miércoles, 2 de septiembre de 2020

A un parral





Tremendo estar de pie

tanto tiempo

en la frontera


seguro, valiente y arrogante

como todos los hombres


su corazón era un árbol

y sus manos la magia

y su sonrisa la frescura

del otoño

de pie

siempre

en la frontera


era como la tarde

entrando por la puerta del fondo

era la sangre de la parra

que plantó cuando retoño


era la luz del patio

eran las uvas blancas

en la pelopincho, bajo su sombra


era más viejo que los helechos

y más niño que un ciempiés

era la tranquilidad de la noche

y el compañero de las chicharras

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