Tremendo estar de pie
tanto tiempo
en la frontera
seguro, valiente y arrogante
como todos los hombres
su corazón era un árbol
y sus manos la magia
y su sonrisa la frescura
del otoño
de pie
siempre
en la frontera
era como la tarde
entrando por la puerta del fondo
era la sangre de la parra
que plantó cuando retoño
era la luz del patio
eran las uvas blancas
en la pelopincho, bajo su sombra
era más viejo que los helechos
y más niño que un ciempiés
era la tranquilidad de la noche
y el compañero de las chicharras
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