedanta Yoga, diría el 3 chino, un verdadero mago. En la obtención del Otro que viene envuelto (tal como aparece) por la pregunta y la explicación. También es una convención. Me mira un arrugado rostro en la tribuna, sonriente y dice, sabiamente, que la locura es el verdadero estado del mundo. El caos, la incomunicación. Que somos viejas almas, frágiles, inmortales, tratando de tocarse, de sentir, de ser. De evitar un horror. Pero el horror existe, es real, y lo artificial, el verdadero paraíso de Baudelaire, no eran las drogas, era el lenguaje.
Che, ¿y todo ese postestructuralismo francés? Por ahí anda la cosa. Esos tipos sabían.
Concrete jungle. Civilización 5.0. ¿Te pusiste a pensar alguna vez en el capítulo 73 de Rayuela? No sé, no existe el ego en ninguna parte, pero fíjate vos que hablando de… En algún punto el péndulo de Foucault… Habría que seguir el camino del ojo y decir algo relacionado con Ben Affleck.
Para qué. Si se sabe. Incluso Freud diría que no es que entra por los ojos si no por el Falo. Falocentrismo existencial. El cinismo chino de siempre. Galletitas de la fortuna de barrios coloridos con letras estéticamente dibujadas. A todo esto, ¿en serio sos paraguayo? Me contesta Yo soy… y así me defino. Hay que ser puntitos suspensivos, eh. No cualquiera no tiene bandera. No es paragua, Barthés. No era par. Agua para bares. Es lo obsceno del amor, dice.
A todo esto, ¿de qué lado te ubican en ese lugar en el que trabajás? En ese… Hospital Psiquiátrico.
Internado en el 2° piso, obvio.
Claro como el agua.
¿No estábamos en la cancha? Bueno, después un par de vueltas para qué molestarse.
¿Demasiada info? Paramos cuando quieras. Índice de masa atómica, otro péndulo de Foucault. La verdad es que hay viejos demonios, viejas almas chinas. Como gatos, bajo hermosos disfraces. Mirando el sol caer por la ventana, viendo el partido.
Pero no hay ventana. Tampoco pared. Ni partido. Hubo un momento complicado, pero ya pasó. Cuidado, cuidado los escombros. Igual seguimos ahí, volviendo, deshaciendo los pasos contra la raya.
Qué lindo. Viendo el atardecer, sobran tres palabras. O unas cuantas. Pero hay música. Estamos, entonces, escuchando lo que un ser hermoso tituló Para los Árboles. Una canción preciosa llamada Néctar que es precisamente eso.
Para los Árboles. Como justificándose, diciendo que no les sacamos una guitarra, nada más. Es muy loco conversar de tú a tú con una canción. Signo de pregunta. Faltaría que esté el Flaco, simplemente para cebarle un mate. Y el Flaco desde atrás, como diciéndote. No hace falta. ¿Es muy loco conversar con Luis Alberto? Es increíble lo que nos regaló.
Ese tipo estaba del marote. Y no sé, me dicen. Melodioso como ninguno. Un poeta. Y llevas el caño a tu sien, apretando bien las muelas. Ah, no. El Flaco diría algo como Pies de Atril. Formas y formas. Se sabe. Bueno, me equivoqué, che. Peor es perder 6 a 1.
De los árboles a las Viejas mascarillas de la isla de Haití. Hermosas letras. Canción hermosa. No entiendo nada de lo que dice pero las imágenes son hermosas. Spinetta nos diría ‘y… es poesía’ con cara de ni yo entiendo. Siempre tan cálido y tierno, el Flaco, pero…, cómplices, en realidad entendemos y hay un puente, silencioso subterfugio. Creo que una certeza tan grande como una goleada es saber. Dos puntos. Que vamos zurciéndonos en canciones de Spinetta; somos funambulistas de cordones de vereda. Alma de lateral.
Y bueno, el partido no termina. Todo es una metáfora circular. Lugares llenos de convergencias. Agujeros negros. Benvenutti al Maëlström. Gracias, cuervito. Literatura son las distintas formas de saltar un hueco, de mirar un abismo. De meter la pelota adentro de la cancha.
Convergencias. Vos fíjate que Jean Paul Sartre vino a hablarme el otro día, disfrazado de titiritero. Y me viene a decir lo de arte comprometido. Es un extraterrestre por donde le mires, pensé. El pensamiento del tipo existe a miles de kilómetros, miles de medianoches después en la forma de un viejo francés en el litoral. ¡A la Pacha, Juan Pablito! 
Todo converge en el aleph de los ojos, de los oídos. De uno. El universo conspira a tu favor. Nos vamos zurciendo con canciones de Spinetta. Si pudieras ver lo hermoso aleph delicioso que es en tantos sentidos. La Pacha que dio tu viola. De pájaro cantor. Había sido que teníamos un vecino poeta, chamigo.
En realidad, estoy tratando de conversar con vos. Llenando los espacios. Porque no contestas, enarbolo. En árbol o. Intuyo. Lo que vas a decir. Feel free to jump in any time. Ah, esto fue una conversación monologo ping pong entre tu sujeto y tu yo, digamos, me dice. Hasta que de a tanto te contesto. No sé con qué se come eso, le digo. O sí, interpretalo como quieras.
Picture yourself in a boat on a river, with tangerine trees and marmelade skies… algo así, la memoria me resulta complicada, como diría Luis Alberto. Perdoná, estoy muy egorrágico. Literaturra, viste. ¿Dos lunas, o un mero reflejo?
Che, disculpá que te ofrecí una forma de conversar y ahora me esté retrotrayendo, dando pasos hacia atrás. Haciendo la raya. Pero es que me dejé pensando. Que te dejé una gotita así que decía Jean Paul Sartre. Y tengo que decir algo de Jean Paul Sartre. Que nada que ver, no me parece bien esto del arte comprometido. No me parece bien esto de las acciones poéticas.
O sea, ¿te das cuenta que lo que estuvimos haciendo nosotros hasta este entonces es intentar conversar, vos y yo? En realidad, estuve tratando de conversar y no me contestás. De cualquier forma esto no tiene nada de… no tiene nada de militante, nada de beligerante, nada de comprometido, ¿me entendés? Solamente las ganas de conversar. Y capaz que es eso el arte… conversar, tirar una sonda al espacio. Simplemente conectar. Bueno, ese es mi problema con Sartre.
¿Vos que decís, loco? ¿Está bueno esto, hasta ahora, o no? Para mí que está bastante bueno, eh.
Está lindo el mundo, vieja, eh. Todavía no se termina de descubrir.
¿Qué onda con toda esa parafernalia pintaparedes?
Nada muy distinto de ninguna tura, supongo. Hay una luna llena ahí, dando vueltas. No para vos, no para mí, no para ella, no para nadie. E infinitamente, amorosamente para vos, para mí, para ella, para… Literatura son distintas formas de describir un pozo. La realidad. Se hunde, se ahonda. Se profundiza. Che, loco, acabo de ver, en la calle, así, en el medio de la calle, una construcción. Todo bien hasta ahí. En la construcción había un toldo. ¿Dónde estaba el toldo? El toldo estaba en medio de la calle. En medio de la calle, el toldo. Tapando todo el cielo, haciendo un túnel de vereda a vereda. Vereda, calle, vereda, toldo, vereda.
¿Sabías que las calles también se construyen? Eso que viste probablemente haya sido la construcción de una calle, y las construcciones de calles también necesitan toldos. Obviamente, ¿Qué pensás que hacíamos, cuando conversábamos? Pintamos un edificio, pintamos una vereda, pintamos una calle, y pintamos un toldo.
Pero de verdad había un toldo en la calle.
Y pintó el toldo. ¿A vos no te pinta el toldo nunca? A mí me pinta el toldo. Convergencias. Techitos para la calle. Están buenas estas conversaciones de bolsillo, anacrónicas, está bueno que no tenga tiempo esto. La tecnología tiene cosas buenas. Obra de Marta Minujin, me dicen, seguro. Obra del demonio, digo, si le preguntan a alguna vecina. Le llenan de agua la vereda. Agua estancada. De Resistencia. ¿Qué opinás de la hiperrealidad? Buscalo.
Igual, no hace falta. Fijate cómo sale conversando, nomás. No sabe la semilla que me impuso. Las calles también se construyen. Tal vez sí sabe, y es un regalo. Como las canciones de Spinetta, viste. Esto no tiene precio. Y no es una sanata como las pavadas que te dice Jean Paul Sastre.
O capaz que no es una sanata y es el simple existencialismo que te pega una patada en el tujes, así, y caés en medio de la vereda al charco de agua. Estancada. De Resistencia. Y Jean Paul Sarstre se te caga de risa. Ja, ja, ja.
Punto y aparte para hablar de la pronunciación de Sartre. Sastre, Sartre, Sastre, Sartre. ¿Es una joda, me traiciona el inconsciente? Jean Paul Sartre es un sastre. Mi inconsciente me lo está diciendo así. Los aparatos digitales van a terminar matando a la literatura. Y eso te lo puede firmar Juan Pablo Sastre.
Como el ingrediente de la coca cola y esos otros elixires y esos raros peinados nuevos…
En acotación a esas tres palabras, simplemente un Dios bendiga a Charly García. dios bendiga a Charly García ¿Charly? ¿dios? ¿Bendiga?
Qué loco el disco de Spinetta, eh. Para los Árboles.
Ahí también sobran tres palabras.
Igual, el Flaco este es medio loco, tiene una fijación con el número tres, si te ponés a pensar. Dulce 3 nocturno, por ejemplo, o tres llaves.
Y bueno, andá a saber qué puta pensaba, qué pasaba por su cabeza. Quiero creer que solemos conversar de vez en cuando, pero bueno.
¿Cómo era el título ese de la canción… de Charly y Spinetta? ¿Rezo…por… vos? ¿Por quién rezan? Cantaban los dos: ¿para quién rezaban? Se rezaban uno al otro, cuenta la leyenda, de altar a altar.
En realidad, creo que nos rezaban a nosotros. ¡Nos rezaban a nosotros, esos tipos! ¡Se le prendió fuego la casa a Charly cuando estaban tocando en vivo para un programa de televisión…! ¿cómo estamos? Hola Don Pepito. Las vicisitudes de crear en la calle. Soy un vecino. Estas partes no tiene la literatura. Los tachones, viste. Pero… como te decía ¿dónde estábamos? Ah, se le quemó la casa a Charly mientras los dos tocaban para un programa que supongo que se llamaba Cable a tierra. Y si no se llamaba… Sí, ¡Cable a tierra se llamaba! Y Fito Páez… ¡Fito Páez le hizo la cortina musical al programa musical en el que tocaban Charly y Spinetta, allá en 1985!  Un año después del fin del mundo.
Si uno se pone a pensar lo que en ese entonces pensaba la gente. Porque la gente sabía que se juntaron los dos tipos a hacer un disco. Se juntaron Charly y Spinetta a hacer un disco, ¿entendés? Todo el mundo sabía que Charly y Spinetta estaban haciendo un disco. Se juntaron un día y dijeron algo así como ‘bueno, vamos a tocar en la tele’ y qué se yo. El tema que tocan: Rezo por vos. Y cuando dicen ‘y quemé las cortinas y me encendí de amor’… Charly, el muy loco… viste…eh, ¿cómo se llama, cómo se dicen esas cosas? Transformadores o… bueno, Charly es un loco de los transformadores, si no me creés escuchá Inconsciente Colectivo, qué se yo.
¿A dónde iba? Ah, sí. El vago conectó un millón de transformadores y enchufes a los tomacorrientes o como se diga, para conectar la videocasetera, tratando de grabar el recital, la canción. Y se le incendió la casa. Le chispearon los cables, saltó la corriente… ¡y se le incendia la casa a Charly! ¡Justo cuando dice ‘y quemé las cortinas y me encendí de amor’!
Dice la historia que el Flaco, obviamente, se asustó. Imaginate todas esas energías, esas cosas que se concentran, que convergen en un solo punto. El Flaco le pedía perdón a Charly por haberle prendido fuego la casa. Spinetta pidiéndole perdón a García por… quemarle la casa. En serio. Porque mientras tocaban un tema llamado Rezo por vos, se incendió la casa. Charly, obviamente, recontra caliente, enojado con Spinetta porque se culpaba y sabía que no era culpa de nadie. Más que nada era culpa del transformador, viste. Enojado, le arroja un cenicero, gritándole al Flaco para que entienda que él no tenía la culpa. Que era el transformador. Decime si no es una discusión filosófica, poética, artística y etcétera, en el centro de un transformador. El arte es un transformador. Y Charly García es una antena. El tipo es una antena. Escuchar Chipi Chipi.
Hizo un disco llamado Say no More, que los terrícolas todavía no podemos entender.
Constant Concept. El tipo es Dalí haciendo música. Y no es ninguna exageración.
Me meto en los entretelones del edificio, en las escaleras (laterales) para hablar un poco de Charly. ¿Por qué? Qué se yo… estábamos hablando de Sartre. Ah, bueno. Qué cagada este Sartre, cómo nos perfumó el pensamiento sin que nos demos cuenta. La culpa de que la gente odie a García, o que no lo comprenda, más bien. Que desde Say no more hayan escuchado pero no oído, y hayan dicho algo como ‘Mmm… sí… no sé…’ es de Sartre, tal vez. Charly es un maldito Sartreano. El tipo hace arte comprometido. Él es su arte. Hace Constant Concept. Alguna vez veremos lo antena parabólica que es el señor García. Es el espejo de toda una sociedad. Y no hablo de generaciones, de los 70, de los 80, de nada. Ponete a pensar que estamos conversando con Charly García. Todo en él es actual. No hay que perdérselo.
Ya llegó la luna llena. El partido terminó hace rato pero seguimos conversando para ver si el 10 hace algún gol. Estamos los dos nada más en la cancha, a esta altura. Por ahora se la pasa tirando las pelotas a la tribuna. Qué hijo de puta. Si de algo uno se da cuenta, es que se siente uno como un gato. Caminando por los tejados, por el cordón de la vereda. Y maravillándose de todo lo que hay. Un gato funambulista. O Kafkiano.
Volviendo al Aleph, no sé si Borges era un genio o estaba loco. En el Aleph cuento hay muchos alephs. Para empezar, el de las escaleras, que es el núcleo de la historia. Pero también está Beatriz Elena Viterbo; el juego de la musa, un aleph por donde lo mires. Después, lo tenés al aleph Borges; Borges personaje, Borges escritor. Tambien está el aleph cuento. Debe haber muchos más. Creo que Jorge Luis era un nene. El tipo tenía unos… no sé a qué edad se murió el viejo. Estaba ciego. Escucha esto. Estaba ciego y trabajaba en la Biblioteca. Era curador de la biblioteca. Imaginate la poética de la situación. Borges se habrá cagado de risa hasta que se murió. Es increíble. Decíamos que el tipo era un nene, un chico. Lo leés a Borges y es una criatura. Se divierte escribiendo, hace juegos de palabras, descubrimientos, asociaciones entre la literatura y la esquina. Para mí algo de eso es el aleph, la convergencia de las cosas en un puntito del universo. Para mí eso es el aleph. Ponete a pensar en rezo por vos, todo se cierra en un puntito así chiquitito que es un transformador. Beatriz Elena Viterbo. Para mí que por esa rezaban, eh.
Borges era un maníaco como Charly. Sospecho que el aleph tiene algo que ver con eso de la hiperrealidad.
Esto es lo que sé hacer. Nietzche es un tipo que hizo algunas películas horrorosas. El tipo vivía en una eternidad circular. Filosofía barata y zapatos de Cronenberg, sacá la tacuen. Lo que quiero decir de Filosofía barata y zapatos de goma no tiene que ver con García. Tiene que ver con esa otra persona que rezaba por vos. Y por vos, y por vos.
Me preguntan con cuántas personas estoy. No sé, ya me empiezo a asustar, contesto. Soy esquizo, medio border, lateral derecho, contra la raya. Acá en el segundo piso estamos todos.
Bueno, retomando. El Flaco, antes de irse a quién sabe dónde, le regaló a Charly antes de tocar Rezo por vos en el recital de las Bandas Eternas —ese precioso regalo a la humanidad, a lo que sea que es esto que pasa mientras nosotros dos conversamos—. Imaginate la situación: está el Flaco tocando desde hace por lo menos unas… dos horas, o por ahí, tocó con su banda más nueva, también con Spinetta Jade, con Cerati, tocó algunos temas de Artaud, tocó temas de Kamikaze, tocó con Fito un par de temas, con Juanse, tocó… tocó con sus hijos Necesito un amor, el tema de Manal. Rapeado. Excelente el tema, excelente el tema. Antes que Charly pase al escenario — en mi mente Charly no sabía esto— Luis Alberto se pone a tocar Filosofía barata y zapatos de goma. Ponete en los zapatos de García un ratito. Tras bambalinas, por salir a tocar Rezo por vos escucha su canción en las manos y en la voz del Flaco. Hay muchos regalos dentro de un regalo, la resignificación de la lírica, un millón de guiños entre dos amigos, un pedido de disculpas, el solo de guitarra que en la versión original es la garganta de Lolita Torres. Es hipnóticamente encantadora la sonrisa del Flaco mientras manotea el atril lleno de sabiduría. ¡Las canciones que tenía ese atril! Y el tipo cagándose de risa cuando dice ‘y enamorado de las sirenas’. La voz del tipo, tan frágil, tan poesía. Pies de atril, pies de atril. El tipo agarra las palabras de Charly ‘quise quedarme pero me fui’, y ahora se pone uno a pensar las cosas que dice. Voló en la pluma, en la música de Charly. Quise quedarme pero me fui. ¿Sabía que se estaba yendo y estaba dando su canto de cisne?
Es ese el tema con Charly, lo podés reemplazar con cualquier otra persona. Charly es un espejo, es todos nosotros. En tanto y en cuanto a Luis Alberto, era… es, lo que sea que es Luis Alberto. 
¿Por qué será que a la gente no le gusta Spinetta Jade? A mí me encanta. Obviamente, la época spinettiana que más me gusta es la de Invisible. En realidad, todas las épocas de él son geniales, pero hay una parte emocional que me ata a Invisible. ¿A qué iba con todo esto? Ah, te hablaba de Spinetta Jade. Por ejemplo, Alma de Diamante es una locura. No entiendo una mierda de Jazz y leí apenas Castañeda, pero es íncreible lo del tipo, cómo devora, mastica, resignifica, pasa por su señal toda una obra a partir de lo que fue para él. A todo esto, no es el disco ni la canción que más me gusta de Spinetta Jade. El que más atrae es ese, el que dice… Nena, te traigo esta canción que descubrí, en el deslinde.
Están apagando las luces de la cancha. Algún día hablaremos de Beatriz Elena Viterbo, hablando de alephs y de Borges y el nene cagándose de risa y etcétera. Cronopiamente.
Buenas salenas, cronopio cronopio. Ponete a pensar lo que pensó un cronopio para comenzar un libro. Por el capítulo 73. Y en realidad lo podés empezar por donde vos quieras. Es increíble ese libro, una piedrita para jugar a la rayuela que a la vez es la rayuela. ¿De qué planeta viniste? Volviendo al tema Tres llaves de Spinetta. Spinetta habló con Foucault, de esas charlas hay un disco llamado Téster de Violencia, donde está Tres llaves. Pero es para otra ocasión.
Dale pibe, vamos, que apagaron todo y se nos va el colectivo. No le hacés un gol ni a Paraguay.
Y bueno… pero ganamos 6 a 1.

jueves, 3 de mayo de 2018

Vos también estabas verde

I.






No sabe uno qué elegir, qué hacer. Es que Poesía es tan distinta a la realidad, tan luz ambulante, tan personal, y Yo soy tan demente, tan insano, tan surrealista, que no quiero dejar ese dulce pensamiento personalmente adictivo, ese pensarla pensándome pensarle pensarla pensarme –y se enrolla…- no puedo evitar esas ganas de mirarla mirándome mirarla y reírnos (reírnos reírnos reírnos) como un par de locos caminando por la calle para llegar a ningún lugar y sentarnos en un viejo recuerdo de alguna vida pasada mientras nos estudiamos como si fuéramos algo más nuevo que el amanecer del primer día, como si no hubiera ayer (que no lo hubo), como si en el puente que se forma entre sus ojos y los míos estuviera el secreto de algo eterno. Me da miedo el pensarlo, me aterra mirarla, porque desnudo el alma, desentierro deseos, al ver esos ojos curiosos, y muero de pavor porque lo sepa al leerme, como el libro abierto que soy, a través de mis pupilas, al final no tan lejanas como aparentaban. Y aún así, necesito ese camino, ese puente, esa brecha que se abre a la verdadera realidad, necesito observar ese lago negro, desprender esa figurita del álbum y pegarla en la ropa, en el pecho, en la mente, escuchar esa música alegre de sus labios… Es que Libertad es tan loca y yo tan tonto, que no puedo evitar querer perderme en ese dulce momento que fue conocerla, en sonreír al caminar.






No sabe uno qué elegir, viajó hasta la costa para ver el mar, pero sabe que el agua está fría…
si vas hacia el mar al amanecer, quizás extrañes a la pared…












Aunque, quizás, sólo hasta el chapuzón…no sabe uno si tirarse o volverse al auto, pero la brisa le acerca el aroma deseado, el aire salado y fresco de ese mar que soñó. Corro al encuentro, me tiro, me dejo llevar, sabiendo que puedo ahogarme, pero no importa, el agua ahora está tibia, y la corriente, fuerte, trae recuerdos de juventud. Las olas enormes vienen y van, tranquilo, me dejo llevar, alguna a la costa se va a acercar… ¿No ves que soñamos este encuentro? No seas cruel, si no me llevas a la arena de vuelta me voy a ahogar, estoy demasiado hondo, ya no hago pie en tu mar.






II.

Pero mi corazón no es ciego, dijiste. También recuerdo algún que otro par de frases, una casi como freno de mano cuando te dije que quería ser libre como un pájaro, tu “no todos los pájaros son libres” como un piedrazo entre las alas, un golpe del que nunca me repondré del todo. Aprendizaje, la absurda justificación para los dolores. Cosas tan tristes que uno escucha como de refilón, sin querer, y que te rompen el alma, el corazón, que no es ciego, ciertamente no es ciego, pero vaya uno a saber con qué ojos mira ese estúpido músculo, que nunca descansa, bombeando y bombeando sangre, por las calles, por los ríos de cemento, mientras los verdaderos ojos, no estos dibujados en la cara, se muestran grises, e incapaces tratan de penetrar en la niebla del futuro, en la bruma de otros ojos que no están, que no están porque no existen. No sé, viste como van las cosas del delirio a la acción, ahora hay que parar un poco de volar por ahí, porque hay que cruzar la calle y los autos si uno no está atento serán como esa piedrita mental que me arrojaste aquella vez. Rodeado de cadenas, todo lo que veo con el alma son cadenas, y es tan triste, tan azul. Aunque no quieran, aunque no sea esa su finalidad primordial, todo lo que nos rodea nos ata y nos une, y hay que sentarse a pensar realmente el significado, el valor, positivo-negativo, blanco-negro, bueno-malo, de algo que te ate y te una a otro algo, las fibras del hilo, el trabajo, los estudios, los amigos, la familia, el amor, el propio cuerpo, estas manos, los ojos, el cerebro detrás de los ojos. Sacando de foco todo lo bueno entre comillas que, desde luego, posee como propiedad inherente todo lo que nos envuelve, el ambiente sobre el que nos desempeñamos, quitando hipotéticamente de la luz aquello, trayendo a plano el lado B, también cada factor que nos influencia (usando el término influencia por no encontrar otro que abarque a pleno lo que intentamos decir, ya sabemos de las limitaciones del lenguaje, etcétera) tiene algunos tintes de opresión, de eslabones invisibles que no se pueden romper. No se pueden, cómo podrías desprenderte de tus pensamientos, ya el primer anillito de duro metal, cómo negar la propia realidad, pañuelo pintado frente a tu nariz, y la propia interpretación del pañuelo, los dedos penetrando el velo. Cómo podrías. Preso, esclavo de la carne y de los intangibles, del entorno. Otra vez deseando la libertad del loco, unos cigarrillos por favor, si, marlboro box, ¿diez? Acá tenés, gracias.








III.

¿Ves esos cables en el cielo?
Provocan la sensación de contraste
entre la risa y la tormenta,
ese estar perdidos y completos
llenos en esa perdición, en ese caos,
en la gran inmensidad
de la particula de polvo en el saco del marino
que pasa caminando,
de la pluma
que se posa entre ladrillos.

¡Vaya paradoja!,
navegando por cielos
soñando entre estrellas
olvidando cada vez más, el ego
y al tiempo cada vez más yo...
más plástico, maleable,
sensible a las fluctuaciones de lo etéreo
sin lugar dónde asirse,
dejándose caer
amando ese momento
donde no hay momento
ni espejo donde buscar
esa imagen que se parezca
o defina por contraste
en ese lugar donde se es algo
sin nombre ni palabra, siquiera sin letras,
se es completo Ω.










IV.

El fuego en las manos, la inspiración, el humo en los pulmones, rellenando, saliendo, perdiéndose en el aire, ese ritual. Un cable a tierra, entrevisiones. El miedo, el no instinto, ya ves cómo no me lancé a los automóviles, ya ves cómo me zurzo al tabaco y la nicotina penetrándome. Qué jodido, eh. No sé distinguir siquiera la piedra golpeando las plumas. Ah, aire, en todas partes, sin ataduras. Mientras tanto acá yo, acá nosotros, cada uno en su pecera, incapaces de conectar, porque desde el momento en que una palabra brota de los labios ya está sujeta a modificaciones del ambiente, inclusive el hecho de salir de la caverna donde se esconde mi lengua ya la deforma y la corrompe, eso no es lo que quiero decir, créeme que no lo es. A veces pienso que nadie se comunica del todo con nadie, nunca se puede transmitir el verdadero pensamiento y esto que estoy pensando en este momento no es lo que estoy pensando realmente pero es lo mejor que puedo expresarlo, ¿se entiende? Si no se entiende no importa. Estamos como envueltos en pequeñas cárceles, enquistados dentro de masas de carne, de harina podrida. Vamos viejo, en qué te diferenciás con el loco, estás en el borde del precipicio ya. Alguien que me empuje por favor, que me dé la ñata de bruces contra el suelo, que me saque de este laberinto, de este puto laberinto construido por un retorcido remedo de Dédalo. A veces me asalta un deseo de trágico final estilo minotauro, de rodillas pidiendo por favor Teseo sácame de esta miseria. O un poco como Ícaro, viajando hacia el sol. ¿No ves, querido Dédalo? Todo lo que tocás se quema, ¿Por qué razón entonces me encerrás en mi propia mente? Déjame ir, déjame volar o al menos, déjame vendar al tirano núcleo de mi cuerpo para no mirar, para liberarme de mí mismo. Quiero dormir.




































































Ω - completamente 
una ligera cadena
que no ata
que une vacío, nada
donde todos los eslabones 
se conectan entre sí,
escapando a la lógica,
maravillosos rizomas
de algo 
sin fin.